¡Hola, flor! Antes de que empieces el cap, y como ya es, o siempre ha
sido costumbre, quería pararme un momentito para darte las gracias. Gracias, porque, como sabes, hoy no es un
día 23 cualquiera, ni éste es un capítulo cualquiera. Llevamos ya tanto tiempo
celebrando el cumpleaños de Scott y el aniversario de Sabrae que no recuerdo mi vida antes de comprometer todos mis días
23 con esta historia, al igual que los días en que no escribía y sólo leía, que
es a lo que me estoy dedicando casi siempre últimamente, están tan difuminados
en el tiempo y en mi memoria que parecen de una vida que no me pertenece.
Confieso que he tenido que buscar en el capítulo del año pasado para ver si había escrito algo o simplemente había dejado una nota hablando del examen que tenía a los 3 días, y que me fue tan bien que terminé sacando la plaza para la que me examinaba (¡ᵔᵕᵔ!). Como llevo ya dos años comprometiendo mi vida, mi tiempo libre y también la novela a la oposición en la que estoy ahora, y viendo que me dio tan buen resultado el respetar el 23 de abril como el día más importante del año, no podía dejar de subir aunque fuera un capítulo cortito para celebrar un momento tan especial.
Siempre hablo de ello y sé que puedo resultar repetitiva, pero no deja de asombrarme cada vez que echo la vista atrás y me encuentro con todo el tiempo que ha pasado (y lo que han cambiado las cosas) desde aquella vez, que ya ni siquiera puedo localizar en Twitter, en la que teoricé con la posibilidad de escribir esa “pequeña” historia que el personaje más carismático de Chasing the stars tanto se merecía. Recuerdo, también, que hace más de 6 años, cuando sólo llevaba dos con la novela, una amiga que también escribía (y con más repercusión que yo) me preguntaba lo que me quedaba, dado el tiempo que llevaba con ella. Y cómo se sorprendía cuando le decía que otros dos años, pues todavía no había llegado a la mitad.
Quiero pensar que ya he superado la mitad de la novela, o que por lo menos no voy a estar otros nueve años escribiéndola, aunque sólo sea por el vértigo que me produce seguir con esta rutina que también me reporta ciertos sacrificios. No obstante, eso no quiere decir que esté lista para decir adiós a estos personajes, ¡ni muchísimo menos! Más bien al contrario; aunque me he acostumbrado ya a los findes libres (y no sé yo cómo llevaré eso de tener que volver a la rutina de los caps semanales, aunque será mucho mejor para la narración y la lógica de la historia), confieso que, como dije hace un año, ahora que no me presiono tanto con ellos me asaltan más veces en mis momentos de tranquilidad. Quizá nuestros caminos estén un poco separados ahora mismo, pero ni Sabrae ni Alec han dejado de ser en ningún momento ese espacio seguro que llevan tantísimo tiempo siendo. Me acompañan desde más tiempo que bastantes amigos que tengo, de forma que, en cierto sentido, para mí son más de verdad que relaciones que terminaron hace años; por eso, aunque me suponga un esfuerzo y en ocasiones tenga que luchar contra una pereza traicionera que sólo quiere desconectar después de tanto estudiar, me obligo a no renunciar a ellos y a seguir aquí, mes tras mes.
Por supuesto, eso no sería posible sin el apoyo de mi incondicional, mi querida amiga Paula, que me lleva acompañando en este trayecto más tiempo del que tiene la historia. Saber que hay alguien que continúa esperando por los capítulos, leyéndolos religiosamente y comentándolos más religiosamente aún, es el empujón que me hace falta en ocasiones para terminar de superar a la pereza. Por eso, Paula, me gustaría dedicarte este capítulo; puede que no esté a la altura del cliffhanger del anterior… pero prometo que lo he hecho con el mismo cariño que lleva llenándome todos los días 23 desde hace nueve años.
No me extiendo más, que querrás continuar con la trama y yo siempre me pongo excesivamente sentimental. Gracias, gracias, ¡gracias!, por acompañarme todos estos años, o por haber llegado más tarde, o por haberte ido un poco antes. Cada par de ojos que se posa sobre mi historia es aliento que me impulsa a seguir con esto, a disfrutar de lo que hago incluso cuando se me olvida que lo disfruto mientras estoy sentada en el sofá viendo la vida pasar, o perdiendo el tempo en Twitter.
Y a Alec y Sabrae… a Sabrae y Alec… gracias por todo lo que he aprendido con vosotros, por los retos, por el esfuerzo, por las sonrisas cuando aparece el número 23, por el sentimiento de protección casi maternal que siento hacia vosotros, y por hacerme estar segura de cuál sería el nombre que les pondría a mis hijos si quisiera tenerlos algún día. Sólo espero que con mis dedos se haga un poco más verdad el universo en el que existís, y al que yo tengo el inmensísimo privilegio de asistir en primera persona.
Y ahora, sin más preámbulo… ¡feliz cumpleaños de Scott, feliz noveno aniversario de Sabrae, feliz Día del Libro y que disfrutes del cap! ❤
Confieso que he tenido que buscar en el capítulo del año pasado para ver si había escrito algo o simplemente había dejado una nota hablando del examen que tenía a los 3 días, y que me fue tan bien que terminé sacando la plaza para la que me examinaba (¡ᵔᵕᵔ!). Como llevo ya dos años comprometiendo mi vida, mi tiempo libre y también la novela a la oposición en la que estoy ahora, y viendo que me dio tan buen resultado el respetar el 23 de abril como el día más importante del año, no podía dejar de subir aunque fuera un capítulo cortito para celebrar un momento tan especial.
Siempre hablo de ello y sé que puedo resultar repetitiva, pero no deja de asombrarme cada vez que echo la vista atrás y me encuentro con todo el tiempo que ha pasado (y lo que han cambiado las cosas) desde aquella vez, que ya ni siquiera puedo localizar en Twitter, en la que teoricé con la posibilidad de escribir esa “pequeña” historia que el personaje más carismático de Chasing the stars tanto se merecía. Recuerdo, también, que hace más de 6 años, cuando sólo llevaba dos con la novela, una amiga que también escribía (y con más repercusión que yo) me preguntaba lo que me quedaba, dado el tiempo que llevaba con ella. Y cómo se sorprendía cuando le decía que otros dos años, pues todavía no había llegado a la mitad.
Quiero pensar que ya he superado la mitad de la novela, o que por lo menos no voy a estar otros nueve años escribiéndola, aunque sólo sea por el vértigo que me produce seguir con esta rutina que también me reporta ciertos sacrificios. No obstante, eso no quiere decir que esté lista para decir adiós a estos personajes, ¡ni muchísimo menos! Más bien al contrario; aunque me he acostumbrado ya a los findes libres (y no sé yo cómo llevaré eso de tener que volver a la rutina de los caps semanales, aunque será mucho mejor para la narración y la lógica de la historia), confieso que, como dije hace un año, ahora que no me presiono tanto con ellos me asaltan más veces en mis momentos de tranquilidad. Quizá nuestros caminos estén un poco separados ahora mismo, pero ni Sabrae ni Alec han dejado de ser en ningún momento ese espacio seguro que llevan tantísimo tiempo siendo. Me acompañan desde más tiempo que bastantes amigos que tengo, de forma que, en cierto sentido, para mí son más de verdad que relaciones que terminaron hace años; por eso, aunque me suponga un esfuerzo y en ocasiones tenga que luchar contra una pereza traicionera que sólo quiere desconectar después de tanto estudiar, me obligo a no renunciar a ellos y a seguir aquí, mes tras mes.
Por supuesto, eso no sería posible sin el apoyo de mi incondicional, mi querida amiga Paula, que me lleva acompañando en este trayecto más tiempo del que tiene la historia. Saber que hay alguien que continúa esperando por los capítulos, leyéndolos religiosamente y comentándolos más religiosamente aún, es el empujón que me hace falta en ocasiones para terminar de superar a la pereza. Por eso, Paula, me gustaría dedicarte este capítulo; puede que no esté a la altura del cliffhanger del anterior… pero prometo que lo he hecho con el mismo cariño que lleva llenándome todos los días 23 desde hace nueve años.
No me extiendo más, que querrás continuar con la trama y yo siempre me pongo excesivamente sentimental. Gracias, gracias, ¡gracias!, por acompañarme todos estos años, o por haber llegado más tarde, o por haberte ido un poco antes. Cada par de ojos que se posa sobre mi historia es aliento que me impulsa a seguir con esto, a disfrutar de lo que hago incluso cuando se me olvida que lo disfruto mientras estoy sentada en el sofá viendo la vida pasar, o perdiendo el tempo en Twitter.
Y a Alec y Sabrae… a Sabrae y Alec… gracias por todo lo que he aprendido con vosotros, por los retos, por el esfuerzo, por las sonrisas cuando aparece el número 23, por el sentimiento de protección casi maternal que siento hacia vosotros, y por hacerme estar segura de cuál sería el nombre que les pondría a mis hijos si quisiera tenerlos algún día. Sólo espero que con mis dedos se haga un poco más verdad el universo en el que existís, y al que yo tengo el inmensísimo privilegio de asistir en primera persona.
Y ahora, sin más preámbulo… ¡feliz cumpleaños de Scott, feliz noveno aniversario de Sabrae, feliz Día del Libro y que disfrutes del cap! ❤
