Estás a punto de leer, literalmente, 20 folios de una sentada porque estoy jodidamente enferma de la cabeza, y me he planteado la duda de si preferirías leer menos, pero más a menudo (por ejemplo, en lugar de 20 páginas al mes, 10 cada 15 días), o continuar como hasta ahora, así que si pudieras contestar esta encuesta, te lo agradecería un montón.
Y ahora, que lo disfrutes ♥
Aún no sé cómo conseguí no vomitar. Apenas el coche de Niall había doblado una esquina e, ignorando el semáforo que le indicaba que se detuviera, había serpenteado hasta incorporarse al tráfico, Tommy me susurró al oído que vigilara, que se iba a llevar a Diana a dar una vuelta.
Y ahora, que lo disfrutes ♥
Aún no sé cómo conseguí no vomitar. Apenas el coche de Niall había doblado una esquina e, ignorando el semáforo que le indicaba que se detuviera, había serpenteado hasta incorporarse al tráfico, Tommy me susurró al oído que vigilara, que se iba a llevar a Diana a dar una vuelta.
-Perdóname por dejarte de canguro otra vez.
-Tendrás suerte si no me acabo tirando a tu hermana
sólo por putearte-quise replicar yo, pero sólo me salió poner los ojos en
blanco y hacerle un gesto con la cabeza que significaba claramente “vete a
morrearte con tu demonio lejos de mi vista, deprisita”.
Eleanor miró cómo se marchaban sin mediar palabra.
Diana, que había sido todo mimos durante el paseo, sólo la miró por encima del
hombro una vez. Y porque quería ver mi cara de mala hostia, y advertirme de que
no se me ocurriera hacer nada con ella en su ausencia.
Me entraron todavía más ganas de repetir lo de la
noche anterior, pero no llegaba a esos niveles de hijo de puta.
-Tu hermano tiene talento para elegirte las cuñadas.
-Yo estoy bastante más fina-respondió, cruzándose de
brazos y encogiéndose un poco sobre sí misma-. Además, no es tan mala como tú
crees.
-Dios, Eleanor, no me voy a pelear contigo también,
¿vale?
Siguió contemplando la otra esquina, de la que no
paraban de salir coches. El viento hacía ondear sus mechones de pelo cual
bandera. Se le quedó uno pegado en el labio, y se lo relamió, intentando
apartárselo. Fui yo el que se lo quité.
Me miró a los ojos mientras lo hacía y me percataba de
la pequeña hendidura que hacía su labio justo debajo de la nariz. Nunca me
había fijado, y eso que la veía prácticamente cada día.
Me miró con esos ojos de gacela dispuesta a hacerte
echar la carrera de tu vida, y entreabrió un poco los labios.
-Scott…
No era de noche. No estaba borracho. No estábamos
solos. No estábamos a oscuras.
Y, aun así, me encantó cómo dijo mi nombre. Tanto, que
tuve que contenerme para no pedirle que lo dijera así otra vez.
Estaba tan mal…
-Scott…-repitió. Debería haberle dicho que ya sabía
cómo me llamaba, pero me sentía en un trance. Me estaba bautizando a niveles
místicos; el estómago se me retorcía, recordando cómo había sonado mi nombre la
última vez que alguien me hizo sentir algo así.
-Mm-la invité a seguir. Algo en mi pecho le pedía que
se pasara la tarde diciendo mi nombre, como Hodor en Juego de Tronos, que repetía la única palabra en bucle una, y otra,
y otra vez.
-Gracias por lo de anoche.
-Fue un placer.
-Me refiero a todo.
-Yo también.
Sus ojos corrieron a mis labios, y se me secó la boca,
y ella era una fuente, y tenía mucha sed.
