viernes, 6 de septiembre de 2013

Cristal contra diamante.

Harry me tendió la mano para ayudarme a bajar del autobús, a lo que le respondí con una tierna sonrisa, alentada por la esperanza de que, por fin, las cosas estuvieran volviendo a su cauce.
Caminé de su mano sin hacer caso de los gritos histéricos de las fans. ¿No podían callarse ni aunque fuera un rato? Eran capaces de volverte loca, y lo peor era que en sus cabezas la originalidad brillaba por su ausencia. Fueras donde fueras, hablasen la lengua que hablasen y tuvieran la cultura que tuvieran, lo único que conseguían gritar era "Oh, Dios mío, Harry, estás tan bueno, cásate conmigo, te amo con toda mi alma" y sutiles variantes de esta frase.
Sin olvidar los "Noemí, puta, deja a Harry" reglamentarios. Tenía la impresión de que si una fan no me insultaba, o no insultaba a Alba o a Erika, no se consideraba a sí misma fan.
Reprimí las ganas de enseñarles mi precioso dedo corazón, pintado cuidadosamente aquella misma mañana en el autobús de camino al estudio, porque aquello hubiera supuesto o bien soltarme de Harry o bien darles una prueba de que, efectivamente, había llegado a tenerle el mismo asco a ese fandom que el que me tenía a mí.
Suspiré, me eché hacia atrás el pelo y levanté la cabeza para mirar a Harry, que se había puesto las gafas de sol, pues la luz de aquel día le molestaba especialmente en sus preciosos ojos verdosos.
Entramos en una gran sala, donde una mujer vino a recibirnos con una carpeta en la mano y un auricular con micrófono incorporado arañándole un lado de la cara.
-¡One Direction! ¡Ya habéis llegado! Ben os está esperando.
Los chicos asintieron con la cabeza; Erika estaba demasiado atontada mirando por las ventanas su perfecta ciudad de Los Ángeles, como para darse cuenta de nada; Alba simplemente se mantenía, como siempre, en un segundo plano que a veces se confundía con cobardía.
O más bien era al revés.
Louis frunció el ceño, con las manos en los bolsillos, estudiando a la chica que nos había venido a recibir. Ella se lo quedó mirando; seguramente supiera de lo difícil que iba a ser convencerlo para que obedeciera. Los chicos eran una manada de cabras embravecidas sólo cuando su carnero mayor decidía desatar la locura de su interior.
Puede que en One Direction mandara la democracia, pero, desde luego, en su comportamiento no era así. Si Louis ordenaba a las emociones de los demás saltar, estas respondían "¿Cómo de alto?".
Me detuve un segundo a disfrutar del contacto de la enorme mano de Harry envolviendo la mía, la mano del tamaño de la antigua Unión Soviética, y me incliné a besársela. Harry sonrió, me besó el pelo y me acercó a él.
Algo había pasado en el bus que no habían querido contarme. Todos habían salido mucho más contentos del concierto el día anterior. Yo me había limitado a sentarme y escuchar la retahíla de ideas (todas geniales) que el fantasma de Caroline se había dedicado a meterme en la cabeza.
Tenía que reconocer que la tía era muy buena pensando.
Seguí a los chicos por el pasillo, y llegamos a una puerta suficientemente grande como para que un camión pasara por ella, y la atravesamos en silencio. Louis tuvo que detenerse y esperar a que Eri pasara delante de él; sabía de sobra que, si no la controlaba, ella se terminaría largando y correría por la calle hasta llegar al Paseo de la Fama, en el que se tiraría el resto del día, haciéndose fotos con todas las estrellas cuyos nombres escritos en ella reconocía.
-No iba a irme.
-Ya-replicó él, con aquel tono de sí, claro. Lo que tú digas.
Erika suspiró, frustrada, se apartó su casi inexistente pelo del flequillo de la cara, me miró un segundo, y pasó sus ojos por encima de mí como si no me viera. Apreté un poco más la mano que rodeaba a Harry, susurrando en mi cabeza una palabra tan fuerte que no me hubiera extrañado en absoluto que todos los presentes consiguieran oírla.
Mío.
Sabía que era absurdo creer que ella intentaría quitarme a Harry, porque a) estaba con Louis, b) eran felices, ya que acababan de cumplir su primer año juntos (viva, qué bien, tiro cohetes, tiro cohetes al cuadrado), y c) no tendría posibilidades con mi chico. Harry era mío, había conseguido dejárselo claro a todo el mundo, a todas las golfas que había por ahí sueltas.
Incluso a Caroline.
Y por eso había adelantado el parto de mi bebé a un momento en el que el pequeño no sobreviviría, consiguiendo que todo el grupo me odiara hasta hacía escasos días.
De repente, Alba se giró y nos miró a ambas. Aquel pequeño instinto que había desarrollado desde que conocimos a los chicos en aquel bar, hacía ya más de un año, y que la alertaba de nuestras inminentes peleas, había creído conveniente manifestarse. Yo apenas intercambiaba palabras con Erika, casi todo eran monosílabos, y lo mejor era que siguiera siendo así. El roce hacía el cariño, pero también hacía las guerras.
No había más que mirar hacia Alemania. Siempre habían empezado las guerras contra Francia, y eso que eran vecinos, y se suponía que, estando más cerca, lo tendrían más fácil para llevarse bien y solucionar sus problemas si es que alguna vez los tenían.
Harry y los demás se separaron de nosotras y se aceraron al que aparentemente sería el director del vídeo. Yo ya tenía Best Song Ever en el iPod, al igual que medio disco, lo que ya estaba listo y era secretamente oficial, de modo que podía hacerme una idea de cómo sería el vídeo. Una discoteca, los chicos bailando, lo que se solía hacer en ese tipo de situaciones.
Zayn se giró un momento y nos fulminó con la mirada. Le preguntó algo al director, algo sobre nosotras, porque de repente todos se giraron y se nos quedaron mirando. Ben clavó los ojos en Eri, la joya de la corona. Era una verdadera lástima que prefirieran a un cristal pulido en lugar de al verdadero diamante... pero no importaba. Ya no.
Ahora tenía una manera de terminar con aquello, de ser por fin la que más brillara, de convencer a los chicos de que el sol no era Eri, sino yo.
Ben se acercó a nosotras, se inclinó ligeramente, como un caballero, y sonrió mientras se incorporaba nuevamente y nos observaba con atención. Se detuvo un segundo más de lo necesario en Erika, y decidió quitárselo a Alba, a la que no pareció importarle mucho. Alba hizo un globo con su chicle, lo explotó en silencio y luchó por meterse el chicle en su totalidad en la boca sin dejar ni una sola mota en su cara recién lavada. Intenté no poner los ojos en blanco, pero me resultaba extremadamente difícil ahora que sabía que los eslabones que nos unían cuando saltamos a la dimensión de los chicos se habían roto para siempre. Ya no necesitaba de su presencia allí para seguir con ellas. Sería mejor compartir a los chicos con mi mejor amiga, Silvia, a hacerlo con aquellas dos. Tocaría a más hombres para mí. Seguro que a Silvia no le importaba que yo me quedara con la mayor cantidad. Dos chicos de One Direction estaban muy bien, además, yo le había hablado de los chicos. Los conocía por mí, igual que lo hacían Alba y Erika. Me lo debían.
Louis se giró a mirar a Eri, en sus ojos brillaba el mismo orgullo que siempre aparecía en cuanto establecía contacto visual con ella. Más bien parecía que la había engendrado él, en lugar de hacer que ella engendrara algo. Ego, seguramente.
Ben volvió a llamar la atención de los chicos. Liam hizo un sutil gesto con la cabeza para que nos acercáramos, y así lo hicimos. Eri se colocó a mi lado y caminó conmigo haciéndole de escudo contra Alba. Llegamos hasta los chicos.
-Necesitamos vuestra ayuda.
Miré a la mediana de las tres.
-Mira, en Hollywood te necesitan. No te acostumbres.
-Me sorprende que te hayan dejado venir. Creía que las aduanas eran más estrictas-espetó sin ninguna educación. Abrí la boca, dispuesta a replicar, pero Niall llamó a la calma.
-Chicas, en serio, ¿no podéis dejarlo por un día?
-No, no pueden-contestó Louis, haciendo una mueca y lanzándole una mirada reprobatoria a Eri, que se limitó a cambiarse el pelo de lado y lucir descaradamente la nueva joya que Louis le había regalado. Si quería convertirla en la reina de Inglaterra me parecía estupendo, pero por lo menos podía controlarse un poco, que luego la chiquilla se crecía.
Erika le sostuvo la mirada, pero, a los dos segundos, ambos habían terminado sonriendo. Me ponían histérica cada vez que hacían eso de la estúpida comunicación mental.
Tragué saliva y me acerqué a los chicos un poco más, dando un sólo paso que mis compatriotas se apresuraron a imitar. Luego, Ben hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiéramos. Miré a Alba, indecisa; no sabía si nosotras podíamos estar en la grabación del vídeo.
Muy a mi pesar, terminé preguntándole a Erika si debíamos seguirlos. Ella frunció el ceño, asintió con la cabeza, pensando un segundo, luego se encogió de hombros y terminó yendo detrás de los chicos.
La gente se daba mucha prisa para hacer un pasillo a la banda y no retrasarla para poder terminar cuanto antes con aquello. Así, habría más tiempo para la postproducción, lo que los terminaría beneficiando a todos.
Entramos en un decorado imitando una oficina de altos ejecutivos de la ciudad de Los Ángeles. Fruncí el ceño, estudiando los pósters a tamaño real que colgaban de las paredes, imitando ventanas, la mesa de un lado del estudio y los dos sofás acompañados de una larga mesa de cristal.
Los chicos rodearon la mesa y estudiaron su entorno: de las paredes colgaban estratégicamente cuadros que a su vez tapaban micrófonos y cables de las cámaras, así como las luces y focos. En una estantería pegada a otra puerta, habían colocado una estatuilla que a todo el mundo resultaba familiar.
Vi cómo Louis miraba por el rabillo del ojo a Eri, que se había quedado embobada mirando el cartel de Hollywood que había impreso en una de las paredes como para darse cuenta de la presencia de su sueño hecho metal.
-Eri-murmuré, pues quería ver su reacción.
-¿Mm?-replicó ella sin apartar la vista del cartel. Estúpida.
-Deberías ver esto-susurró con un hilo de voz Alba, señalando la estantería.
-Estoy ocupada admiran...-protestó, pero siguió el dedo acusador de Alba, y los chicos se taparon los oídos. La conocía bien. Parecía que incluso mejor que yo, porque a mí no se me ocurrió que fuera a soltar tal bramido como el que soltó. Todo el mundo en el estudio se la quedó mirando, pero a ella le importó poco: corrió a la estantería y se estiró cuanto pudo para alcanzarla.
Se giró hacia Louis.
-¿Me la bajas?
-Eri, tenemos que trabajar.
-¿Me la bajas luego?
-Depende-contestó él, contemplando el cuadro de su novia intentando alcanzar algo a lo que no llegaba, y a lo que había renunciado para estar con él, o al menos de momento. Así lo interpreté yo cuando me enteré de que había dejado el grupo de teatro; para ella, Louis era más importante que su sueño de ir un día al Nokia Theatre y recoger aquella pequeña estatua de un hombre desnudo sosteniendo un bastón en el centro, bañada en oro, de varios kilos de peso, en cuyo pedestal se grabaría su nombre, la película que le había hecho conseguir tenerlo entre las manos, el año y la categoría que había hecho posible todo aquello.
En los ojos de Louis cuando se volvió a mirar a los chicos encontré una chispa de algo que no supe identificar. ¿Culpabilidad? ¿Miedo? ¿Dolor? ¿O alivio porque se conformara de aquella manera tan ridícula con el plagio de algo que para ella representaba la gloria?
Tenía que confesar que mis sueños eran ambiciosos, tanto como los de ella. Puede que incluso más; mientras ella soñaba con que la dirigieran y ser la mejor acatando las órdenes, yo soñaba con darlas, con darlas y con gritar frente a un micrófono exhalando los sonidos más hermosos que nadie hubiera escuchado jamás.
Con uno de aquellos premios que tanto abundaban en la casa de Taylor Swift me bastaba.
-¿Qué vais a hacer aquí?-pregunté mientras Alba se acercaba a Erika y la ayudaba a intentar coger la estatua. Una chica se acercó a ellas y les pidió amablemente que desistieran en su intento. La estatua formaba parte del decorado, y tendría su propia función en el vídeo. Después de que cumpliera su función, podrían llevársela a casa, si era lo que querían.
Eri sonrió como pocas veces la había visto hacerlo, asintió con la cabeza y le pidió a Alba que le bajara al suelo. La mayor de las tres así lo hizo.
-Ya lo verás, pequeña-contestó Harry, irradiando felicidad. Ben estaba indicándoles a los chicos qué iban a hacer, y Liam escuchaba con atención, la mano en la barbilla, pensativo.
-¿Vamos a cambiarnos ahora o...?
-Creo que será mejor hacerlo después. Tendréis ayuda para la toma en la que saldréis vosotros; no quiero que os queden restos del maquillaje ni nada por el estilo. ¿Vais a vestiros así?
Una de las mánagers, la nueva, Diane, pasó por detrás de nosotras y se acercó a Ben. Le tendió la mano y le informó con su perfecto acento inglés, que no resultaba ni pedante ni duro, que los chicos se cambiarían de ropa. Ellos asintieron con la cabeza; estaban cansados, el día anterior había sido bastante duro, con entrevistas que los habían obligado a acostarse tarde, y aquella mañana, cuando los despertaron para grabar más cosas, se habían puesto lo primero que habían encontrado en el armario, sin importar que combinara o no.
Así que iban de chándal, y mi atuendo favorito era el de Zayn, porque parecía Will Smit en los créditos iniciales de El príncipe de Bel Air, donde salía rapeando a toda velocidad y jugando al baloncesto.
Lou silbó para llamar la atención de los demás.
-Tengo aquí la ropa, pueden venir a elegirla, si quieren.
Se miraron entre ellos y terminaron avanzando hacia su estilista. Estaba a punto de seguirlos cuando Ben nos chistó.
-Chicas, ¿podéis venir un momento? Quiero hablar con vosotras.
Eri se frotó las piernas, asintió con la cabeza y caminó hacia mí. Alba hizo lo propio, quedándose al otro lado de la chica. Miramos a Ben con el ceño fruncido, sin saber qué se nos venía encima.
-Veréis, supongo que los chicos ya os habrán contado un poco de qué va el vídeo. El caso es que vamos a... duplicarlos, por así decirlo. En muchos planos saldrá Niall en una versión más mayor y gorda de sí mismo seguida de su versión actual y verdadera. Tendrán diálogos entre sí-comentó, estudiando nuestras expresiones con cuidado. Nosotras asentimos con la cabeza, queríamos que supiera que lo comprendíamos. No éramos estúpidas-. Y he pensado que, ya que no vais a estar presentes en el vídeo pero formáis una parte fundamental de sus vidas, especialmente tú, Eri-dijo, señalándola con el dedo índice y haciendo que ella asintiera, seria, a la expectativa de lo que venía-, creo que será bueno para su actuación que vosotras hagáis de sus versiones no presentes cuando estén trabajando. Así será todo mucho más fluido y creíble.
Tragué saliva y las miré.
-A mí me parece bien-dije. Alba asintió con la cabeza.
-Mientras no me enfoquéis, todo irá bien-convino ella, alzando las manos. Le daba mucha vergüenza todo aquel tema de ser famosa.
-A mí no hay ni que preguntarme. Siempre he querido trabajar en Hollywood. Este no es el primer trabajo que esperaba, pero por lo menos es un papel bastante bueno-contestó Erika, asintiendo con la cabeza. Ben sonrió.
-Bien. Entonces, esperaremos a que preparen a los chicos y empezaremos a grabar. ¿Os parece bien?
Asentimos con la cabeza y fuimos a recoger los guiones de los chicos. Nos repartimos las frases, subrayando con un color cada intervención.
Media hora después, los chicos desfilaron por delante de nosotras, mostrándonos la ropa que les habían puesto. Las chicas de todo el set terminaron yendo a disfrutar de la improvisada pasarela de moda, que derrochaba más sensualidad y atractivo masculino que la semana de la moda de París. Nos echamos a reír cuando los chicos empezaron a hacer muecas como los modelos, poniendo cara de ser increíblemente interesantes. Era divertido ver cómo cambiaban de papel y terminaban siendo algo completamente diferente a lo que solían ser.
Lou enganchó de un brazo a Harry y comenzó a tirar de él.
-Tenemos que maquillaros, tenemos que maquillaros, por favor, chicos, por favor, obedeced aunque sea sólo una vez-suplicaba la mujer, cansada de tener que lidiar todos los días con lo mismo. Si no se trataba de un concierto, los chicos se volvían totalmente irresponsables, y se dedicaban a corretear por donde fuera, disfrutando de la vida que habían ganado al presentarse a The X Factor y terminar quedando terceros.
Sin embargo eran, con mucha diferencia, los que más éxito habían conseguido de aquella edición del programa, seguidos por Cher. Los chicos llegarían lejos, estaba claro, pero nadie había previsto que llegarían a tal punto.
Niall terminó siendo el que se apiadó del alma de su estilista y la siguió como un corderito hacia los tocadores. Los demás los persiguieron haciendo una conga, por lo que a Alba casi tuvieron que practicarle el boca a boca de tanto como se río.
A mí me pareció una tontería que se pusiera así, al fin y al cabo, estábamos acostumbradas, pero simplemente negué con la cabeza, puse los ojos en blanco y solté una rápida carcajada.
Estuvimos toda la tarde ensayando con los chicos, haciendo lo que podíamos para ayudarlos en el tema. Eri y yo nos sentamos en la mesa donde se suponía que se iban a colocar Niall y Louis una vez los caracterizaran, y recitamos nuestros papeles con la que sería la entonación de los dos más vivarachos del grupo.
Yo imité el acento de Niall exagerándolo mil veces y Erika empezó a dar voces igual que lo hacía Louis, haciendo que él protestara varias veces.
-¡Yo no hablo así!-chilló Louis, negando con la cabeza tras abrir la puerta por decimonovena vez y fulminándola con la mirada.
-¡Ibas a hablar así y lo sabes!
-¡Cállate!
Y dio un portazo digno de la mayor de las divas de Hollywood, a lo que sólo supe responder con otra carcajada.
El rodaje fue muy duro, porque siempre uno de los cinco tenía alguna tontería que decir o hacer, de modo que Erika, Alba y yo terminábamos riéndonos.
Ben silbó, se puso a dar gritos con su cono invertido pintado de negro, el micrófono de los directores, y señaló a mi compañera con dedo acusador.
-¿Qué pasa ahora?
-¡Es Louis! ¡Estaba poniendo caras raras!
-¡NO ESTOY PONIENDO NADA! ¡MENTIROSA!-bramó él, alzando las manos y mirando a Ben-. Te juro que no estoy haciendo nada, no sé de qué me habla.
-¡Me está haciendo reír, Ben!
-¡No estoy haciendo nada!
Tras casi un cuarto de hora de disputa, recuperamos la cordura, y por fin dimos por concluida aquella parte.
Alba se había sonrojado mil veces durante aquella tarde, pues había tenido que agacharse delante de los chicos para hacer de Verónica, la secretaria a la que interpretaría Zayn... y dejar que Louis, Liam y Harry le miraran el culo.
-No me siento muy cómoda, ¿vale, Ben? Perdona que no me mole que tres tíos a los que considero mis hermanos me miren el culo un millón de veces-protestó Alba, levantando la bandeja por encima de su cabeza, cuando Ben le preguntó. Eri dio un pequeño saltito para caer en el suelo.
-¿Quieres que te sustituya?
-¡SÍ!-bramaron los cinco a la vez. Bueno, cuatro. Louis no dijo nada, simplemente se encogió de hombros y las miró a las dos alternativamente. Alba se giró y le lanzó una mirada envenenada a Liam.
Yo tenía que admitir que Erika seguía conservando aquel culo gigantesco que había tenido cuando era una foca, pero ahora estaba mejor definido. Estaba, simplemente, mejor.
-Tener novio para esto-replicó Alba, negando con la cabeza y tendiéndole la bandeja a Eri, que no la cogió. Puso los brazos en jarras y contempló a Louis.
-Y tú, ¿por qué no dices nada?
-Porque ya te tengo el culo muy visto-contestó él, encogiéndose de hombros. Eri abrió la boca y trató de abalanzarse sobre él, pero Alba, Paul y yo terminamos impidiéndolo.
-¡Voy a matarte! ¿Qué quieres, Tommo? ¿Quieres hostias? ¿EH? ¿QUIERES HOSTIAS?-gritaba, intentando zafarse del brazo del guardaespaldas de los chicos-. ¡Suéltame, Paul! ¡Le romperé esa cara tan guapa que tiene! ¡Suéltame!
Ben se frotó la cara.
-Louis, cálmala.
-Pero... ¡es divertido!
-¡Louis!
El mayor de los cinco se levantó, suspiró y se acercó a ella. Miró a Paul y asintió un segundo con la cabeza. Paul la dejó en el suelo, y ella empezó a darle puñetazos en el pecho.
-Hala, hala. Ya. Ya. Venga-comentaba Louis en tono neutro, con los ojos en blanco. Eri terminó aburriéndose de darle, pero siguió reprochándole cosas.
-Voy a tener que echarte como sigas así, tía-amenazó Ben. Ella se lo quedó mirando, con los ojos entrecerrados.
-Tenemos dos días.
-Tengo que aprovecharlos. ¿Sabes con quién más voy a trabajar? Con Vogue, señora. Voy a hacer un pequeño vídeo junto con la revista Vogue sobre Iggy Pop.
Alba y yo fruncimos el ceño; Eri se encogió de hombros... y los chicos se pusieron histéricos.
-¿En serio? ¿Con él?
-¿Cuándo?
-¿Podemos conocerlo?
-Pero, ¿qué pasa con ese tío?-espeté yo. Eri asintió con la cabeza, señalándome-. ¿Quién es?
Zayn, Liam, Niall y Louis se me quedaron mirando como si estuviera loca. En sus ojos vi la firme decisión de plantearse si me mataban o no.
Sólo Harry se mostró un poco más amable conmigo y con las demás; parecía ser el único que comprendía realmente que alguien no supiera quién era el tal Iggy Pop.
-Es un cantante.
-¿En serio?
-¡No! ¡En realidad no es nadie! Tan sólo es el tío que revolucionó la industria musical, pero no es nadie-ladró Louis, recibiendo una mirada envenenada de su chica.
-Cinco minutos-anunció Ben, frotándose los ojos y pensando que aquello sería más difícil de lo que en un principio había pensado.
Zayn se acercó a nosotras y nos empezó a contar cosas que había hecho el tío: tenía cientos de premios en su poder, había vendido miles de discos, había obtenido varios platinos...
-Ha sacado 24 putos discos, nenas, ¿de verdad no lo conocéis?-nos gritaba Louis. Eri suspiró, miró el reloj como diciéndole "ya aburres", y negó despacio con la cabeza.
-¿Cuándo sacó el último?
-En 1999-dijeron Louis y Harry al unísono. Liam los fulminó con la mirada.
-No, tíos. Tiene un disco homenaje del 2001.
-Yo ese no lo cuento, ¿sabes?-se defendió Harry. Louis se encogió de hombros.
-Y era el tío más polémico que te podías encontrar. Respiraba, comía y dormía de una manera que daba mucho qué hablar.
-Nunca se ponía camisa, al menos en sus conciertos.
Se me iluminó la bombilla.
-¿No hubo un tío que fue con la camisa abierta a El Hormiguero?
Erika vaciló; torció la boca, pensativa.
-Creo... que sí. Uno. Mayor. ¿Rubio de ojos azules?
Ellos asintieron, y siguieron contándonos cosas suyas.
Fue entonces cuando Niall dio en el blanco.
-...participó en un anuncio de televisión, lo echan bastante últimamente... es el tío de Schweppes... y también...
-¡JODER!-gritó Alba, y todos la miramos-. ¡Chicas, el del anuncio de Schweppes! ¡El que está en la barra de un bar con una tía!
Abrí la boca y chasqueé los dedos.
-¡Sí! Joder, Erika, el tío ese que parece que tiene dos siglos.
-¿Ése?
-Ese-asentí con la cabeza.
Nos giramos a mirar a la banda.
-¿Cómo es que sabéis tanto sobre él?
Zayn fingió ofenderse.
-Joder, es Iggy Pop. Es un dios de la música. Además, yo me gano el pan cada día con ella; no está de más conocer a la gente como él.
-Marcan estilo-murmuró Liam, pasándose una mano por el pelo.
-Él empezó a lanzarse al público-nos comunicó Harry, satisfecho de poder proporcionar esa información.
-Sí, es una leyenda. Además, como ya habéis dicho, nunca lo he visto con la camisa abrochada-comentó Niall, tocándose la barbilla en el mismo gesto de Kiss You, pero esta vez no era nada forzado. Realmente estaba haciendo memoria y tratando de adivinar si alguna vez aquel hombre no había aparecido con el pecho cubierto.
-Yo sí. Cuando era pequeño, una vez-dijo Louis, hundido en sus pensamientos-. Una vez en 21 años.
-¿Lo viste en directo?-dijo Liam, abriendo la boca-. Eres mi puto ídolo, Louis.
-Lo vi más de mayor, Mark me llevó a un concierto suyo. Pero cuando lo vi con la camisa abrochada fue un día, por la tele. No es tan glamuroso como parece, pero... yo lo vi.
-¿Tienes música suya en el iPod, Boo?-inquirió Eri, balanceando las piernas. Louis asintió con la cabeza.
-Sí, pero no creo que te guste.
-¿Por qué? ¿Hace heavy metal?
-En realidad es más bien punk rock.
-Es la lista de reproducción en la que nunca te atreves a meterte.
Lo miró un segundo en silencio.
-Pone Dark.
-Porque el sonido es oscuro-Louis alzó las manos-. Eh, nena, yo no he escrito las reglas. Yo simplemente las sigo y las interpreto como mejor me viene.
Ella negó con la cabeza, se echó a reír y terminó dándole un abrazo.
-Siento haberte pegado.
-Yo sí que siento que me hayas pegado-replicó él, revolviéndole el pelo-. Y ahora, a trabajar.
Ese fue el pistoletazo de salida para que los chicos realmente trabajaran bien. Terminamos las tomas en las que salían duplicados y pasaron directamente al baile, que fue una recopilación de todos los que habían hecho en esos tres años que llevaban juntos. El vídeo saldría el 22 de julio, un día antes de su aniversario, de modo que les pareció la opción perfecta para hacer que las fans se volvieran locas con ello.
Fue su forma de entregarles a las Directioners el mejor regalo de cumpleaños que podían hacerles... al margen de tirárselas una por una, lo cual sería un poco complicado. Porque serían cuatro, no cinco.
A Harry no me lo tocaba ni Dios.
Después, Ben les metió prisa para ver si podían grabar las escenas en las que salían caracterizados. Terminamos haciéndolo a la mañana del día siguiente, y, aunque no se nos necesitaba, fuimos a darles apoyo moral.
Cuando los cinco estuvieron vestidos y listos, nos pidieron que les hiciéramos una foto. Yo saqué la BlackBerry, Alba su Samsung, y Eri su iPhone, y las tres nos convertimos en fotógrafas por un segundo.
-¿Os apetece una sesión de fotos como la que hicisteis en el penúltimo vídeo?
Ellos asintieron, y se tomaron un momento para ordenarse de una forma que hacía años que ya no utilizaban. Eri frunció el ceño.
-¿Qué hacéis?
Tardó un segundo en darse cuenta, pero yo no necesité todo ese tiempo para hacerlo.
-Directionator-gruñí. ¿Y se suponía que ella era la favorita? ¿Cómo se atrevía a no reconocer la pose que habían hecho en el programa con el que habían saltado a la fama y quedarse tan ancha? Su reinado de la estupidez iba a terminarse pronto.
Si las miradas matasen, la que me lanzó en ese instante me hubiera dejado sin cabeza.
-Canta Magic-ordenó con la voz imperante-. Cántala.
Le devolví la mirada.
-No puedo. No me la sé.
La había escuchado varias veces, pero la canción no había calado en mí demasiado hondo, y tenía demasiados famosos a los que hacer caso, de modo que no daba a basto para almacenar tantas canciones. Simplemente no podía.
-Directionator-se burló ella, utilizando el mismo tono que yo. Tragué saliva y apreté los puños, mientras ellos seguían posando para Alba, que se había alejado sutilmente de nosotras-. No por saber todos sus movimientos serás más Directioner que la que los quiere, respeta y apoya.
Era lo bastante cobarde como para no hablar en inglés para que ellos la entendieran. Me rebajé a su nivel.
-¿En serio, Erikina? ¿En serio? ¿No los respeto, quiero y apoyo?
-¿Cuándo los apoyaste tú? ¿Cuanto te largaste preñada a Nueva York? ¿Cuando decidiste tener el bebé a pesar de que Harry no lo quería? ¿Cuando lo mandaste al hospital de la pulmonía?
-¿Y tú apoyaste a Louis intentando suicidarte?
-No vengas a comparar ahora un error mío con toda tu vida de desastres, Noemí-sacudió la cabeza, una sonrisa cínica le adornaba la boca-. Sabes de sobra que no tiene nada que ver.
Me quedé callada. Su voz había terminado sumiéndome en mis recuerdos, y lo último que pensé fue que yo, al menos, seguiría conservando mi vida después del verano. Caroline me había prometido que ella no cumpliría los 17 años con nosotros. No dejaría que viviera tanto tiempo.
De repente, estaba sentada de nuevo en el sofá de mi casa, sintiendo las vibraciones que Caroline en versión fantasma desprendía como un sol despedía su luz y su calor. Mientras yo estaba sentada, casi echada, con el vientre abultado bajo una protectora mano, ella estaba de pie, observándome con los brazos cruzados y un índice golpeando lentamente su antebrazo. El pelo, perfectamente peinado, le caía en cascada por la espalda. Su maquillaje era tan impecable que hubiera puesto la mano en el fuego para asegurar que la habían maquillado así, pero seguramente me hubiera equivocado.
Nunca había sentido la necesidad imperiosa de tocarla pero, de haberlo hecho, seguramente me hubiera limitado a atravesarla. Sólo había visto a Danielle y Eleanor de lejos, y no estaba segura de si ellas permitían que las chicas las tocaran o ellas lo hacían con quererlo.
De todas formas, yo no quería tener nada que ver con Caroline. Bastante había tenido con ocupar su lugar y tener que estar soportándola cada dos por tres, cuando estaba de mal humor y decidía venir a torturarme.
Sin embargo, una parte de mí la observaba con terror reverente. Era la primera vez que me visitaba en la que se notaba mi embarazo. Ella me había dado la idea de quedarme embarazada, prometiéndome que así nada lograría separarme de Harry, pero una cosa era escuchar en mi cabeza Noemí, quédate embarazada y todos tus problemas se solucionarán a tener a mi archienemiga delante, con mi bebé en el vientre. Si quería hacerme daño, sabía de sobra cómo hacerlo.
-Eri va a volver.
-Me dijiste que no iba a hacerlo.
-Intentó suicidarse, pero Eleanor la salvó.
Un sentimiento de rabia incontenible se apoderó de mí. Eleanor era la más fuerte del trío de fantasmas, al ser la que había pedido hacer el intercambio. Podía hacer casi cualquier cosa... salvo protegerme de Caroline. Al parecer, yo no era de su jurisdicción, y no podía evitar que Caroline me tocara un pelo si ésta se lo proponía. A todos los efectos, Eleanor sólo se trataba de un espíritu que podía comunicarse conmigo pero que no me protegería ni me haría de armadura contra los ataques de la presentadora.
-¿Por qué no podía dejar que las cosas fueran como son? ¿Y por qué has vuelto a decírmelo? Así cuando vuelva...
-¿No lo entiendes? Podría matarte ahora mismo si quisiera-replicó Caroline, cortándome. Me callé y me acaricié despacio el vientre. De repente aquel bebé no me parecía tan buena idea, sentía que era una especie de manifestación del parásito mental en que se había convertido Caroline, extendiendo sus negras raíces por su mi cabeza, esperando recuperar algo que ya estaba roto- Erika ha cortado los lazos que os unían al intentar largarse de aquí.
-¿Qué hubiera conseguido?
-Volver al lugar de donde Eleanor la sacó. Y así, seguramente, Eleanor hubiera vuelto. Sola. Sin las demás.
Parpadeé.
-Sigo sin pillar, entonces, por qué no me matas.
-Tengo que conseguir que hagas un sacrificio voluntario; necesito que seas tú la que me haga volver. El caso-se encogió de hombros, suspirando-, es que, esté donde esté, no tengo más relación con Harry después del programa, y, francamente, prefiero lo malo conocido que lo bueno por conocer.
-¿A qué has venido?
-A decirte que quiero ayudarte. Estoy dejando de verte, probablemente me esté difuminando-murmuró, contemplándose las palmas de las manos con la tensión escrita en el rostro-. Ya no soy capaz de ver todo tu futuro, sólo partes. Y es demasiado negro. O, mejor dicho, blanco. Y la culpa es de Erika.
-¿Qué me va a hacer?
-No lo sé. Al no ser la mía, no tengo control sobre su futuro. Y Eleanor sabe que no debe dejar que me entere de lo que se proponen, aunque...-se inclinó hacia mí y se puso el dedo índice en los labios. Aquello era un secreto, y debía llevármelo a la tumba-, creo que ella también está dejando de verla. Es como si estuvierais echando raíces y os estuvierais escondiendo más y más en el bosque. Cada vez hay más cosas entre nosotras y vosotras.
-Estoy en peligro.
-Tú y el crío. Bueno, del crío no hay mucho de qué hablar. Te irá mejor sin él-sacudió la cabeza-. De hecho, es bastante probable que Erika lo utilice para hacerte daño. Ella no va a ser madre, no sabe hasta qué punto puede una persona luchar por otra.
-No me lo quitará.
Los ojos de Caroline se endurecieron.
-¿No lo entiendes, pequeña? El crío te hará perder la partida. Debes librarte de él. Me lo debes.
-No voy a hacerle nada. Ya es tarde; no puedo.
La sonrisa de un lobo se implantó en la cara de mi enemiga.
-Tú no podrás protegerte. Tú no podrás hacerle nada. Pero yo sí.
Se fue disolviendo en el aire, era el método que más le gustaba para desaparecer. Yo me estremecí, me tapé con una manta y cerré los ojos.
No me di cuenta de que me había dormido hasta que me desperté, con todo el cuerpo temblando, y con el vientre dolorido.
Un pensamiento aterrador, para el que aún ni siquiera me había planteado prepararme, me atravesó la mente.
Contracciones.
Hice cálculos de cuánto tiempo tenía el bebé, y no era suficiente. No podría sobrevivir con casi cinco meses de vida, simplemente no.
Tenía que ir al hospital y luchar por mi pequeño. No dejaría que me lo quitaran, fuera Caroline, Erika, o el mismísimo demonio salido de las entrañas incandescentes de la tierra.
Me levanté como pude, con las piernas doloridas por el esfuerzo de estarse quietas, y me arrastré hasta el teléfono fijo tras comprobar que mi asquerosa BlackBerry se había quedado sin batería.
Descolgué el teléfono y me dispuse a marcar el número de emergencias cuando me di cuenta de que no tenía línea.
Me llevé las manos a la frente. Calma, calma, me pedí a mí misma, sosteniéndome la barriga con fuerza, como si así fuera a detenerla.
Pero aquello sólo sirvió para que el bebé tuviera más prisa por salir. Nacer muerto.
Me detuve un segundo para pensar en qué debía hacer y, finalmente, recordando un documental que había visto antes de conocer a los chicos sobre embarazadas y bebés, lo cómodas que estaban las mujeres en su último mes de gestación cuando se metían en el agua de una piscina, fui hasta las escaleras. No me atrevía a ir a la piscina, tenía miedo de terminar ahogándome en el intento de mantener en calma a mi hijo.
Me aferré con fuerza al pasamanos, puse tanto empeño que mis nudillos se volvieron blancos. Tiré de mi cuerpo hacia arriba y, poco a poco, conseguí llegar al primer piso. Tomé aire, y, sin pararme a contemplar el rastro de sangre que había dejado en las escaleras, y por la casa en general, abrí la puerta del baño y me metí dentro.
Me incliné a abrir el grifo del agua caliente, después el del agua fría también, frustrada porque no salía ni de lejos el agua que yo necesitaba y esperaba, y me desnudé mientras la bañera se llenaba.
Sólo hubo agua para dejarla hasta la mitad.
Así no podría hacer mucho por mi pequeño, pero no me importaba. El instinto materno era más importante que cualquier otra cosa.
Entré en la bañera y me tumbé, luchando por relajarme, masajeándome el vientre como se me ocurrió para tranquilizar al pequeño.
Terminé dándole a luz.
Y jamás en mi vida olvidaría la imagen de un pequeño bebé a medio formar entre mis brazos, cubierto de sangre, envuelto en una toalla que terminaría tirando a la basura.
De repente a mí también me había apetecido suicidarme. Pero no lo hice por mi pequeño, no lo hice por Harry, al que le debía un hijo. No lo hice por muchas cosas, y una de ellas fue porque el sacrificio de mi primer hijo no iba a ser en vano.
Mataría a esa zorra. Con mis propias manos.
Pasó tanto tiempo después de aquello que no pensé que Caroline hubiera ido en serio. Mi memoria fue eliminando fragmentos de aquella conversación, y terminé autoconvenciéndome de que mi parto había sido porque algo había salido mal, no porque una fuerza sobrenatural lo hubiera provocado.
Pero en cuanto Erika entró de nuevo por la puerta de aquella casa, todo volvió a mí como un yunque cayendo sobre mi espalda.
La pagará. No va a llegar a cumplir 17 años me aseguró Caroline.
No, asentí yo para mis adentros, convencida de mis palabras. Ojo por ojo. Diente por diente. Vida por vida. No va a llegar a los 17 años.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Vive en un mundo ardiendo.

Me acerqué a los chicos, toqueteándome el pelo, y me senté en las escaleras donde Liam estaba haciendo un falsetto. Escalé hasta la parte alta, me incliné hacia Niall y posé la cabeza en su hombro, mirando a Louis, que evitaba a toda costa tocarse la muñeca. Una idea se había formado en mi cabeza en cuanto descubrí por qué había querido que lo acompañara a la tienda de tatuajes. Aproveché ese momento de tranquilidad, con los chicos cantando y relajándome, para darle más forma a mi pequeña gran sorpresa. Tenía que ser en un momento muy especial, porque iba a ser algo muy especial.
Liam terminó su falsetto, sonrió con satisfacción y los chicos empezaron a dar gritos, pareciéndose a gaviotas que estaban siendo torturadas, imitándolo. Liam puso los ojos en blanco y le pegó a Zayn con el micrófono en la mejilla.
-¿Cuál ahora?-preguntó Harry, tamborileando con los dedos en el micrófono. El sonido que creaba reverberaba en los altavoces, mil veces más alto, con un ritmo ensordecedor.
Me incliné hacia Niall, hice una especie de túnel con las manos entre mi boca y su oído para que me oyera mejor, y espeté:
-Taconeo intenso.
Niall echó la cabeza hacia atrás y vomitó una carcajada enorme como una catedral, negó con la cabeza y se puso colorado. Cogí su micrófono antes de que se cayera el suelo, miré a los chicos, alcé las cejas, y decidí que aquél sería el momento perfecto para que Niall se muriera de un ataque de risa.
Harry se detuvo un momento, pero yo giré la mano para indicarle que siguiera. Retomó su redoble de tambores a una velocidad aún mayor, y yo empecé a cantar cosas sobre la virgen con el mejor acento andaluz que supe sacar.
-¡AAAAAAAAAAAAAAY! ¡AAAAAAAAAAAAAAAY VIRGENSITA DEL CARMEN, LA MÁS BELLA DE ESTA TIERRA, AAAAAAAAAAAAAAAAY VIRGENSITA, SE ME CAE LA LÁGRIMA CON SU BELLESA, AAAAAAAAAAAAAAY!
Nunca había estado en Andalucía durante Semana Santa, pero siempre me habían hecho mucha gracia las señoras que se ponían a cantar llorando en los balcones de las casas a medida que las procesiones iban de un extremo de la ciudad a otro.
Empezamos a reírnos como locos, ajenos al mundo, ajenos a que en unas horas tenían otro concierto.
Yo todavía no era consciente de que sería la primera vez que compartiera escenario con los chicos después de casi 9 meses. Lo que había pasado en Octubre me parecía demasiado lejano para, siquiera, existir.
Harry se limpió las lágrimas de los ojos, negando con la cabeza: se había mantenido serio todo lo que había podido, siguiendo con su ritmo, en el que yo me basaba ara cantar, pero había terminado sucumbiendo.
Louis todavía se estaba tapando la boca, empeñado en que nadie viera lo mono que se ponía cuando se echaba a reír, cuando se nos acercó Joe.
-Tendréis que probar con Chasing the sun.
Asentimos con la cabeza casi al unísono; me sentí como si realmente yo formara parte de One Direction, como si hubiera estado con ellos aquel 23 de julio a las 8:22 y hubiera saltado a la vez que ellos cuando les dijeron que iban a pasar al concurso formando un grupo. No era así, ni siquiera sabía de ellos en aquel instante, pero era la sensación era así de grande. Cogí el micrófono que alguien me pasó y me acomodé los leggings negros, que me hacían aún más delgada de lo que ya estaba.
Todo el mundo había pensado cuando la otra banda desafió a los chicos a que hicieran una versión de sus canciones, One Direction escogería la canción más romántica de The Wanted, porque sería la más cercana a su estilo. The Wanted habían sido fieles a sí mismos y habían cogido Rock Me, con un resultado no del todo malo.
Pero los chicos, lejos de seguir con las expectativas de todo el mundo, probaron suerte, escogieron Chasing the sun... y acertaron.
Me pidieron que participara en ese proyecto con ellos, yo acepté, y lo hice lo mejor que pude.
Esperé a que Harry empezara la canción; ya puestos a romper los esquemas, los romperíamos como Dios mandaba, y no sería Liam el primero.
Nos miramos entre nosotros mientras hacíamos una versión rápida, sin música de fondo ni nada. Luego, decidieron ponerse con Rock Me. Ya que habíamos empezado con algo más rockero, se mantuvieron.
Se levantaron y me dejaron a mí observándolos caminar por el escenario, haciendo el tonto. Louis se acercó a mí, se inclinó y me susurró al oído mientras Niall se afanaba en el primer estribillo:
-Compite con Zayn.
-No voy a competir con Zayn, Boo-repliqué, negando con la cabeza y haciendo un gesto con la mano para que se fuera. Louis sonrió.
-Hazle los agudos. Los demás queremos ver quién llega más alto.
-Zayn tiene una voz muy poderosa.
-Puede, pero tú eres chica-replicó, acariciándome la mano y girándose justo cuando Liam estaba terminando su estribillo.
Paul se acercó a nosotros, sorteando las hileras de sillas que estaban en la pista. Nadie las usaba; veía muy estúpido que las pusieran allí. Señaló con el pulgar la parte del estadio a su espalda, las puertas que aún estaban cerradas, pero tras las cuales ya se adivinaba la presencia de las fans gracias a gritos histéricos lo suficientemente altos como para cruzar la distancia que nos separaba y superar el sonido que emitían los altavoces.
Liam alzó la mano, diciéndole que esperara, justo cuando llegaba la parte en la que Zayn empezaba a forzar al máximo su voz, llevándola a límites insospechados. Zayn adelantó un pie, se inclinó hacia atrás, alzó la mano que sostenía el micrófono, clavándolo en el aire sobre su cabeza, abrió la boca y echó toda la rabia que almacenaba dentro. Las venas de su cuello se hincharon de tal manera que parecían estar a punto de reventar. Harry y Niall siguieron por detrás con la canción.
Liam y Louis me miraron.
Esperé a que Zayn terminara esa nota y cogiera aire para enfrentarse a la siguiente, me levanté y caminé hacia él.
Me puse a su lado, le toqué el brazo libre, levanté la mano libre, flexioné las rodillas.
-ROCK ME YEAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH-bramamos los dos a todo lo que vimos. El escenario vibró con la fuerza de nuestras voces, multiplicada por los gritos que estábamos dando para llegar a aquellas notas tan altas, elevadas a la enésima potencia gracias al trabajo de los micrófonos y los altavoces.
-SHOW ME YOU CARE.
-YEAH, YE-E-AH.
-ROCK ME YEEEEEEEEAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH-soltó él y yo me retiré de la partida, porque sabía que no sería capaz de llegar a aquella nota que él acariciaba como si no le costara nada.
Niall dejó caer la última frase, asintió con la cabeza y empezó a aplaudir. Zayn y yo nos giramos, nos cogimos de la mano, alzamos nuestras manos unidas y nos inclinamos hacia delante, agradeciendo los aplausos de nuestros compañeros. Me puse de puntillas para abrazarlo, y sonreí mientras le acariciaba la espalda.
Paul se subió al escenario de un brinco. Tal vez no fuera tan joven como los chicos, pero desde luego estaba en buena forma.
-¿Queréis que escuchen las pruebas de sonido o preferís que las haga esperar un poco más?
Louis puso los brazos en jarras y comenzó a girar su costado, de un lado a otro. Se encogió de hombros.
Harry se echó el pelo hacia atrás, miró las puertas y se mordió el labio inferior.
Niall se mordió las uñas.
Liam se encogió de hombros, y luego decidió imitar a Louis.
Zayn dejó uno de sus brazos sobre mis hombros.
Sin previo aviso, todos los ojos estaban posados en mí. Yo alcé las manos.
-No es por nada, pero no son mis fans. Ni mi concierto. Vosotros decidís.
Louis suspiró.
-Voy a quedar como el malo de la película, pero la verdad es que yo prefiero que esperen a que terminemos. Son diez minutos, os dará tiempo de sobra a recuperarlos cuando empiecen a entrar.
Por las gradas sí que se veía movimiento de gente, pero sólo una pareja estaba ya sentada en una esquina, tan lejos que tenía que entrecerrar los ojos para poder verlos. Supuse que estaban comprobando qué tal se oía desde todos los puntos del estadio, cómo se escuchaban los sonidos más extremos, y todas esas cosas que escapaban a mi conocimiento porque no era demasiado cuidadosa.
Zayn asintió con la cabeza, señalando a Louis.
-Digo lo mismo.
-Terminé loco de la cabeza en Miami-se excusó mi novio, sentándose en el suelo con las piernas cruzadas.
-Gritaron mucho, sí, ¿os habéis dado cuenta?-coincidió Niall, yendo a por la guitarra y tocando unos acordes. Josh Devine, el batería, asintió con la cabeza.
Bufé, apartándome el flequillo de la cara y fulminándolos con la mirada. Di un paso adelante, el brazo de Zayn cayó a mi espalda al no tener hombros en los que apoyarse.
-La culpa es vuestra. Hasta a mí me costó no gritar por cómo os pusisteis en la prueba de sonido.
-Teníamos calor-replicó Harry, entrecerrando los ojos y destilando odio fingido por todos sus poros. Puse los ojos en blanco.
-¿Qué culpa tengo yo?-alegó Louis, alzando las manos y haciendo una mueca-. Todavía no estaba trabajando oficialmente, no tenía que ir con mi uniforme.
-Una cosa es ir "de uniforme"-protesté, acercándome a él, poniendo los ojos en blanco y haciendo el gesto de las comillas-, y otra muy distinta es coger y abrirse la camisa o directamente quitársela-fulminé a Niall con la mirada, que se giró y empezó a silbar con las manos en la nuca- cuando sabéis de sobra qué efecto causáis en las mujeres.
Pero el cerebro de Louis ya se había detenido en una parte de la conversación y se negaba en redondo a avanzar. Me pasó la mano por el culo, sonriendo con chulería.
-¿Te costó reprimirte?
Suspiré.
-Louis.
-Contesta.
-Sí.
Su sonrisa se hizo más amplia.
-Me alegra saber que aún tengo ese efecto en ti.
Si tú supieras, repliqué para mis adentros. Volví a poner los ojos en blanco, le pellizqué el culo antes de que él me lo hiciera a mí, y me alejé en dirección a los camerinos.
-¿No cantas nada más?-me provocaron ellos, a lo que respondí alzando el dedo corazón por encima de mi cabeza. Liam negó con la cabeza, disgustado.
-Es una lástima, Eri. Creíamos que querías hacer una versión de una canción que viste versionada en Glee.
Me giré en redondo y los miré a todos. Al batería, los guitarristas, los chicos, sonriendo...
-Es broma.
Zayn negó con la cabeza.
Louis saltó del escenario al suelo, con la consiguiente reprimenda de Paul. Podrías haberte hecho daño, imagínate que te haces daño o te pasa algo, ¿cómo voy a explicarlo a los de Modest!? ¿De qué te  ríes? ¿Crees que tiene gracia? A mí no me pagan para estas cosas, ¿sabes?
También era verdad que no le pagaban por ir correteando detrás de los chicos día sí, día también, y obligarlos a llegar puntuales a los sitios, y un largo etcétera de cosas que tenía que superar cada día.
Sacó el móvil, lo desbloqueó y nos enfocó.
-¿Qué haces, Lou?
-Grabar la primera actuación de la futura superestrella que va a ser esta.
-Pero necesito un nombre.
-Ya tienes nombre-protestó él, frunciendo el ceño-. Te lo pusieron tus padres.
Me encogí de hombros, apoyé el micrófono en su pie, me aseguré de que estaba bien sujeto y miré a Louis.
-Mi nombre no suena tan bien como los vuestros. Niall Horan, Harry Styles, Liam Payne, Zayn Malik, Louis Tomlinson...
-¿Por qué voy el último?
-Porque tienes un retraso-sonrió Niall, punteando las cuerdas de su guitarra. Liam y yo nos miramos.
-¡Igual que Bella Swan!-exclamamos al unísono, y chocamos los cinco. Louis puso los ojos en blanco.
-Yo creo que sólo Eri está bien.
-Es demasiado corto-protesté.
-Exclamó la que le copió el nombre a Jennifer López, más conocida como JLO-espetó Harry, sentándose en las escaleras y dando un lento trago de su botella de agua. Zayn se colocó una de las gorras que había comprado esa mañana en la cabeza y fue a acompañarlo.
-No es raro que los famosos se cambien el nombre. Zayn lo ha hecho-alegué, señalándolo. Zayn negó con la cabeza.
-Lo modifiqué ligeramente.
-¿Sabíais que en realidad Marilyn Monroe se llamaba Norma Jeane Baker? ¿O que el apellido de Natalie no es Portman?
-¿CÓMO QUE NO ES PORTMAN?-protestó Zayn, abriendo los ojos hasta tenerlos del tamaño de platos de sopa.
Negué con la cabeza, Harry sacó su teléfono y lo desbloqueó, dispuesto a averiguar el apellido real de la mujer que había ganado el mayor premio al que un actor podía aspirar hacía un par de años.
Louis se apoyó en el escenario, clavó los codos en el suelo de éste y me miró.
-¿Y qué sugieres, pequeña diva?
Negué con la cabeza.
-No os lo voy a decir.
Alzó las cejas.
-¿Por qué?
-Es una estupidez como una casa-volví a sacudirla.
-Viniendo de ti, no me extraña. Vamos, nena, tampoco será para tanto.
-No os la voy a decir-me encogí de hombros, le enseñé las palmas y canturreé un "lo siento". Pero él no se dio por vencido. Miró a los chicos.
-Tíos, ¿haréis los honores mientras yo subo?
Sabía de sobra que me iban a hacer cosquillas, y no pensaba tolerarlo, bajo ningún concepto. Di varios pasos atrás, con las manos entre los chicos y yo. No servirían de una gran protección, pero al menos me ayudarían a conseguir unos segundos.
-De acuerdo, de acuerdo, os lo diré.
Sentí la sonrisa de Louis quemándome la espalda. Ni siquiera había necesitado moverse demasiado para convencerme de que iba a ganar él. Siempre terminaba haciéndolo.
Abrí la boca para soltarles el nombre que llevaba meses pensando, único consuelo de la soledad que sentía, el principio de una nueva vida, cuando se abrió una puerta de las de la parte posterior del estadio donde iban a actuar, y un miembro del cuerpo de seguridad, con traje y acreditación colgando del cuello, corrió hacia nosotros.
-¡Tenemos unos pocos minutos! ¡Se están impacientando, y cuando se descontrolan es prácticamente imposible detenerlas y hacer que ocupen sus asientos!
Los chicos me miraron.
-Os lo cuento luego-prometí en un tono que más bien parecía una pregunta. Ellos asintieron, saltaron del escenario y se colocaron en diferentes lugares, todos con el móvil en ristre, preparados para capturar mi actuación.
Miré a la parte de la banda que se encargaba de los instrumentos, y supe que no necesitaba decirles el nombre de la canción que iba a interpretar. Lo sabían; seguro que Louis se lo había dicho.
-She's just a girl and she's on fire, hotter like a fantasy, lonely like a highway. She's living in a world, and it's on fire, feeling the catastrophe, but she knows she can fly away. 
Los labios de Niall se despegaron, siguiendo la canción en silencio. No estaba vestida para cantar aquella canción, no estaba preparada vocalmente hablando, pero no importaba. Simplemente, no había tiempo. Aquello no iba a salir de allí, no iba a vender un disco con aquella canción, no era una maqueta que pudiera usar para presentarme en alguna discográfica a modo de tarjeta de visita, hola, soy Erika, y puedo hacer esto.
-She got both feet on the ground, and she's burning it down. She got her head in the clouds, and she's not backing down.-bajé las manos, cerré los ojos, luego miré al frente, y ya los cinco no lo soportaron más, y me siguieron:- .This girl is on fire, this girl is on fire.
Todo el mundo se giró para mirarme; los que estaban dando los últimos retoques a la cinta aislante que pegaba los cables al suelo y que se aseguraban de que las fans no se cayeran se detuvieron y se giraron, sin levantarse siquiera del suelo. Los que se habían sentado en diferentes puntos del estadio para escuchar cómo sonaba en cada uno de aquellos lugares se levantaron y se inclinaron hacia delante. Los de las gradas, aquellos a los que si quería ver debía entrecerrar los ojos, se apresuraron a bajar a la pista, y se acercaron hasta quedarse más o menos a la mitad. Volví a cerrar los ojos, separé las manos de mi cuerpo, y sentí los ojos de mis cinco chicos estudiando cada uno de mis movimientos.
Me sentía como si el estadio estuviera lleno, como si hubiera miles de personas escuchándome en silencio, como si el más pequeño de los susurros les hiciera perder algo de mi actuación.
-She's walking on fire, this girl is on fire.
Sentía los focos encendidos sobre mí, un público que en realidad no existía iluminar el estadio con sus móviles, un vestido que no llevaba puesto hacerme parecer una diosa, intentando conseguir que llegara a la altura de Alicia Keys, aunque no iba a conseguirlo.
No me moví del sitio; para mí, sólo había un foco encendido iluminándome, y no iba a ser tan estúpida de seguirlo.
Paul se acercó a las puertas cuando yo estaba terminando de cantar, algunos de los chicos se habían subido al escenario y me habían rodeado para obtener los mejores planos posibles. Se notaba que estaban acostumbrados a que hubiera varias cámaras grabando a la vez a su alrededor, y sabían cómo moverse para conseguir el mismo efecto en mí.
Dejé las manos en el micrófono, pestañeé, y la magia del momento se fue como había venido. Paul acababa de abrir las puertas, pero todavía no estaba entrando nadie. Teníamos un minuto para desaparecer antes de que la ciudad de Nueva York se volviera loca. Corrimos a los camerinos, donde Lou esperaba a los chicos, muy preocupada porque llegaban más tarde de lo que había previsto. Les gritó instrucciones apresuradas a sus ayudantes neoyorquinas (había leído no sabía dónde que las estilistas de esa ciudad eran la crème de la crème del mundo, y Modest no solía reparar en gastos en cuanto a lo que sus gallinas de los huevos de oro se referían.
Niall me cogió del brazo y me obligó a girarme cuando intentaba perderme entre el laberinto de caras. Alzó las cejas y se me quedó mirando.
-No nos has dicho lo de tu nombre artístico, española.
Tragué saliva. Había intentado que lo olvidaran poniendo todo mi empeño en el escenario. Sí, me había esforzado al máximo para poder eclipsarlos y conseguir más tiempo para decidir cómo afrontar el tema.
Sabía cómo era Louis.
Lo conocía como si lo hubiera parido.
Me froté las manos, las dejé caer entrelazadas delante de mí, y espeté sin pensar:
-LautTommo.
Se me quedaron mirando, todos con la nariz arrugada, sin excepción.
-Eri LautTommo-repetí.
Liam carraspeó.
-Se escribe con dos T y dos M.
-Como yo, ¿eh?-replicó Louis, sonriendo. Su sonrisa, sin embargo, no escaló hasta sus ojos. Se me encogió el corazón.
No debería haber dicho nada, era la mayor estupidez que se me había ocurrido (bueno, después de cortarme).
Sabía de sobra cómo se ponía Louis cada vez que le hablaba de Taylor, los celos incontrolables e incomprensibles que le tenía. Si era así, ¿por qué se lo restregaba cada vez que tenía ocasión? ¿Por qué se lo restregaba a veces incluso con sinceridad, y no sin ganas de picarlo?
Porque era subnormal.
Subnormal de campeonato.
Podría dirigir perfectamente una escuela para aprender a ser subnormal. Daría a basto, incluso, para impartir yo todas y cada una de las asignaturas.
-¿De qué viene?-preguntó Harry. Todos se giraron hacia él-. Entiendo el Tommo, pero...
Y se quedó callado, porque nada más ponerse a pensarlo más detenidamente, cayó en la cuenta. Louis negó con la cabeza, murmuró que tenía que hacer algo, se dio la vuelta y se marchó.
Me lo quedé mirando, los chicos se pusieron a ambos lados del pasillo, conmigo en el centro, haciéndome ver que debía ir tras de Louis, sí o sí.
Así que eché a correr a buscarlo.
Recorrí los y estrechos pasillos de debajo de la pista en busca de mi novio, pero no di con él. Le pedí a un miembro del equipo que entrara en el baño de los tíos y me dijera si estaba dentro, pero no tuve suerte. Subí hasta la pista, me asomé al escenario, creyendo que podría haber ido allí porque a mí no se me ocurriría esconderme delante de miles de personas. Pero tampoco estaba.
Fui hasta los vestuarios, y no encontré nada. Simplemente Lou me preguntó por los cinco, no sólo por él, así que deduje que no lo había visto.
Salí hasta el bus, me monté en él y abrí la cortina de su cama. Tampoco tuve suerte.
Notaba un nudo en la garganta increíble, sentía que me echaría a llorar en unos instantes. Me apoyé contra los cristales del bus, cerré los ojos y me tapé la cara con las manos. Me eché todo el pelo hacia atrás, me obligué a tragarme las lágrimas, y empecé a pensar con la mayor claridad que pude.
Me giré, apoyé la mejilla en el cristal y parpadeé despacio.
Vi su melena chocolate apoyada contra la pared del bus. No lo había visto cuando subí, de modo que debía de estar escondiéndose. Bajé de un salto y me acerqué a él.
-Louis.
Se me quedó mirando con un cigarro en los labios. Negué lentamente con la cabeza para mis adentros.
-Te están esperando.
-Pueden esperar; voy a terminar yendo-se encogió de hombros, mirando al cielo y dando otra larga calada. La nuez de su garganta subió y bajó. Tragué saliva-. Yo he estado esperando algo que no va a pasar, así que estoy peor que ellos.
-Louis, yo...
-No, Eri. Sabes de sobra por qué has puesto primero su parte de apellido antes que la mía. Le quieres más a él que a mí.
Sacudí la cabeza.
-Te equivocas.
-No, nena, no lo hago. He estado intentando convencerme de que podía hacerlo, pero, ¿sabes? No soy Superman. No puedo hacer cosas imposibles para el resto de humanos. No seré yo el primero que rompa el amor de un fan por su ídolo, porque es la cosa más fuerte que puede existir.
Sacudió la cabeza, mirándome con el dolor cruzando su rostro. Los océanos de sus ojos estaban congelados, helados por lo que yo le estaba haciendo. Le cogí la mano, pasé los dedos por la palma, pero él la apartó.
-No juegues sucio, nena-murmuró.
-Te quiero a ti, no a él.
Sonrió dando otra calada. No me quería.
-Oye, entiendo que lo prefieras a él, ¿sabes? Sigues teniéndolo como un dios, como alguien perfecto, que no se equivoca. No se emborracha, no bebe, no fuma, parece negarse en redondo a decir tacos, salvo cuando se lo pide un guión, está cuadrado... y es americano.
-Te sigo prefiriendo a ti antes que a él. No me importa que...
-¿Qué? ¿Que no sea perfecto, que mis bordes no estén bien cortados, que tenga esquinas? ¿O no te importa saber cómo soy? ¿No te importa que no haya nacido en el país que te encanta, al que aspiras a mudarte, ni que lo haya hecho en el que una vez se supone que lo sometió? No te lo crees ni tú, pequeña.
Me pegué a él, le pasé un brazo por la cintura y traté de despertar un mínimo de compasión en él. Prefería que me gritara; lo prefería mil veces, prefería que gritara mi nombre completo, y eso que lo había odiado cuando lo hizo, a que me hiciera ver cómo lo estaba rompiendo en pedacitos sin darme apenas cuenta
-Es normal que prefieras a alguien perfecto sobre quien sabes que no lo es, pero deberías saber que yo te voy a querer muchísimo más de lo que él conseguirá hacerlo nunca-se encogió de hombros-. Es simplemente que es... duro ver... esto. Es duro.
Le besé el hombro, y apoyé la mejilla donde aún se mantenía mi beso.
-¿Te acuerdas de lo que te dije cuando ganasteis los 3 VMA en Septiembre?
Asintió con la cabeza.
-Te parecerá mentira, pero no se me olvidan tan fácilmente las conversaciones que mantenemos tú y yo.
-Si supieras lo orgullosa que estoy de ti, de ti y de que seas lo suficientemente estúpido como para elegirme a mí para hacerme tu novia, y no a una chica que es perfecta-murmuré, repitiendo lo que le había dicho tanto tiempo atrás-. Y tú me contestaste: "Pero es que yo no quiero a una chica perfecta, yo te quiero a ti".
Se me quedó mirando.
-Ya es mucho tiempo juntos, Louis. Deberías saber que es a ti a quien prefiero.
-Me gustaría decirte que lo demostraras, nena, pero...
No necesité que dijera más. Me separé de él y me desanudé los pañuelos atados a las muñecas. Dejé que se cayeran al suelo; tomé una de sus manos y llevé los dedos por las cicatrices, parecidas a los surcos que partían la tierra cuando se secaba demasiado rápido.
-No me haría esto por Taylor, Lou. No intentaría acabar con mi vida al creer que no le recuperaría jamás-confesé, con los ojos llenos de lágrimas. Me las limpié rápidamente-. No desperdiciaría una gota de mi sangre en él.
-¿Y por qué en mí sí?
-Porque en ti no la estaba desperdiciando. Los cinco litros que llevo dentro valen mucho menos que una sola gota tuya. Yo no daría mi vida por Taylor. Valemos lo mismo. Pero, ¿por ti? Por ti daría hasta mi alma inmortal. Mi pequeña, rota, y profundamente enamorada alma inmortal.
Me puse de puntillas y lo besé en los labios.
-Dejaré de ser fan suya si es lo que quieres.
-No tienes que...
-Escucha. Tú, y los otros cuatro sois lo mejor que me ha pasado en la vida, y no voy a dejar que nada se interponga entre nosotros. Me aceptáis y queréis como soy, me comprendéis, y no sabes lo importante que es encontrar a alguien que te entienda cuando nunca nadie lo ha hecho, ni lo importante que es mantener a ese alguien. Sobre todo cuando es alguien como vosotros cinco. ¿Tengo que recordarte que estás cumpliendo ese "saldría con una fan" que prometíais en las revistas? Eso lo vale. En mi opinión, tú lo vales, amor.
Me pasó una mano por el pelo, sonriendo.
-Ojalá pudiera dar mi vida por ti, pequeña, pero entonces te estaría entregando a ti directamente.
Sonreí y volví a besarlo despacio. Me devolvió el beso apenas apoyando sus labios contra los míos. No era mucho, pero sí lo suficiente. Bastaba con aquello.
Le recorrí la palma de la mano con la yema de los dedos, él lanzó el cigarro lejos.
-¿Quieres que lo haga?
-¿El qué?
-Quitar el Laut.
Negó con la cabeza.
-Sería demasiado duro para ti. Además, tus pequeños defectos son los que más me gustan. No tiene sentido luchar por ti si no tengo competencia digna, ¿no crees?
-¿De repente Taylor es digno?-repliqué, poniendo los brazos en jarras y echándome a reír. Me pegó contra su cuerpo, me acarició la cintura y bajó un poco más, hasta mi culo.
-El demonio debería prepararse bien para competir conmigo si el premio eres tú, nena.
Algo se retorció en mi interior. Me incliné a sus labios, sonreí contra su boca, y susurré:
-Mierda, Tommo, ¿cómo haces para enternecerme y en dos segundos ponerme así de caliente?
Se encogió de hombros.
-Tal vez sí que sea Superman.
-Para mí lo eres. Tú me salvaste, ¿recuerdas?-repliqué, acariciándole el cuello con la nariz-. Es una verdadera pena que debas tiempo a Lou para que te prepare, podríamos hacer muchas cosas en dos minutos.
-¿Quieres probarme?-replicó, tirando aún más de mí. Me eché a reír, le di un piquito y negué con la cabeza.
-Ahora no. Tenemos cosas más importantes que hacer.
-¿Como ponerte histérica porque vas a actuar con la mejor banda de todos los tiempos?
Abrí los ojos como platos.
-¿Por qué no me habías dicho que los Jackson 5 habían vuelto?
Me sacó la lengua.
-Te quiero. Muchísimo.
-Yo también.
-A morir-sentenciamos los dos, sonreímos, nos despegamos del bus y nos apresuramos a los camerinos. Lou estaba histérica, tuve que ponerme entre ella y Louis para que no le pegara. Escuché de fondo el ruido del público vibrando de la emoción. En escasos instantes, los chicos de 5 seconds os summer irían al escenario a entretenerlos. No había tiempo que perder.
Niall, Louis, Liam, Zayn y Harry estuvieron listos gracias a la dedicación siempre infravalorada de sus estilistas. Fueron a detrás del escenario y se quedaron allí, esperando que les dieran luz verde para salir.
Sus teloneros entraron, los cinco formaron un círculo, juntaron las manos un segundo, y fueron a los cajones de los que salían.
Lou me tocó el hombro y me indicó que me sentara justo cuando se oyeron los primeros chillidos histéricos. Deduje que los vídeos que me había terminado aprendiendo de memoria acababan de salir en pantalla, y los chicos estarían a escasos segundos de hacer su aparición en la ciudad que nunca dormía.
Me tendió un vestido cortísimo de cuero negro. Al parecer, lo llevaría con unas botas ajustadas hasta la rodilla. La miré escandalizada.
-Lou, no puedo llevar esto.
Lou asintió con la cabeza, toqueteándome el pelo. No sabía muy bien qué hacer, estaba acostumbrada a melenas exuberantes, kilométricas, y mi pelo tan corto no le daba demasiado juego. Se sujetó varias horquillas entre los labios, y murmuró una maldición al comprobar que no tenía ni para hacerme una coleta. Lo más que podría hacer sería rizarme las puntas, pero le deseaba suerte si trataba de conseguir que me quedara un pelo relativamente bonito, no una puñetera escarola.
-Se lo dije a los mánagers, pero ellos creen que si vendemos una imagen más sexy de ti, tal vez consigas atraer a más fans masculinos, fans que se verán luego atraídos por el tercer álbum que, como ya sabes, va a ser más...
-Me corto, Lou. No pienso enseñar mis cicatrices con orgullo sobre un escenario que voy a compartir con los chicos. Dará una imagen equivocada de lo que ellos apoyan y respetan. No quiero que me vean así-sentencié. Se me quedó mirando, anonadada. Estudió mi reflejo en el espejo, y luego, sin previo aviso, me cogió las manos. Me apeteció quitarlas rápidamente de las suyas, pero las dejé dónde estaban.
Chasqueó la lengua, cogió un poco de corrector, y lo echó sobre las heridas. Negó con la cabeza al ver que ésta seguía notándose a kilómetros  de distancia.
-La solución sería...
-¿Una rebeca?
-Había pensado mejor en una cazadora de cuero negra, directamente-murmuró, tirando de la silla hacia atrás y haciendo un gesto para que me levantara. Me puse de pie, y giré sobre mí misma cuando alzó una de mis manos por encima de mi cabeza para hacerme girar. Golpeó varias veces su mandíbula con el dedo índice, estudiándome.
-Espérame aquí-dijo, y empezó a chillar por el camerino que necesitaba urgentemente una cazadora negra. Mientras tanto, tal vez del armario de Narnia, tal vez del bolsillo de Doraemon, me consiguió unas medias translúcidas negras, unos vaqueros cortos con tachuelas doradas, y unas botas camperas blancas y de cordones beige que subían del tobillo.
De parte de arriba, rebuscó hasta encontrar una camiseta de un solo tirante blanca. Me la pegó al cuerpo y asintió con la cabeza.
Una de sus ayudantes llegó corriendo con la cazadora. Me hizo ir a un rincón con un biombo gris y fue recogiendo la ropa que me quitaba y tendiéndome la otra. Cuando salí, me observó con cara de satisfacción.
Me acerqué a un espejo y sonreí.
-Eres una diosa, Lou.
-Ya lo sé. Y ahora siéntate: todavía tengo que maquillarte. No has dormido esta noche, ¿verdad?-inquirió, cogiendo un sinfín de pinceles y comprobando que había abierto todo lo que necesitaría para aligerar el proceso de ponerme guapa.
Negué con la cabeza, ella gruñó, y me disculpé.
-No mucho, la verdad-murmuré. Esta vez había sido el turno de Louis de dormir plácidamente; yo había tenido calor, pero me había dado miedo despertarlo, porque necesitaba descansar, de modo que me quedé todo lo quieta que pude, rezando porque se diera la vuelta y me dejara alejarme un poco, saliendo así del horno crematorio en el que se convertía por las noches.
Se dio la vuelta.
A las 6 de la mañana.
Y le sonó el jodido despertador a las 7 y media.
Quise acordarme de toda su familia, pero estaba demasiado cansada como para hacerlo, de modo que simplemente me obligué a mí misma a ir al baño cuando él salió y ponerme toneladas de maquillaje en la cara con la esperanza de que no se sintiera culpable. Después, sus hermanas se encargaron de distraerlo suficiente como para que no notara mis continuos bostezos.
Luego había pasado lo del tatuaje, que me despertó lo suficiente.
Escuchamos de fondo a Harry anunciando las preguntas de Twitter. Lou miró el reloj, gimió:
-Joder.
Y se apresuró aún más. Silbó a una de las ociosas ayudantes, que se dedicaban a espiar a los chicos, y ambas corrieron a terminar con su trabajo. Deduje que entraría en poco.
Un chico joven, de sexualidad dudosa, se acercó a mí y se encargó de colocarme el repetidor del micrófono. Le tendí la mano para que me diera el micro en sí, pero él negó con la cabeza y señaló la puerta del backstage. Me lo darían nada más salir para evitar interferencias con los micrófonos de los chicos.
Me acerqué a donde me había señalado. Sobre una pequeña mesa que deduje se evaporaría en cuanto nos fuéramos de allí, había un par de auriculares para los oídos, de la misma forma, pero de tamaño menor, que el de los chicos.
Había tenido el detalle de poner LA en ellos, a modo de dibujo personalizado, igual que la bandera irlandesa de los de Niall o el símbolo de Batman en los de Liam. Me los coloqué y los activé; en seguida oí las transferencias de información entre los chicos y la mujer que se encargaba de decirles qué seguía, por si se les olvidaba. En ese momento, escuché mi nombre.
-Eri, ¿nos oyes?
Los chicos siguieron hablando como si nada; me pregunté si realmente estarían escuchando la transmisión o cabría la posibilidad de que se hicieran privadas.
Alcé el pulgar en dirección a Paul, que estaba en el escenario, controlando que ninguna fan consiguiera saltarse las defensas de seguridad y acceder a los chicos. Paul asintió y habló con su propio pinganillo.
-Bien, entrarás dentro de poco. Los chicos han recibido una petición de una canción, estamos dispuestos a concederla-ahora sabía que estaban hablando con todos. Zayn dio paso a la siguiente pregunta de Twitter, que consistía, nada más y nada menos, en que cantaran una canción de Grease.
Me acomodé el auricular y escuché dos veces a Louis decir lo mismo con un segundo de retardo en la oreja que ya estaba cubierta.
-Vaya, parece que sabéis de mi pasado, ¿eh? No es por fardar, tíos, pero yo hice de Danny cuando estaba en la escuela-se chuleó delante de los chicos, caminando frente a ellos y haciendo que las chicas gritaran hasta límites insospechados.
-Vale, creo que ya sabemos quién quiere ser la voz principal-anunció Liam, alzando las manos. Louis dio un brinco uy movió su codo hacia dentro, soltando un feliz "¡sí!".
-¿Qué canción cantamos?-inquirió Harry, tocándose la oreja. El estadio amenazó con caerse abajo debido a los gritos de las fans.
-Propongo una de coches.
-¿Coches? A las mujeres no les gustan los coches tanto como a nosotros, Niall-replicó el más joven de todos, sonriendo y pasándole una mano por los hombros.
-Chicos, después tenéis que presentar a Eri-murmuró la voz del auricular. Yo decidí ponerme el otro y aislarme totalmente del mundo. Las voces de los cinco me golpearon como un mazazo, era como tenerlos hablando dentro de mi cabeza, gritándole a mi cerebro.
-Bueno-empezó Louis-, pues este coche es automático...
Josh comenzó a golpear su batería mientras los chicos cantaban Grease Lightning. Se les veía venir, pero aun así, me descubrí bailando con Alba y Noemí detrás del escenario. Cuando la canción se acabó, un Louis jadeante me presentó a su público.
-Me alegro de que nos hayáis preguntado por Grease, porque tenemos una sorpresa para vosotras relacionada con la película.
-No lo está, Tommo.
-Cierra la boca, Malik, ¿quieres?-replicó Louis, poniéndole la mano en la cara y girándose a todo el estadio-. Como ya sabéis, en Grease tanto chicos como chicas cantan. Sabemos que hay bandas, pero sólo los chicos venimos en una banda. ¡Damas y caballeros, recibid con un fuerte aplauso a una gran amiga de One Direction: Eri!
Choqué las palmas con mis españolas y corrí al escenario. Alcé la mano y los saludé; los chicos estaban en el escenario separado. Los chillidos fueron ensordecedores; no todos eran agradables, pero bastantes eran de cariño.
-¿Cómo demonios voy a llegar hasta ahí? No sé volar, chicos-les dije. Niall empezó a dar brincos por el escenario, recorriendo su perímetro, con las manos a la espalda a modo de alas de una mariposa deforme. Me eché a reír.
-Una canción, y disfrutaréis en exclusiva de la primera colaboración de One Direction desde su salida de The X Factor-anunció Liam. Yo fui a sentarme en las escaleras que usaban en Little Things, y esperé mientras la plataforma los traía de vuelta durante Over Again.
Cuando aterrizaron, apenas tuvieron tiempo para bajarse de la plataforma voladora, cuando sonaron los primeros acordes de la canción que le habíamos robado a The Wanted.
Cuando llegó mi parte del estribillo, me levanté y me dirigí a ellos, que me hicieron sitio entre Louis y Zayn, que no paraba de mirarnos a los dos, esperando que hiciéramos algo.
Tengo que reconocer que el trabajo para poner a punto el escenario fue perfecto. Los focos brillaban como fuegos artificiales por todas partes, siguiendo el rimo y acompañando nuestros desacompasados movimientos (One Direction podía cambiar en muchas cosas, pero no iba a bailar), los brincos que dábamos Niall y yo, las poses de chicos duros de Harry, Louis y Zayn, y la manera de acerarse y dirigirse al público de Liam.
Supuse que las fiestas a las que todo el mundo asistía y que tanto furor causaban dejaban ese mismo sentimiento en tu interior. Me sentí llena, feliz, contenta por estar haciendo aquello. Miré a Louis cuando se acabó la canción; los seis nos fundimos en un fuerte abrazo, y yo me alejé después de quedarme pegada a él un segundo más.
Sonrió, me acarició la cintura y pidió el aplauso más fuerte de la noche para mí.
Las sensaciones se mezclaban en mi interior formando un torbellino que amenazaba con explotar y tragarme, pero no me importaba. Yo era feliz, feliz como puedes ser viendo los fuegos artificiales que ponen punto y final a una jornada de fiestas increíbles, bajo los cuales te declaras y te besas.
Las fiestas siempre acababan siempre de la misma manera: un fuego artificial mayor que sus predecesores, más ruidoso, luminoso y bonito que los demás, llenaba el cielo de brillo un par de segundos... y luego la oscuridad se lo tragaba para siempre.
Eso me terminaría pasando a mí.
Siempre había tenido la sensación de que mi historia era ese fuego.
Ahora, sabía que el fuego era yo.
Acababa de ser lanzada.
Estaba recorriendo el cielo.
Tarde o temprano, explotaría en la bola de luz más hermosa jamás vista.
Y luego, me sumiría en la oscuridad.

sábado, 31 de agosto de 2013

Cómo enamorar a una EriLautTommo.

"Voy a decirte algo que posiblemente te diga mucha gente. Y si estás pensado que si es sobre tu novela, si, es por ella. Quería decirte que ni sé cómo llegue hasta tu cuenta y, sinceramente, me importa poco. No sé si te di back o me lo diste tú, pero da igual. Sé por qué empecé a seguirte y la razones son varias, una de ellas es que me encantó tu forma de ser, o al menos como te muestras por twitter, otra es que eres asturiana. Y a mí, personalmente, me gusta encontrar a asturianos en twitter, me hace sentirme menos sola,¡cómo si hubiera pocos Asturianos en twitter, oiste! (sí ho, oí JAJAJAJA) El caso es que eso también fue algo que me llevó a seguirte. Gracias a una tarde aburrida empecé a leer tu novela, no tenia pensado ni pasar del quinto capítulo, la verdad, he intentado leer varias fanfics (y digo intentado porque no he logrado leer ninguna entera, me parecía todo demasiado a 'estas soñando, nena, baja de la nube') y bueno, tu novela tenía algo no sé, diferente a las demás, tu novela me enganchó. ¡Vaya si me enganchó! Me he pasado noches enteras leyendo para ponerme al día, por así decirlo y la verdad, no creo que haya malgastado ninguna hora de sueño por leerla, todo lo contrario, me ha echo desconectar del mundo un tiempo te doy gracias por ello, necesitaba desconectar de todo y encontré esa desconexión en tu novela. No te voy a mentir y te voy a decir que hubo momentos en los que me apetecía ir y matarte. Si te soy sincera, he llorado,¿cómo se te ocurre 'suicidarte' y no dar señales de vida en varios capítulos? La verdad es que me alegré muchísimo cuando resultaste ser Anastasia, pero quise matarte por hacerme llorar. Y bueno, todo esto que te estoy diciendo es, simplemente, porque necesito agradecerte de algún modo que me 'salvaras' de las cosas malas mientras leía tu novela. Y decirte, también, que escribes como los ángeles hija, no dejes de escribir, por Dios te lo pido. Ya te dejo en paz y dejo de petarte los MDs. Sorry, necesitaba decírtelo."
Yo necesito decirte un par de cosas, querida @gonzalez_b97.
1. Ha sido un auténtico placer "salvarte", de verdad.
2. Puxa Asturies!
3. Si lloraste con mi ese capítulo, prepárate para llorar al final. Soy una perra cruel, muy, muy cruel, y te adelanto desde ya, a ti y a todas las personas que estén leyendo esto, que reservéis las lágrimas para el final de Its 1D bitches.
4. Gracias a ti. ¿O debería decir "hagamos el amor muy, muy, muy despacito"? Y me da igual si no quieres.
A mí no se me enamora de esta manera y luego simplemente se me deja.