martes, 23 de junio de 2026

La perra ha vuelto.

¡Toca para ir a la lista de caps!
¡Hola, flor! Antes de que empieces el cap, de nuevo, quería robarte un momentito para agradecer la paciencia que has demostrado a lo largo de los últimos meses… que se han convertido en un año y medio. Pero al fin puedo darte la noticia que llevaba tanto tiempo ansiando darte, y por la que he sacrificado tantas cosas (entre ellas, la novela):
¡HE CONSEGUIDO SACAR MI PLAZA!

Aun a riesgo de que suene a tópico, la verdad es que no ha sido un camino de rosas, y todavía me parece un poco surrealista y mentira que por fin pueda decir eso después de tanto tiempo preparando. Han sido casi dos años dedicados exclusivamente a la plaza que yo quería; cinco en total de la oposición, todos ellos compatibilizándolos con escribir Sabrae, primero de forma más intensa que en esta última etapa. Aún siento las tardes raras sin tener que estudiar, y tengo una sensación extraña de raro agobio y vacío que espero poder llenar con la novela más pronto que tarde. Por eso me alegra anunciarte que pronto volveré al calendario más usual de escribir, no sólo por todo lo que tengo que contar y el tiempo que me llevaría hacerlo si sigo en este plan (décadas, posiblemente, xd) sino también porque me encanta reencontrarme con los personajes. Confieso que ahora se me está haciendo un poco complicado por el cansancio de haber estudiado tanto y la falta de costumbre, por lo que te pido de nuevo paciencia y comprensión. Eso sí, ya no te pido tanta paciencia como te he pedido hasta ahora.
Muchísimas gracias por seguir ahí, por seguir apareciendo y animándome a seguir escribiendo. En estos días en los que lo que más me apetece es quedarme sentada en el sofá después de echar mis partidas de rigor al Forni, saber que Sabrae y Alec están ansiosos por seguir su historia de amor y que hay alguien dispuesto a leerla son la motivación que necesito para vencer a la pereza y a las ganas de consentirme.
Dicho lo cual, no me extiendo más. ¡Disfruta del cap! Nos vemos muy, muy pronto ᵔᵕᵔ
 

Mi cuerpo estaba volviendo a ser mío y a responder a mis exigencias, y eso era una llamita de esperanza a la que pretendía aferrarme cual dragoncito moribundo.
               Por lo menos me había quitado un peso de encima al confesarles a papá y mamá mis planes inmediatos, y aunque no habíamos vuelto a hablar del tema y en casa había silencios incómodos cuando me cruzaba con ellos, al menos podía fingir que eran los mismos silencios que me inundaban en la piscina cuando buceaba, como me había dicho Tam, cada día un poquito más profundo.
               Sabía que la esperanza era lo último que se perdía, pero yo cada vez estaba más perdida,  y lo único que me tranquilizaban eran el deporte y los ensayos. El cansancio acumulado de días tan acelerados que se solapaban unos con otros igual que los planes que hacía con mis amigas para no tener que comerme la cabeza en los ratos muertos hacía que por las noches me derrumbara en la cama, de modo que me libraba también del insomnio con el que mi cabeza aprovechaba para volverse en mi contra.
               Y mi dominio de la respiración… no pensé que pudiera evolucionar tanto en tan poco tiempo ahora que sabía exactamente qué era lo que tenía que hacer, y todo gracias al experto consejo de Tam. Era despiadada conmigo, pero al ver que yo no me achantaba con sus indicaciones y que ponía todo mi esfuerzo en seguirle el ritmo, había empezado a respetarme aún más y había empezado a pedir ayuda en la Royal. Tam no entendía de entonaciones ni de ejercicios de respiración, pero no dudaba en pedir auxilio por mí.
               -Ni siquiera sé cómo voy a agradecértelo-le dije cuando se ofreció a concertar una cita con una de las profesoras de canto de la Royal, de la misma edad que Eri y con debilidad por mi familia. Puede que les hubiera dicho a mis padres que no quería aprovecharme de su apellido para forjarme una carrera, pero vaya que si lo utilizaría si eso me garantizaba los mejores consejos y partir con una ventaja que estaba convencida de que necesitaba.
               Tam sólo me había dado un suave empujoncito juguetón con el hombro.
               -Quedando primera. Así habrá alguien que pueda callarle la boca a Alec cuando empiece a rebuznar sobre que él es el que más premios tiene del grupo.
               Aquello tampoco era muy exacto; primero, porque Alec no había dicho eso nunca, o al menos no en mi presencia, que se había vuelto indispensable en cada reunión con sus amigos; y segundo, porque Scott ya tenía más premios que mi novio, aunque sólo fuera por las votaciones de fans a quién era el Buenorro del Verano (ugh) o la Estrella En Ciernes Más Prometedora (eso podía comprárselo, pero había hecho que Scott estuviera intratable tres días seguidos el julio pasado… suerte que yo estaba demasiado ocupada retozando en las sábanas de Alec como para haberlo aguantado).
               Las grabaciones con los ensayos que analizaba minuciosamente en cada momento libre demostraban una mejoría contra la que no podía ser cautelosa, y eran el motivo por el que todavía podía sonreír. Eso, y mis amigas, que se estaban volcando en consolarme cuando notaban que me volvía la tristeza, sacándome de casa cuando me sentía encerrada o dándome mimos cuando no podían hacer otra cosa.
               ¡Ah! Y animándome cuando lo hacía bien, lo cual estaba siendo cada vez más a menudo, gracias a Dios.

sábado, 23 de mayo de 2026

Eri, es 23. ¿Qué hay de Sabrae?

¡Hola, flor! Como ya habrás visto, he estado bastante ausente de redes estas ultimas semanas. Ello se debe a que el martes pasado tuve el tercer ejercicio de mi oposición, lo que me llevó a renunciar a descansar el fin de semana pasado y a otros sacrificios semejantes a los que me tienen acostumbrada estos últimos meses. Entre esos sacrificios está, como bien sabes, el subir capítulos con la periodicidad de siempre.

A pesar de que tuve el examen hace unos días y realmente he tenido tiempo para escribir, el esfuerzo de las últimas semanas, sumado al momento en el que nos encontramos con la novela, me aconseja que me tome un pequeño descanso para descansar, reponer fuerzas, y volver a escribir con la tranquilidad y la inspiración de siempre. Debo admitir que tanto estudio me ha pasado factura, y no quiero que Sabrae lo pague precisamente en un momento tan trascendental. Por eso, he decidido tomarme unos mas que merecidos diítas libres para recargar pilas; después de todo, ¡Saab y yo vamos a embarcarnos en una aventura inmensa, y debemos prepararnos!

Por ello, y salvo que me pique el gusanillo antes (tengo muchas notas nuevas que ordenar, mi tarea mas tediosa), te pido paciencia hasta el siguiente 23, en el que ya espero estar descansada del todo, un poco mas morena y un poco en mejor forma, para volver a esta divertidísima pero exigente maratón que es escribir.
¡Gracias por tu paciencia, y nos vemos el mes que viene, salvo novedades!



jueves, 23 de abril de 2026

Perseguir el subidón.

¡Hola, flor! Antes de que empieces el cap, y como ya es, o siempre ha sido costumbre, quería pararme un momentito para darte las gracias. Gracias, porque, como sabes, hoy no es un día 23 cualquiera, ni éste es un capítulo cualquiera. Llevamos ya tanto tiempo celebrando el cumpleaños de Scott y el aniversario de Sabrae que no recuerdo mi vida antes de comprometer todos mis días 23 con esta historia, al igual que los días en que no escribía y sólo leía, que es a lo que me estoy dedicando casi siempre últimamente, están tan difuminados en el tiempo y en mi memoria que parecen de una vida que no me pertenece.
Confieso que he tenido que buscar en el capítulo del año pasado para ver si había escrito algo o simplemente había dejado una nota hablando del examen que tenía a los 3 días, y que me fue tan bien que terminé sacando la plaza para la que me examinaba (¡ᵔᵕᵔ!). Como llevo ya dos años comprometiendo mi vida, mi tiempo libre y también la novela a la oposición en la que estoy ahora, y viendo que me dio tan buen resultado el respetar el 23 de abril como el día más importante del año, no podía dejar de subir aunque fuera un capítulo cortito para celebrar un momento tan especial.
Siempre hablo de ello y sé que puedo resultar repetitiva, pero no deja de asombrarme cada vez que echo la vista atrás y me encuentro con todo el tiempo que ha pasado (y lo que han cambiado las cosas) desde aquella vez, que ya ni siquiera puedo localizar en Twitter, en la que teoricé con la posibilidad de escribir esa “pequeña” historia que el personaje más carismático de Chasing the stars tanto se merecía. Recuerdo, también, que hace más de 6 años, cuando sólo llevaba dos con la novela, una amiga que también escribía (y con más repercusión que yo) me preguntaba lo que me quedaba, dado el tiempo que llevaba con ella. Y cómo se sorprendía cuando le decía que otros dos años, pues todavía no había llegado a la mitad.
Quiero pensar que ya he superado la mitad de la novela, o que por lo menos no voy a estar otros nueve años escribiéndola, aunque sólo sea por el vértigo que me produce seguir con esta rutina que también me reporta ciertos sacrificios. No obstante, eso no quiere decir que esté lista para decir adiós a estos personajes, ¡ni muchísimo menos! Más bien al contrario; aunque me he acostumbrado ya a los findes libres (y no sé yo cómo llevaré eso de tener que volver a la rutina de los caps semanales, aunque será mucho mejor para la narración y la lógica de la historia), confieso que, como dije hace un año, ahora que no me presiono tanto con ellos me asaltan más veces en mis momentos de tranquilidad. Quizá nuestros caminos estén un poco separados ahora mismo, pero ni Sabrae ni Alec han dejado de ser en ningún momento ese espacio seguro que llevan tantísimo tiempo siendo. Me acompañan desde más tiempo que bastantes amigos que tengo, de forma que, en cierto sentido, para mí son más de verdad que relaciones que terminaron hace años; por eso, aunque me suponga un esfuerzo y en ocasiones tenga que luchar contra una pereza traicionera que sólo quiere desconectar después de tanto estudiar, me obligo a no renunciar a ellos y a seguir aquí, mes tras mes.
Por supuesto, eso no sería posible sin el apoyo de mi incondicional, mi querida amiga Paula, que me lleva acompañando en este trayecto más tiempo del que tiene la historia. Saber que hay alguien que continúa esperando por los capítulos, leyéndolos religiosamente y comentándolos más religiosamente aún, es el empujón que me hace falta en ocasiones para terminar de superar a la pereza. Por eso, Paula, me gustaría dedicarte este capítulo; puede que no esté a la altura del cliffhanger del anterior… pero prometo que lo he hecho con el mismo cariño que lleva llenándome todos los días 23 desde hace nueve años.
No me extiendo más, que querrás continuar con la trama y yo siempre me pongo excesivamente sentimental. Gracias, gracias, ¡gracias!, por acompañarme todos estos años, o por haber llegado más tarde, o por haberte ido un poco antes. Cada par de ojos que se posa sobre mi historia es aliento que me impulsa a seguir con esto, a disfrutar de lo que hago incluso cuando se me olvida que lo disfruto mientras estoy sentada en el sofá viendo la vida pasar, o perdiendo el tempo en Twitter.
Y a Alec y Sabrae… a Sabrae y Alec… gracias por todo lo que he aprendido con vosotros, por los retos, por el esfuerzo, por las sonrisas cuando aparece el número 23, por el sentimiento de protección casi maternal que siento hacia vosotros, y por hacerme estar segura de cuál sería el nombre que les pondría a mis hijos si quisiera tenerlos algún día. Sólo espero que con mis dedos se haga un poco más verdad el universo en el que existís, y al que yo tengo el inmensísimo privilegio de asistir en primera persona.
Y ahora, sin más preámbulo… ¡feliz cumpleaños de Scott, feliz noveno aniversario de Sabrae, feliz Día del Libro y que disfrutes del cap!

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