lunes, 29 de febrero de 2016

88th Oscars: Todos soñamos en dorado.




Muchas gracias a todos. Gracias a la Academia, gracias a todos los que estáis en esta sala. Tengo que darles la enhorabuena a los otros nominados de este año por sus increíbles actuaciones. El renacido ha sido el producto de esfuerzos incansables de un elenco y un equipo increíbles con el que he tenido el honor de trabajar. Para empezar, para mi hermano en esta cruzada, el señor Tom Hardy. Tom, tu talento en la pantalla sólo puede superarse por tu amistad tras ella. Al señor Alejandro Iñárritu; a medida que se escribe la historia de nuestro cine, tú te has hecho un hueco a codazos  en estos últimos dos años, ¡qué talento más increíble tienes! Gracias por crear una experiencia tan trascendental en el cine. Gracias a todos en Fox y New Regency… a mi equipo entero. Tengo que darles las gracias a todos desde los inicios de mi carrera: a quien me contrató en mi primera película, al señor Scorsese, por enseñarme tanto sobre el arte del cine, a Mike Ryon (¿), gracias por ayudarme a navegar por esta industria. A mis padres; nada de esto habría sido posible de no ser por vosotros. Y a mis amigos; os quiero con locura, vosotros sabéis quiénes sois.
Y finalmente, quiero decir esto: hacer El renacido trataba de la relación de un hombre con el mundo natural. Un mundo que sentimos todos nosotros en 2015 como el año más caluroso del que se tiene registro. Nuestra producción tuvo que ir al punto más sureño del planeta para poder encontrar nieve. El cambio climático es real, está pasando ahora mismo. Es la amenaza más urgente que nos amenaza como especie en conjunto, y debemos trabajar en equipo y dejar de dejarlo todo para última hora. Tenemos que apoyar a líderes alrededor del mundo que no hablan por las grandes contaminadoras, sino por toda la humanidad, por la gente indígena del planeta, por los miles de millones y miles de millones de personas sin privilegios que serán las más afectadas por todo esto. Por los hijos de nuestros hijos, y por esa gente de ahí fuera cuyas voces se han ahogado por las políticas de avaricia. No demos este planeta por sentado; yo no doy esta noche por sentada.
Muchísimas gracias.








¿Conoces la gloriosa sensación de estar presente en el momento en que se está escribiendo historia? Todo empieza con una intro preciosa, digna de una película, y no es para menos: esta noche, se celebra el cine. Y estamos invitados. Los nervios están a flor de piel; falta gente y también la hay de más, pero no importa. Sale Chris Rock, y por la manera de sonreír sabes que va a pelear. No en vano, lleva un traje blanco. Los Oscar, tan blancos.
El primer plano es para Leo, y se te para el corazón un segundo.
Mencionan a Meryl y a Robert De Niro, porque ninguno “baja el listón” para que el otro pueda alcanzarlo. Las categorías se deslizan sin ninguna prisa, deleitánodse en tenerte en vilo. Alguien, una chica Bond, critica a James Bond, y no puedes estar más de acuerdo.
Sacan a girl scouts a vender galletas, y te preguntas si esta gente irá a los premios sólo a comer. Probablemente sea así. Neil no dio comida el año pasado, al menos que tú recuerdes; problema suyo.
Se van dando premios; con algunos, no estás de acuerdo. Los brincos de Alicia Vikander al recibir su merecidísima recompensa no entran dentro de esa categoría (aunque, sí, no es secundaria, es principal). Andy Serkins sale a entregar el premio a mejores efectos visuales: ¿quién mejor que él? Compara a Donald Trump con Gollum, y tú te ofendes.
Pobre Gollum.
Aparecen C3PO, R2D2 Y BB-8, y un joven actor se pone en pie en su butaca porque no da crédito a sus ojos. También harán aparición Buzz Lightyear y Woody, pero ni rastro del “black bloke from Star Wars: Darth Vader”.

































La noche avanza, las sonrisas se reparten y la música corta los discursos demasiado pronto. Otras veces, la música es los discursos. Y el piano de Gaga no podría estar más afinado, la voz de Sam Smith no podría ser más melódica. Entonces, llega. Mejor actriz. Aplausos.
Mejor actor.
Alguien, en algún lugar, abre el libro de historia. Millones de personas pidiendo que Leo se lelve el premio. Se lo lleva; muere un meme, nace una leyenda.
Mejor director. Más aplausos. Iñárritu, que pronto montará un mercadillo de estatuillas en su calle, le dice a Leo que “él es The revenant”, de la misma manera que le dijo Alfonso Cuarón a Sandra Bullock “Sandra, tú eres Gravity”.
La última categoría. Mejor película.
Y te sorprenden, te sorprenden gratamente, porque una buena historia se impone a inmensos efectos especiales. A veces, la sencillez, te otorga un Oscar. Menos es más, o si no, que se lo digan a Spotlight.
Empieza a caer confeti, y los párpados empiezan a pesarte, aunque estás feliz. Has visto cómo se escribía historia, una historia que te ha gustado. Y te das cuenta de que es verdad, viendo la ilusión de los ganadores mientras sostienen las estatuillas en sus manos, y papelitos del mismo color surcan el cielo.

Todos soñamos en dorado.

sábado, 27 de febrero de 2016

Nevada en los pulmones.

Que no te engañen: todos, en algún momento, necesitamos ser débiles. Que alguien nos sostenga entre sus brazos y nos reconforte, y no es, necesariamente, exclusivamente cuando somos pequeños. En ocasiones, te das cuenta de que crecer significa, precisamente, el aceptar que hay veces en que eres un dragón, y otras una simple mariposa. A veces escupes fuego, y desgarras carne, y custodias castillos, y otras el viento te arrastra a su antojo, mientras tú sólo flotas, luchando por intentar estirar tu etérea existencia unos segundos cruciales más, que en ti son años, pues sólo has nacido para ver la Luna una vez.
Es perfectamente normal sentir un nudo en la garganta, encerrarte en un baño para poder expulsar los sentimientos, colocar tu chaqueta en el asiento de al lado del bus, sólo porque no quieres que nadie se te acerque. Necesitas estar solo, necesitas tiempo para pensar.
Es como si fueras un copito de nieve aplastado contra otros para formar un muñeco: todos juntos sois el muñeco y, sin embargo, sois individuos. Eres una gota de agua en un océano, pero, ¿qué es un océano, sino una multitud de gotas?
Y que no te engañen: el ser débil también implica ser fuerte. A muchos nos engañan, nos enseñan a reprimir nuestros sentimientos, a prohibirnos sentir cosas negativas y canalizarlas hacia lo positivo. Todo puede canalizarse, ya se ha hecho hasta con el Nilo. ¿Por qué debería ser diferente una lágrima? ¿Por qué habría de ser distinto con un grito?
Mi consejo es el siguiente: canalízalo. Conoce tu interior, abrázalo; es tu único y verdadero hogar. Escucha lo que te diga, y si te dice que seas discreto, que lo compartas, hazlo. A veces, lo mejor es gritarlo a los cuatro vientos; otras, sólo decírselo al reflejo que te observa desde el otro lado del espejo, ese que tan bien te comprende.
No compartas tu escape con demasiada gente. Especialmente con gente que conozcas. De esa manera, no estarás vinculado a tener que mantener una postura ante ellos. Porque es precisamente lo que necesitas; es, precisamente, lo que deseas darte. Estallar.
Todos hemos dicho alguna vez que “los psicólogos no sirven para nada”, que te dejan peor de lo que entraste. Son malos, son pésimos, porque te revientan por dentro.
Pero tal vez seamos nosotros los culpables de ser volcanes.

martes, 23 de febrero de 2016

Repulsa filial.

No hay nada como que se te revuelva el estómago pensando en algo para hacer que tu manera de mirar y ver las cosas pegue un cambio radical.
Antes, solía pensar que cualquier manera de vivir, y saber que estás vivo, era preferible a la muerte. Que tener un ser querido postrado en una cama, mirándote y sonriendo cuando podía, era mejor que una tumba.
Ahora, prefiero la tumba. Ya entiendo a la gente que glorifica a los mártires, y lo sabio que es convertirte en uno: no te das tiempo a cagarla y dar asco, no te das tiempo a mostrarte como realmente eres. Simplemente, pum, estás muerto. Y todos los muertos son santos.
Y todos los vivos, acaban degenerados en lo contrario a un héroe. Hasta la palabra antihéroe es demasiado buena para ellos.