martes, 28 de febrero de 2017

Somos la única profesión que celebra lo que significa estar vivos.


Gracias a la academia. Hay un lugar en el que toda la gente con mayor potencial se reúne, un lugar, y ése es el cementerio. La gente me pregunta todo el tiempo, “¿Qué tipo de historias quieres contar, Viola?” y yo digo “exhuma esos cuerpos, exhuma esos cuerpos, exhuma esas historias, las historias de la gente que soñó, que soñó a lo grande, y nunca vio esos sueños convertirse en realidad. La gente que se enamoró y perdió”. Me convertí en artista, y gracias a Dios que lo hice, porque somos la única profesión que celebra lo que significa estar vivo. Esto es para August Wilson, que exhumó y ensalzó a la gente normal. Y para Brown Pictures, Paramount, Macro, Todd Black, Molly Allen, por ser las animadoras de una película que va sobre personas. Y palabras. Y vida, y perdón, y gracilidad. Y para Michael T. Williamson, Stephen McKinley Henderson, por ser los artistas más maravillosos con los que he trabajado nunca.
Y oh, capitán, mi capitán, Denzel Washington. Gracias por poner a esas dos entidades en el asiento del conductor: August y Dios. Y te sirvieron bien. Y para Dan y Mari Alice Davis, que han sido y serán el centro de mi universo, la gente que me enseñó lo que estaba bien  lo que estaba mal, a perder, a amar, a sostener un premio, a perder. A mis padres; estoy muy agradecida de que Dios os eligiera a vosotros para traerme a este mundo. A mis hermanas, a mi hermana Dolores, éramos mujeres blancas en las fiestas del té. Gracias por tu imaginación. Y a mi marido y mi hija. Mi corazón, tú y Génesis. Vosotros me enseñáis cómo vivir cada día, cómo amar, y me alegra tanto que seáis los cimientos de mi vida. Gracias a la Academia. Gracias.

sábado, 25 de febrero de 2017

Tu mitad.

¡Muchísimas, muchísimas, muchísimas gracias por hacer que un capítulo llegara otra vez a los 100 comentarios! Me alegro un montón de que disfrutarais con él. Y,  como lo prometido es deuda, aquí tenéis la sorpresa de Sabrae:
Y, bueno, la portada no es sólo la sorpresa. Para celebrar cierto acontecimiento súper importante, tendréis disponible el primer capítulo de su historia en:



¡Exacto! El 23 de abril empezaré a subir los capítulos; si quieres que te avise por Twitter, no tienes más que dar fav a este tweet:
Y, sin más dilación, os dejo para que disfrutéis de lo novios que son Scott y Tommy.

-Podrías ayudarme, o algo. No sé. Vamos, digo yo. No va a ser todo comer-bufé, después de que Scott me quitara, literalmente, de las manos, el último donut que había hecho. Ni siquiera me dejó ponerle algo de adorno, y le dio absolutamente igual que le dijera que era para mí, que yo me lo merecía más.
               Sólo se encogió de hombros, sonrió, le dio otro mordisco e hizo un gesto con la mano para que continuara con mis tareas.
               -Es que me gusta ver cómo sacudes ese culo de Tomlinson que te ha dado la madre naturaleza mientras bates los huevos.
               Me volví y lo miré.
               -¿Es que mi hermana no te saca suficiente brillo, que también me necesitas a mí?
               -¿Qué puedo decir, T? Me va el vicio, aunque Eleanor, precisamente, una santita, no es que…
               -¡Vale!-alcé las manos-. ¡Quieto ahí! ¡Las coñas con mi hermana, de momento, sólo las hago yo! ¿Está claro? ¿Podrás vivir sin fanfarronear?
               -¿Podrás vivir sin conocer mi apasionante vida sexual, Thomas?
               -Creo que resistiré. Pero ahora en serio, S, ¿cómo se te ocurre liarte con mi hermana? ¿No te das cuenta de que ahora no vamos a poder hablar de sexo tranquilamente, porque tú siempre vas a terminar sacándola a reducir? Al final, sería como si me la estuviera tirando yo.
               -Podemos llamarla Trixie.
               Nos miramos un segundo.
               -No vamos a llamarla Trixie-dijimos a la vez. Porque los dos sabíamos adónde nos llevaría eso. La razón de que Trixie hubiera encajado bien en la excusa de por qué no quería Scott decirnos con quién estaba, era que era amiga de Megan, alias el demonio personificado. Y que Scott se sintiera atraído por alguna de las cabronas que acompañaban a la víbora de mi ex era algo tan sacrílego como increíble.
               Trixie estaba demasiado cerca de Megan, y por mucho que yo quisiera a Lay o a Didi, los recuerdos siempre iban a estar ahí, demasiado recientes aún. Le había entregado demasiadas cosas a Megan como para fingir que no era importante para mí.
               Lo único que tenía que hacer era darles más cosas a Diana y Layla para que ellas la superaran. Y entonces, todo se acabaría.
               -O podríamos no hablar de sexo-musitó, encogiéndose de hombros.
               -Eres Scott Malik-protesté.
               -Puedo hablar de un montón de cosas que no tengan que ver con el sexo.
               -¿En serio? Dime dos.
               Scott miró hacia el techo.

martes, 14 de febrero de 2017

Mi inglés.

No sé cuánto tiempo llevo en el baño, pero es mucho menos del que necesito y bastante más del que debería haber utilizado ya.
               Voy a hacer que Keira llegue tarde a clase. Yo tengo prácticas hoy, pero no sé si conseguiré ir.
               ¿Es que nunca va a dejarme tranquila?
               ¿Jamás voy a poder descansar?
               Keira ya se ha puesto las botas, lleva paseando de un lado a otro por casa cerca de 15 minutos, pensando en qué hacer a continuación. No me presiona desde que le conté lo que me pasó, y quiero pensar que no es por miedo, sino porque sabe que necesito espacio.
               Mucho espacio.
               Todo el espacio que ella pueda darme.
               Finalmente, llama a la puerta con los nudillos, tan suave que yo no la oigo debido al rumor del agua. Aún no he cerrado el grifo.
               -¿Layla? Lay, tengo que entrar a lavarme los dientes, voy a…
               Se queda helada, tiesa, con la espalda recta y los ojos abiertos como platos. Es como un búho rubio.
               Y, cuando yo la miro y ve la oscuridad en mis ojos, el vacío en ellos, reacciona.
               -¿Qué te pasa?-inquiere, cayendo hacia mí y olvidándose de su bolso, en el que lleva un ordenador más caro que tres mensualidades del alquiler de la última casa en la que estuvo, antes de venirse a vivir conmigo. Creo que, de la mía, serían dos.
               Pero, claro, ahora ya no pago alquiler.
               Mi casa ardió. Con el cadáver de mi novio muerto.
               Cierro los ojos y me inclino hacia el otro lado, sigo frotándome las piernas. Tengo los muslos en carne viva, no sabría decir cuánto tiempo llevo lavándome sin terminar de hacerlo de verdad. Lo único que estoy haciendo realmente es torturarme.
               -¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal? ¿Qué es? ¿Llamo a una ambulancia?
               -Estoy sucia-le digo, como si no viera la bañera mediada de agua con un ligero tono a tierra. Me coge las manos, intenta quitarme la esponja-. ¡No! ¡Déjame! ¡Tengo que limpiarme!-grito, y me echo a llorar. Me acaricia la cara y pega su frente a la mía.
               -¿Qué es? ¿Es él?-dice con un hilo de voz, como si fuéramos a despertarlo. No podemos despertarlo; está muerto. Yo misma le eché un puñado de tierra encima mientras se caía.
               Está muerto, y sigue viviendo en mí. Keira me limpia las lágrimas, me sostiene la cara entre sus manos.
               -Puedes contármelo, mi vida-me dice, me acaricia el pelo, me aparta mechones de la cara-. Voy a cuidar de ti.
               Niego con la cabeza, es tan horrible que no puedo decirlo en voz alta.
               -¿Quieres que llame a Tommy?
               -No le molestes-le pido, pero ella ya se está levantando, se escapa entre mis dedos, no me deja retenerla-. Keira, por favor, no le molestes, debe de estar en clase.
               Ella corre a mi habitación, abre la puerta, y se lanza derecha hacia mi mesilla de noche. Coge el teléfono y me lo trae. Lo desbloquea con manos temblorosas. Busca su nombre y, finalmente, toca sobre él.
               -Deja a Tommy-le suplico. Me da muchísima vergüenza hablar con él. No se merece esto, bastantes problemas ha tenido ya como para que ahora vaya yo y… y… le diga… Dios, no puede ser. Por favor. No.
               Keira se aparta el pelo de la cara, pasea por el baño, me mira, y vuelve a pasear. Se muerde el pulgar, cierra los ojos, murmura una súplica, y finalmente da un pequeño brinco.
               -¿Tommy?-una contestación al otro lado de la línea-. Soy Keira. ¿Puedes venir? Layla…
               -No le digas que estoy mal-pido.
               -… está mal-dice-. Te necesita-me mira a los ojos-. Sí, está despierta. ¿Quieres que…?-invita, y yo extiendo la mano. No espera a que él conteste. Me tiende el teléfono y se queda quieta, de pie, con las piernas muy juntas, la uña del pulgar en la boca.
               -Tommy-susurro, agotada.
               -Princesa-replica él-. ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?
               Niego con la cabeza, aunque él no puede verme. Y, entonces, me echo a llorar.
               -Ahora mismo voy. No te muevas de donde estás-dice, y, a pesar de que no quiero apurarlo, le digo:
               -Date prisa.
               -Siempre, princesa-contesta, y cuelga. Ninguno de los dos piensa en que, en teoría, no puede venir, porque tiene clase. Yo sigo metida en la bañera, totalmente desnuda, con la estufa apagada y el agua corriendo, demasiado caliente como para que mi piel pueda soportarla. Keira se queda conmigo, no se separa de mí hasta que suena el timbre.
               Tommy debería tener llaves. Es más, sé que las tiene, pero siempre llama al timbre. Es una muestra de respeto hacia nosotras. Entra en el baño como un torbellino y me mira un segundo. Se acerca a mí, me acaricia la cara, me pone una mano en la mejilla y me pasa el pulgar por los labios.
               -¿Quieres convertirte en una sirenita?-pregunta, y yo le tengo que sonreír. No me puede pasar malo si él está cerca. Le sonríe a mi sonrisa. Tiene la sonrisa más bonita del mundo-. ¿Me dices qué es?