La música se termina por fin en este agotador ensayo.
Desde que echaron a Thr3some la semana pasada, hemos decidido que no podemos
dejar nada al azar. Nos hemos puesto las pilas (más incluso que antes), porque
el nivel de exigencia es altísimo a pesar de haber empezado hace nada el
programa.
Todos
creíamos que aquel grupo llegaría lejos, especialmente después de ver su
audición, impecable y de una calidad altísima, con una coreografía digna de los
profesionales del breakdance. Pero,
cuando se les pidió que prepararan otra canción, fueron incapaces de innovar lo
suficiente sin perder toda su esencia. Al final, los meses de ensayo de Swalla no habían sido suficientes, o
precisamente habían sido demasiados, y los tres chicos se habían ido a la calle
por no poder seguir el ritmo de los demás. A los jueces no les bastaba con
clavar una actuación; querían que todas fueran perfectas.
Y,
después del incidente de Jesy y Scott, nosotros tenemos que matarnos a trabajar
para poder mantenernos dentro.
Tommy
se sienta a mi lado, con el rostro enrojecido por el esfuerzo y la camiseta
pegada a su espalda, empapada en sudor. Cierra los ojos un momento, recuperando
el tranquilo ritmo de su respiración. Traga saliva, y yo no puedo evitar
fijarme en la sensualidad que hay en ver subir y bajar la nuez de Adán de su
cuello. Siento el impulso de besársela. Incluso me inclino hacia él.
La
coreógrafa pone de nuevo la canción, y los animados acordes de On top of the world reverberan en la
habitación llena de espejos. Scott se tira al suelo, agotado, mientras Diana
hace una mueca y Chad bufa. No podemos hacer el baile otra vez.
-¿Seguimos
de tarde?-sugiere la chica, y yo asiento con la cabeza en representación de mis
compañeros. Ella se muerde el labio, repite mi gesto y empieza a recoger sus
cosas. Siento los ojos de Tommy posarse en mí.
-Hola-me dice, de repente consciente de
mi presencia. Yo sonrío, celebrando la intimidad de que me hable en el idioma
de nuestras madres. Últimamente hemos cogido ese hábito, como intentando
compensar las veces en que se tiene que alejar de mí para acercarse más a
Diana. No hemos explicado nuestra relación aún.
-Hola-ronroneo-. Has bailado genial.
Tommy sonríe con
satisfacción. Ya sabía que bailaba bien, pero no se imaginaba que le resultaría
tan fácil coger el ritmo y recordar los movimientos. Sabe que todos confiamos
en él para que nos guíe en las actuaciones. Es un papel de peso que lleva con
orgullo, el de maestro de bailes. Incluso disfruta de la confianza depositada
en él, de los halagos continuos de compañeros y profesores, que no se esperan que
un chico que nunca ha ido a clases baile así.
-Es
que soy latino-explica siempre, y se
echa a reír-. Gracias-es lo que dice
esta vez. Le cojo la mano sin pensar, y rápidamente se la suelto. Miramos a la
coreógrafa, que sigue recogiendo sus cosas, ajena a nosotros. Tommy traga
saliva, me acaricia el dorso de la mano con discreción, aprovechando que la he
dejado caer a un costado y que él posa la suya también en el suelo-. Siento que tenga que ser así-me dice en
un susurro, asegurándose de que nadie nos oiga, nadie nos escuche. Le quito
importancia con un gesto de la mano.
Diana
termina de recoger sus cosas, Scott se levanta del suelo después de sentir la
mirada envenenada de ella sobre él. Chad bebe un poco más de agua, detecta la
tensión que crece entre la americana y el inglés, y decide rebajarla
inquiriendo:
-¿Quién
se ducha primero?
Los
ensayos son una verdadera odisea; nos duchamos varias veces al día, tan
agotados y sudorosos que terminamos, y eso nos afecta a la piel. No es bueno
meterse tantas veces debajo de agua muy caliente, no es bueno enjabonarse como
nos enjabonamos, pero no nos queda otra. Bastante difícil es ya estar cinco
personas en una habitación de tres, como para que descuidemos nuestra higiene.
Diana
está a la que salta precisamente por los efectos del agua en su piel y en su
pelo. Ella, que tenía una melena tan suave, brillante y fuerte, está perdiendo
toda su fuerza, porque lleva el pelo recogido durante demasiado tiempo; ella,
que siempre desprendía un aroma afrutado que me encantaba oler cuando iba a su
habitación, sumergiéndome en su esencia, ahora desprende un olor a jabón del
más barato, de ése que sólo huele a una única fruta que, para colmo, está por
descubrir.
Intenta
compensar sus cambios de humor esnifando cocaína cuando tenemos un descanso, y
siempre que lo hace, es a escondidas. Luego viene con nosotros, se sienta donde
estemos y trata de contener los efectos secundarios que la sustancia tiene en
su organismo. No siempre lo consigue. Y Tommy siempre le nota que se ha metido
algo; frunce el ceño, pone mala cara y finge que no la tiene delante cuando
ella está colocada.
Scott
no lo está pasando mejor que ella. Después de que Eleanor pusiera distancia
entre los dos, temiendo que su relación se resintiera por la sobre-exposición a
la que les someterían, apenas puede pasar tiempo con ella y tiene que aguantar
que todas las redes sociales se llenen de mensajes apoyando la pareja que hace
con cualquier chica a la que se acerque a menos de un metro. Todos los días,
durante algún período de descanso o comida, June aparece con su cámara y nos
graba un vídeo para mantener el interés de la población. Scott tiene que
cuidarse muy mucho de sentarse rodeado de chicos, e incluso cuando no hay
ninguna chica en contacto con él, la gente se las apaña para cazar alguna
mirada involuntaria cuando una fémina habla.
Y
emparejan a Scott.
Y
Eleanor finge que no le importa.
Y
Scott finge que no se da cuenta.
Pero
a ella sí le importa. Él sí se da cuenta.