martes, 4 de diciembre de 2012

Tarántulas atropella-Albas.

No sé de dónde saqué la valentía suficiente como para llevarme un dedo a los labios y pedirles a las fans que  estuvieran calladas mientras me acercaba a los chicos por detrás, pero el caso es que la conseguí de donde fuera. Me daban pánico. Eran demasiadas, eran muchísimas, y yo sabía el tamaño que el odio cocinado en sus corazones podría llegar a alcanzar.
Debí de resultarles una criatura inofensiva, algo que no era demasiado peligroso, porque las que me vieron contuvieron los gritos de advertencia que les escalaban por la garganta y cerraron la boca, rompiendo su silencio solo para avisar a sus hermanas de que estaba acechando a los chicos, a mis presas, y que no quería que me estropearan la cacería.
Liam estiraba la cabeza para intentar encontrarme, por la puerta por la que siempre salía, la puerta por la que debería haber salido de no haberme apetecido dar un paseo para mirar tiendas, relajada, ahora que no tenía a mis amigas instándome a que caminara más deprisa.
Yo también echaba de menos a los  chicos, pero tenía curiosidad. Era la que menos veces se había encontrado en aquel aeropuerto (¿no había ido Noe una vez sin nosotras?), por lo que mi curiosidad aún no se había visto satisfecha. Después de corretear por las tiendas, mirándolas de lejos, cerciorándome de qué productos se vendían en cada lugar, me encontré con las espaldas de las fans, que esperaban impacientes mi llegada.
Los chicos se miraban entre ellos, esperando a que yo apareciera, pero Louis era el más peligroso. No se estaba quieto un segundo, giraba sobre sus talones, daba un par de pasos hacia delante y automáticamente rehacía el camino para colocarse en su lugar original, se giraba de vez en cuando a mirar a las Directioners, y varias veces se acercó a ellas con Niall o Zayn, y miraba en todas direcciones con expresión aburrida.
Como si esperara que yo apareciera por cualquier otro sitio. Parecía saber que estaba detrás de ellos, como si alguien le estuviera comentando mi posición exacta a cada minuto, y él disimulara la información que le estaban dando a  base de no poder estarse parado en el mismo sitio.
Me paré en seco y lo miré.
Danielle.
Danielle podía estar diciéndole algo.
Negué suavemente con la cabeza, de forma que nadie me vio hacerlo, tragué saliva y miré a las chicas. Algunas, las más alejadas de ellos, podían permitirse el lujo de observar todos mis movimientos; las que los tenían más cerca no tenían ese privilegio, o tal vez ni siquiera les apeteciera mirarme.
Yo también miraría a One Direction en vez de a una de sus novias acechándoles, la verdad. Debía ser justa en aquello.
Louis se detuvo un segundo, frunció el ceño, estudió el gran pasillo que tenía de frente, y sacó el teléfono.
Ahora, pensé, corriendo lo más sigilosamente que pude en su dirección, salvando los 20 o 30 metros de distancia prudencial que había dejado entre ellos y yo.
Llegué a toda velocidad a sus espaldas y azoté en el culo a Louis con toda la fuerza que pude. Las fans dejaron escapar su emoción contenida en se preciso instante en que Louis daba un brinco y hacía que sus compañeros se girasen al gritar:
-¡AH, JODER!
Se dio la vuelta y se me quedó mirando. Alcé el pulgar de la mano que no había sujetado la mochila en mi carrera y susurré, a modo de saludo.
-Louis CuloSobresaliente Tomlinson.
Niall se echó a reír, Louis se pasó una mano por las nalgas, y varias chicas se desmayaron ante ese hecho.
Probablemente Eri me arrancaría la cabeza a base de colgarme de los pelos desde el mirador del centro Óscar Niemeyer de nuestra ciudad,  pero aquello fue lo que menos me preocupó en ese momento.
-¿Por qué va lo de Culo Sobresaliente?-preguntó Zayn, burlón. Louis le lanzó una mirada envenenada, como diciendo no tiene ni puta gracia, hermano. ¿No acabas de ver  la hostia que me ha dado?
-Mi culo es el más bonito del universo-gruñó Louis entre dientes.
-¡NO LO SABES TÚ BIEN, LOUIS!-gritó una pelirroja con la cara casi tan roja como su melena, haciendo que todos nos echáramos a reír.
Me encogí de hombros.
-Eri os pone motes.
Louis sonrió.
-¿Por qué será que no me extraña que lo haga?
Di un par de pasos hacia atrás para evitar que Liam me cogiera la mochila, en un alarde de su caballerosidad infinita.
Liam sería un caballero aun siendo alemán.
Pero si unías su educación con el lugar donde había nacido...
Oh yeah, canturreó Harry en mi cabeza.
-Porque Eri es así de guay.
-Tenemos que buscarle un mote-sugirió el rizoso, echando a andar detrás de nosotros. Se llevó la mano a la barbilla y comenzó a pensar.
-¿Vosotras tenéis?-preguntó Zayn, observando distraído la pantalla de su teléfono, sonriendo ante un mensaje y tecleando rápidamente su respuesta.
-Sí. Noemí es Noemí Eduarda Estilos. Por Harry. En nuestro país de llamas Eduardo y te apellidas Estilos-expliqué. Los chicos sonrieron.
-¿Y tú?-me preguntó Liam, pasándome el brazo por la cintura y besándome lentamente la mejilla.
¡OH JESUCRISTO!
Cerré los ojos y sonreí.
-Alba Jaima Panoya. Porque te llamas Jaime. Y no encontraba traducción para Payne, así que sugirió Panoya.
-¿Significa algo?
-Panoya es mazorca de maíz en asturiano.
-Oh, nena. Tengo hambre-replicó Niall, llevándose una mano al vientre y mirando hacia el aeropuerto, lleno de puestos de comida.
-Alba...-empezó Harry, con su voz adormilada, tan suave que apenas le oí. Me giré para mirarlo, con las cejas alzadas, preparada para esperar media hora a que completara una frase. Pero ese era su gran encanto-. ¿Y Noe?
Fruncí el ceño.
-Me dijo que os lo había dicho. Sus padres la han obligado a ir a Cantabria-me encogí de hombros-. Lo siento chicos, hoy os ha tocado la muermo-bromeé, aludiendo a que yo no me ponía a suplicar que me hicieran una super estrella como mis dos amigas hacían.
-¿Muermo, tú? Por favor, Alba-Niall puso los ojos en blanco-. Tienes un acento gracioso.
-Es verdad-intervino Louis, abriéndome la puerta y haciendo un gesto para que entrara dentro-. Di supercalifragilisticoespialidoso, por favor.
-¡No!-repliqué, riéndome.
-Por favoooooooooooor-rogaron Zayn, el de Doncaster y el irlandés.
-¡No!
-¡Liam!-baló el moreno. Liam negó con la cabeza.
-Dejadla respirar, anda, no la agobiéis.
Se metió conmigo dentro del coche y unió nuestros labios. Cerré los ojos, disfrutando de su lengua persiguiendo la mía, de su mano en mi nuca, de la mía acariciando su pelo rapado al cero, el roce de su piel contra la mía...
-¡Eh eh eh eh! ¡Que hay más gente!-cacareó Louis, metiéndose en el asiento del copiloto y palmeando el asiento a su lado, donde Zayn no tardó en posar el culo.
-Tú haces lo mismo con Eri y ni Dios te dice nada-protestó Harry, encogiéndose de hombros-, así que déjalos en paz.
-Tú le metes mano a Eri con nosotros delante-le recordé. Louis sonrió.
-Es que le gusta.
-Más te gusta a ti.
-No lo dudes-negó con la cabeza y me guiñó el ojo.
-¡Y no se pone rojo!-espeté entre risas. Zayn negó con la cabeza, se giró un poco para mirarme mientras esperaba a que un semáforo que nadie sabía qué pintaba allí se pusiera en verde y me tocó la rodilla.
-Regla número uno de One Direction. Es imposible poner rojo a Louis. Nunca. Jamás se ha puesto rojo, y llevamos juntos... ¿cuánto, damas?
-Dos años y pico-contestó Niall, mordisqueándose las uñas hambriento, sin apartar la vista de la ventanilla para darnos un poco de intimidad a mi novio y a mí.
-Dos años, tres meses menos tres días-especificó Harry mientras yo echaba cuentas con los dedos.
-¿Cómo has...?-empecé, girándome a mirarlo. Me mostró triunfante la pantalla de su teléfono.
Había calculado los días exactos que hacía del 23 de Julio del 2010 con una aplicación, y con otra lo había pasado a tiempo estándar.
Todos asentimos.
-¿Para qué queremos Swag, si tenemos a Styles?-balaron Niall y Louis a la vez, este último se giró y chocó los cinco con el rubio.
-¡Ese Nialler!
-¡Ese Tommo!
-Os he traído una cosa-recordé en voz alta, casi más para mí misma que para ellos. Me incliné y comencé a revolver en la mochila en busca de la bolsa que había metido dentro justo antes de meterme en el avión.
-¿SE COME?-gritó Niall, bromeando.
Su cara de placer infinito fue épica cuando alcé la vista, le sonreí y asentí.
-¡OH DIOS MÍO, GRACIAS, GRACIAS!-bramó dentro del coche, haciendo que Zayn protestara que estaba conduciendo y que le había asustado.
Louis se giró a estudiar mis movimientos mientras sacaba una bolsa de una panadería y la pasaba las napolitanas de atún y jamón york y queso al irlandés, que soltó una exclamación ahogada cuando contempló su contenido.
-¡TE QUIERO!-gritó, introduciendo la mano dentro de la bolsa y sacando la primera napolitana, que empezó a engullir.
Louis estiró la mano y la metió dentro. Cogió otra y la sacó.
Niall le dio un mordisco a la que se llevaba Louis, llegando a alcanzar con sus dientes los dedos de este, que soltó un alarido.
-¡NIALL!-chilló. Sonreí y negué con la cabeza.
-¿Hay algo para mí?-lloriqueó Harry. Asentí y le pasé una cajita de pastas que recordaba le habían gustado cuando fueron a casa.
-Las ha hecho mi abuela-informé.
-¡CASERAS!-bramó Niall, girándose a coger las pastas de Harry, que le puso un pie en el cuello y estiró el brazo en dirección contraria a la bestia devoradora.
-¡SON MÍAS!
-¡Yo quiero algo también!-gruñó Louis, poniéndose de morros.
Le pasé un sobre.
-Lo hemos hecho entre las tres-le dije, mientras se dedicaba a inspeccionar el contenido de este, que no era otra cosa que un folio en el que habíamos escrito todas las cosas graciosas que había dicho con letras chulas, pintado varias palomas, zanahorias y un Hombre de la Luna, uno de los tres premios que les había concedido la Mtv.
-Oye, y una pregunta así, como quien no quiere la cosa-Zayn se encogió de hombros y todos lo miraron: Niall con una galleta de Harry robada a medio masticar en la boca, Harry con una napolitana y un arañazo en la mano, Louis con la pequeña carta de dibujos ante sus ojos, y Liam con mi brazo en la cintura-, ¿celebramos algo?
Me encogí de hombros.
-Que es la primera vez que me aguantáis a mí sola.
Liam sonrió y me besó el cuello. Louis le arreó un manotazo en la pierna.
-¡Que no hagas eso, que hay menores!
-Es a la menor a la que se lo estoy haciendo-espetó, burlón, girándome la cabeza y comiéndome la boca delante de Louis.
Cuando nos separamos, los chicos sonreían.
-Qué malo es el vicio.
-¿A que sí?
Liam jugueteó con la cadena del colgante que me había regalado, se mordió el labio inferior y suspiró una sonrisa.
-¿Y yo?-preguntó nuestro conductor.
Le tendí el libro de El Quijote que recordaba había dicho que tenía ganas de leer.
-¡Es prestado!-le informé, antes de tendérselo y que él asintiera con la cabeza-. Tendrás que devolverlo.
-Mi regalo mola más, porque se come-espetó Niall con la boca llena.
-Mi regalo mola más porque lo han hecho ellas-ladró Louis.
-Mi regalo mola más porque se come y lo ha hecho la abuela de Alba-Harry asintió con la cabeza.
-¡El mío es el que más mola porque no existe!-se carcajeó Liam, apartándome un mechón de pelo de la cara y colocándomelo detrás de la oreja.
-Tu regalo soy yo.
-Ah.
-¡QUÉ MAL HAS QUEDADO, QUÉ MAL! ¡TE QUEDAS SIN SEXO UN MES!-estalló Louis, y los demás se echaron a reír.
Le di una colleja al mayor del grupo y sonreí.
-Tengo regalo para Liam, pero no se lo voy a dar con vosotros delante.
-¿POR QUÉ?-estalló Zayn, haciendo sonar el claxon del coche.
-Porque no. Porque es privado.
-Le va a entregar el don de la naturaleza-murmuró Harry, sonriendo. Le lancé una mirada envenenada.
-Gilipollas.
-Mucho.
-¿No lo perdió hace ya tiempo?-preguntó otro.
-Dios-sonreí, ocultando mi rostro entre las manos. ¿Para qué me habría dejado embaucar por las chicas? ¿Por qué?
-Tíos-les llamó Liam-, vale.
Louis me acarició lentamente la pierna, y sentí algo parecido a un calambre cuando posó sus dedos sobre mis vaqueros con suavidad.
-Estamos de broma, Alba, ya lo sabes.
Asentí con la cabeza.
-Ya, es que... No sé. Me venís todos a la vez y me aturullo.
Niall me dedicó una sonrisa llena de dulzura.
-Son nuestros acentos, ¿verdad? Te cuesta pillar lo que decimos cuando gritamos a la vez.
Hice un gesto con la mano en su dirección.
-Exacto, yo... No os ofendáis, pero hay veces que no entiendo nada de lo que decís cuando os ponéis como locos.
-Oh, es normal. A mí también me costaba entender a Niall, no te preocupes-Zayn hizo un mohín y puso morritos cuando Niall le hizo un corte de manga y le mandó a freír espárragos.
-El caso-Louis se dio la vuelta y posó la cabeza en el asiento de Zayn, que lo miró preocupado-, es que cuando veas que no pillas lo que decimos, nos mandes callar, nos digas que hablemos todos a la vez...
-O empieces a desnudarte y ya verás cómo te prestamos atención-sonrió Harry, sin apartar la vista de su teléfono. Louis lo señaló con la palma de la mano orientada hacia el cielo y asintió con la cabeza. Liam la sacudió un momento.
-Es ahora cuando os rompo la cara por tirarle los tejos descaradamente a mi novia.
-No haberte dejado calvo. El pelo atrae a las mujeres. Científicamente testado-Louis se pasó una mano por el pelo y alzó las cejas en mi dirección. Tuve que echarme a reír, y Liam, aunque le pesó, terminó sonriendo ante eso.
-¿No ves el anuncio de H&S, donde el tío se echa el champú y van unas ninfas que acaban violándolo? Esto es lo mismo, pero más suave-explicó Niall, asintiendo con la cabeza.
-Qué conversaciones más normales tenemos, tíos. No va a querer quedarse sola con nosotros nunca más-se cachondeó Zayn, riéndose con la vista clavada en la carretera.
-No nos habéis oído a nosotras cuando estamos solas.
-Eri dice quedarse preñada cuando le toca el solo a Louis en la versión acústica de One Thing-Niall sacudió la bolsa de papel, disgustado porque no le había podido llevar más víveres, la hizo una bola y se la lanzó a Liam.
-¿Qué?-espetó Louis, abriendo los ojos como platos.
-¿No te lo había dicho nunca?
-No.
-Va a matarme-se rió el irlandés.
-Ya verás, cuando la vea mañana será lo primero que le diga. ¿Qué, Eri, qué pasa con mi solo de One Thing, eh? Me dará una bofetada, pero su cara antes de dármela será épica.
Apoyó la frente en la ventanilla del coche y estudió los árboles que pasaban a toda velocidad.
-Oh, míralo. Está enamorado.
Una media sonrisa apareció en sus  labios, pude verlo en el reflejo de su cara en el cristal.
-Iros a la mierda un rato.
-Ay, mi Louis, que tiene a su amada lejos. Ay, pobrecito-Zayn le palmeó la espalda, y éste lo miró.
-Muérete.
-Ay, pobre Louis, que Eri no ha venido a verle. Le han abandonado como a un cachorro de caimán-esta vez le tocó a Liam acariciarle el pelo.
-Me cago en mi madre, vale ya.
-Ay, Louis, Louis, que no vive sin su chica-se burló Niall.
-Al próximo que diga algo lo capo, ¿está claro?
Harry se quedó callado, no se metió con él.
-¿Harold?-inquirí, girándome. Negó con la cabeza.
-Mis pelotas son de uso y disfrute personal y único, no puedo reemplazarlas tan fácilmente, especialmente con Justin Bieber estando como está.
-¿Cómo está Justin?-gruñó Niall.
-A la que salta. Si no le doy sexo a Noe, Noe irá con él.
-Rizos es un chico listo-comentó Louis, volviendo a colocarse en la misma posición.
-Lo soy, Louisiana.
Louis suspiró, disgustado.
-Nada oye, queréis que cometa un homicidio hoy... pues se comete, habrá que hacerlo.
Todos nos echamos a reír.

No fue hasta cuando llegamos a Londres y Zayn comenzó a girar por las calles en dirección a casa  cuando se dieron cuenta de que mis regalos eran más bien una especie de obsequios que les recordaban mi amor por ellos, y que me ponían en buena posición en su lista de prioridades.
Tal vez el no haber podido esperar a buscarme una buena excusa ante la urgencia de mi situación fue el principal error, pero no era solo mi culpa: Erika también había insistido en que les diera los regalos en cuanto me fuera posible, solo para garantizarse una posible entrada, en el caso de que ellos la tuvieran.
-¿La premiére de Amanecer no es dentro de poco?-preguntó Harry, jugueteando con un osito de peluche que había encontrado en el coche y que nadie había sabido a quién pertenecía ni cuál era su misión. Me puse rígida en el asiento, con la mano de Liam aún en mi cintura, negándose a soltarme.
Louis levantó la cabeza y frunció el ceño, Niall miró primero al inglés y luego a mí, Liam se me quedó mirando, y estaba segura de que Zayn los habría imitado de no haber hecho que esto nos matara.
-¿Alba? ¿Hay algo que no nos hayas contado?
-A LA HOGUERA CON ELLA, HA INTENTADO COMPRARNOS-bramó Zayn, pitando de nuevo como loco-. Necesito un cigarro.
-Cállate, Zayn, conduciendo no. ¿Alba?-Niall se inclinó hacia mí. Tragué saliva.
-No os enfadéis, ¿vale?
-La última vez que Eri me dijo que no me enfadara terminé dándole voces-espetó Louis, malhumorado por sus recuerdos, o tal vez por mi actitud. Se hundió en el asiento y tiró de los cordones de la capucha de su sudadera hasta taparse la cara. Balbuceó desde su cárcel de algodón y elastano-: no fue agradable.
-No estábamos seguras de si tendríais entradas para Amanecer-me expliqué, intentando mirar mis uñas; alzar la vista y encontrarme con sus ojos  dolía, pero mirar a Liam me destrozaría por dentro, estaba segura. Me masajeó suavemente la cintura, incitándome a tranquilizarme... o a que lo violara allí mismo, no estaba demasiado segura de sus verdaderas intenciones.
Tragué saliva y continué.
-Es que... queríamos ir con vosotros... si tenéis entradas suficientes, claro-me apresuré a añadir, alzando la cabeza. Harry asintió, Louis bufó y se deslizó en su asiento.
-¿Qué le veis a eso?
-¿Quieres que te meta una bofetada?-gruñó Liam. Sonreí y le acaricié la mano.
-No os enfadéis, ¿vale?
-No me enfado, pero si queréis entradas, me las pedís-se explicó Louis, gesticulando como loco-. Quiero decir, seguramente yo no vaya a ver la película si Eri quiere verla, si no tenemos entradas de sobra, le daré la mía a ella.
-Yo la mía no te la doy-me avisó Liam, alzando las manos-. Necesito comentar las acciones de los lobos con Eri.
-Genial-repliqué, irónica-. Por eso no te he traído ningún regalo.
Liam entrecerró los ojos y me contempló desde lejos, como si no me reconociera del todo. Probablemente tuviera una chica sentada a su lado durante casi una hora y él no le diría nada por educación, por intentar no hacerla sentir una miseria.
-Eres mala.
-Muchísimo. Una cosa loca-le di un beso en la mejilla, porque él se apartó. Le tomé de la mandíbula y puse morritos-. Bobo.
-Mala-repitió él, sonriendo y haciendo pucheros.
-Ahí vuelven. Dios-Louis se hundió un poco más en su asiento, cerró la capucha y empezó a tararear un villancico.
-Tú eres peor con tu querida-le recordó Harry, alzando las cejas. Louis se giró, sin salir de su cárcel, alzó una mano en su dirección y le arreó una bofetada a Niall cuando este intentó cogerle la mano para hacerle cosquillas.
-Perdona-espetó, teatral-, pero yo con mi querida disfruto.
-Deja a Liam disfrutar de su querida-le reprendió Zayn, girando al a derecha. Louis le toqueteó la cara.
-Cierra la boca, no me des órdenes, que de momento el mayor soy yo. Pero, una cosa, Bradford Bad Boy... ¿habrá que ir afeitándose, eh?
-Vete a la mierda-replicó Zayn, apartándolo de un codazo. Louis se puso a toquetear el coche, aburrido.
-Todavía nos estrellamos por culpa de Tommo-Niall negó con la cabeza, y el mayor de la banda se giró en dirección a la voz del irlandés.
-Nialler, Nialler, dulce e inocente Nialler. Somos inmortales.
-¿Te tiramos por un puente, a ver si eres inmortal?-sugerí, burlona.
Louis me hizo un corte de manga.
-No se experimenta con dioses, nena.
-Qué creído eres.
-¿No te lo ha dicho Eri?-replicó él, abriendo un poco el agujero de su capucha para taladrarme con sus ojos azules-. Creído es mi segundo nombre.
-Es William.
-Pues el tercero. ¡Joder! Si es que son todo inconvenientes, macho-gruñó en medio de su rabieta. Niall le tendió una pasta que le había enviado Harry-. ¡Quita, coño! ¡No quiero nada de la española puñetera esta!
-Louis...-Liam suspiró, negando con la cabeza.
-Oye, es todo de buen rollo, ya me conocéis.
-Da igual.
-¿Te he ofendido, nena?-Louis se giró, se quitó la capucha y se me quedó mirando.
-No.
-¿Por qué?
-Porque sé cómo eres.
Louis hizo un gesto con la mano en mi dirección, alzando las cejas a Liam, diciendo ¿lo ves? ¿lo ves? a lo que mi novio respondió mirando al cielo y negando con la cabeza, divertido.
Choqué los cinco con Louis y los dos nos echamos a reír.
-Liam no puede contigo, BooBear.
-Nadie puede conmigo-rectificó él.
Zayn asintió con la cabeza, Niall sonrió dando su aprobación, Liam bufó... y Harry siguió sacudiendo la cabeza al ritmo de la música, como si no pasara nada.
Llegamos a casa entre risas, besos y caricias (pero eso solo con Liam), Zayn metió el coche en el garaje y todos salimos lo más rápidamente posible, como si de repente supiéramos de la existencia de una bomba en el vehículo.
Louis revolvió en sus bolsillos en busca de las llaves, sacando la lengua debido a la concentración, mientras Liam se giraba hacia mí.
-Cierra los ojos-me ordenó.
Obedecí, pero en cuanto sentí que se daba la vuelta, inspeccioné el terreno entrecerrándolos simplemente. Oí la risa sarcástica de Harry, Liam se giró a mirarlo, obligándome a cerrar los ojos.
-Yo de ti no me fiaba de una mujer, hermano-le espetó Louis, casi pude ver la cara que puso al decir eso; la misma cara del anuncio de Pepsi, cuando le soltaba a Drew Breese ¡álbum de platino!, girando la cabeza ligeramente hacia un lado, como diciendo No es mi culpa, como si no hubiera roto un plato en su vida.
Torcí la boca.
-¿Por qué? ¿Tú no te fiarías de Eri si le pidieras que cerrara los ojos?
-La conozco lo suficiente como para saber que si le digo que cierre los ojos se pone un par de lupas en la cara y empieza a inspeccionarlo todo.
-Me estoy imaginando a Eri con dos lupas pegadas en la cara. Es divertido-como queriendo apoyar esta afirmación, Niall comenzó a reírse como loco.
Sonreí.
-No es que le tenga especial odio a la oscuridad, chicos, pero, ¿puedo abrir los ojos ya?
-¡No!-protestó Jim... digo, Liam.
Apretó sus dedos en torno a mi mano y me arrastró tras él, avisándome de dónde había escalones, dónde tenía que apartarme a un lado, pues allí estaba el perchero... vamos, como si fuera la primera vez que entraba en casa, y no fuera capaz de andar por ella con los ojos cerrados o una pierna pegada a la otra.
-¡QUIETOS!-bramó Zayn, sentí a Liam dar un brinco a mi lado y quedarse de piedra. Alguien me colocó las manos en los ojos para que no pudiera ver, pues ya había empezado a abrirlos.
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa?-inquirí, curiosa, notando cómo me iba destrozando por dentro aquella llama de curiosidad infernal-. ¿Qué pasa?
-Nada-espetó Liam, y luego se dirigió a los demás-, y vosotros, cogedlo y guardadlo.
-¡CÓGELO TÚ, NO TE JODE, MIRA CÓMO CORRE ESTE BICHO!-ladró Louis, que de repente estaba muy lejos. Jadeaba.
-¡¿QUÉ BICHO?!-espeté.
Harry habló detrás de mí; claro, sus manos eran muy grandes, él era el más indicado para arrebatarme la visión.
-Intenta cogerlo tú, yo me quedo con ella. Me aseguraré de que no se mueva.
-¿Coger qué?
Liam me soltó la mano y, un par de segundos después, algo peludo y blando se estampó contra mis piernas, se revolvió y salió disparado.
Chillé, di un brinco hacia atrás y me pegué a Harry lo más posible; los dos chocamos contra la pared.
-¿QUÉ ES ESO? ¡OH, DIOS MÍO, ¿¡QUÉ COÑO ES ESO!??!-grité, en un ataque de pánico, grité tan fuerte y tan de seguido que Harry, en un acto reflejo, bajó su mano hacia mi boca y me tapó la cara entera con aquellas pinzas.
-Oh, Liam, no me jodas, dáselo hoy-suplicó Zayn-, tampoco va a pasar nada porque no se lo des mañana.
-Sabemos que vuestro aniversario es mañana, pero porque se lo des hoy no se va a perder la ilusión.
Me dio un vuelco el corazón, y sonreí. Seguramente Hazza notara mi sonrisa, porque me destapó la boca y me acarició el cuello lentamente.
Podría acostumbrarme a eso. A tenerlos para mí sola, quiero decir. Se estaba a gusto cuando todos te acariciaba, te tocaban como si fueras única, y esas cosas. Molaba.
Ahora entendía por qué Erika y Noemí se peleaban tanto por la atención de los chicos. Normal que lo hicieran, yo también mataría por sentirme todos los días como me sentía en ese momento: única y apreciada por los cinco chicos que más me importaban, el centro de atención de mis mejores amigos.
De One Direction, los cinco chicos más románticos que existían (con permiso, eso siempre, de Ed Sheeran).
-¿Liam? No podemos escondérselo-le recordó Louis.
Liam bufó, y Harry me quitó las manos de los ojos. Mi novio dio un par de pasos en mi dirección, me tomó de las manos y me taladró con la mirada.
-Mañana hacemos cuatro meses-me informó. Alcé una ceja, parpadeé lentamente y susurré:
-No me digas, Liam. No estaba presente cuando empezamos a salir.
Se echó a reír.
-No sabía qué regalarte, pero me dieron algo, y bueno... quiero...
Niall carraspeó. Louis sonrió, hizo un mohín y esperó a que Liam pusiera los ojos en blanco.
-Está bien. Nos han dado algo, y quiero que lo tengas tú.
-¿Qu... qué?-pregunté, frunciendo el ceño.
Entonces caí en la cuenta.
La bestia que me había golpeado.
La cosa peluda.
¡OH, JESUCRISTO!
¿UNA TARÁNTULA? ¿ERAN ASÍ DE GRANDES?
Sí, los chicos estaban mal de la cabeza, pero... ¿hasta ese punto?
Hola, Alba, uno de ellos dijo que se llamaba Jennifer en una entrevista, tiene una paloma de mascota y elige a sus novias por sus gustos alimenticios, en serio, ¿HOLA, ALBA? ¿HOLA? ¿ONE DIRECTION, NORMAL? ¿HOLA?
Tragué saliva.
-El caso es que no conseguimos pillarlo-Liam se rascó la cabeza, arañando su pelo prácticamente rapado. Lo estudié con ojos como platos.
Me dejaba mucho más tranquila saber que tenían una tarántula gigante suelta por casa.
-¿Por qué te mira así?-Louis frunció el ceño-. ¿No le gustan?
Clavé los ojos en el mayor, con un único pensamiento cruzándome la cabeza: ¿cómo COÑO iban a gustarme las tarántulas gigantes que te atropellan a la mínima de cambio? ¿CÓMO?
Liam me tomó de la mano, sin hacer caso de Louis, y me arrastró al salón. Cuando pasamos junto al marco de la puerta, tuve que controlarme seriamente para no clavar mis uñas en él y ponerme a chillar como una condenada.
Zayn acechaba algo detrás del sofá; las rodillas flexionadas, la espalda inclinada hacia delante, y las manos extendidas, imitando unas garras. Nos miró un segundo, con ojos de cazador.
-Sh. Quietos. Casi lo tengo.
Dio otro paso hacia delante, y el bicho al que estaba acechando brincó, saliendo de su escondite en el sofá.
No era un bicho.
Era un conejito.
Un conejito pardo, con orejas pegadas a su precioso lomo, acariciando su suave pelaje.
El conejito más guapo que había visto en mi vida.
Zayn se abalanzó hacia él, pero el conejito brincó hacia un lado, haciendo que el moreno se estampara contra el suelo.
-Oh-repliqué yo ante el leñazo que se había metido mi amigo-, oh, qué cosita.
Solté la mano de Liam y me encaminé a la pequeña bolita celestial, muy despacio para no asustarle.
-Hola, hola pequeño-le susurré. El conejito se me quedó mirando, parpadeó, meneó sus orejas y sacudió su nariz de forma frenética.
-Oooooooooooooooooh-repliqué yo.
-¿Por qué hace eso si no le gustan los conejos?-inquirió Louis, poniéndose de puntillas para ver al conejito.
Extendí la mano, y la pequeña criaturita no se movió.
Di un paso en su dirección, y el conejito se limitó a sacudir una pata. Me agaché y toqué su suave frente, lanzando otra exclamación.
-Ooooooooh.
Me observó con ojos almendrados como platos, esperando que me pusiera a perseguirle como aquellos demonios ingleses. Hundí mis dedos en su pelo pardo y lo acaricié suavemente.
Parpadeó, satisfecho con mi contacto, incluso no intentó huir de mí cuando alargué el otro brazo y lo alcé en volandas.
Todos me miraban con ojos como platos, sorprendidos de que el conejo me hubiera dejado entrar en su círculo íntimo de amistades.
-¿Cómo has...?
-Es macho-le recordó Harry, sentándose en el respaldo del sofá-. Le gustan las mujeres.
-¿Cómo se llama?-inquirí yo, acercándome a los chicos y dándole un beso al pequeñín en la cabeza, y a mi novio en los labios.
-Horace-soltó Liam, casi parecía estar excusándose.
-Es un nombre horrible.
-Tú hoy vienes buscando pelea, ¿eh?-soltó Tommo. Sonreí y alcé las cejas.
-¿Se lo has puesto tú?
-Sí.
-Pues es horrible.
-Búscale tú uno, tía lista, si tan feo te parece su nombre.
Observé los ojos color pistacho de mi pequeño, acariciándole detrás de las orejas.
-Arena.
-¿QUÉ?-gritaron todos a la vez, todos salvo Niall.
-Arena. Sand.
Fruncieron el ceño.
-¿Cuál?
-Suena mejor Arena, así que Arena.
-Pero...
-¿No es mío?-inquirí. Liam asintió frenéticamente, mirando a Louis, que terminó imitándole, desganado-. Se llama Arena. Y punto.
Arena se revolvió en mis brazos, visiblemente contento por su nuevo nombre.
-¿Puedo llamarle Horace hasta que aprenda su nombre en español?-preguntó Lou.
-No-repliqué, tajante.
-¿Y Sand?
-No.
-¿Sandy?
-No.
-¡PUES SEGUIRÉ LLAMÁNDOLE HORACE!
Hice un sonido de disgusto y me senté en el sofá a mimar a mi pequeño nuevo compañero. Liam se sentó a mi lado y hundió los dedos en la alfombra que era su  lomo. Arena se volvió a mirarlo con ojos de asesino en serie. Me eché a reír.
-Este conejo es muy expresivo.
-Nos odia-replicó Zayn-. Ha mordido a Niall.
-Muy mal, Arena. Eres un niño muy, muy malo-repliqué, alzándolo sobre mí y acariciando su nariz con la mía-. Muy mal, Arena. Tienes que portarte bien.
-Disculpadme mientras voy a darme cabezazos contra la pared porque no hay Dios quien entienda a esta chica-espetó Louis, descruzando los brazos y marchándose del salón.
-Arena le queda bien-susurró Liam contra mi oído. Me estremecí. Liam más su acento más español más susurros en el oído, ¿cómo no estremecerse?
Me apartó el pelo del cuello y me besó lentamente.
-¿Te gusta?
Los chicos fueron desapareciendo lentamente, hasta dejarnos solos en el salón.
-Me encanta-sonreí-, es perfecto. Gracias.
-Tú sí que eres perfecta-replicó él, besándome lentamente en los labios.
Arena tuvo un espasmo en su pata trasera.
-¡Arena!-le recriminé. Me miró con cara de desdicha, así que abrí los brazos y le dejé correr libre por el salón. Seguramente estuviera buscando a Louis para compartir una zanahoria.
Liam me tomó de la cintura y me pegó contra él. Sentí sus abdominales duros contra mi vientre, su pecho contra el mío. Suspiré, volviendo a estremecerme.
-Es como nuestro hijo-bromeó, observándolo corretear por delante del sofá. Sonreí mientras el bicho desaparecía, llamado por Louis... con su viejo nombre.
-Es normal que huyera de vosotros. Menudo nombre le pusisteis-alcé una ceja. Liam se encogió de hombros.
-Sabía que se lo cambiarías en cuanto llegaras a casa, así que no discutí con Tommo por ello. Las mujeres mandáis aquí, aunque no estéis prácticamente nunca.
Apoyé la cabeza en su hombro y le besé lentamente el cuello. Clavó sus dedos en mi cintura, haciendo que soltara un pequeño gemido.
-Así que nosotras mandamos, ¿eh?
Liam sonrió.
-¿Qué no hemos hecho por vosotras?
-Muchas cosas-repliqué, llegando al lóbulo de su oreja y mordisqueándolo suavemente.
-Cambiaré la pregunta. ¿Qué no haríamos por vosotras?
-No lo sé-jadeé mientras le acariciaba el pecho-, dímelo tú.
Se giró y me miró.
-Nada, absolutamente nada. No hay límite a lo que yo haría por ti, mi vida.
Le pasé las piernas por sobre las suyas, él me las sujetó sin romper la conexión ocular.
-Quiero hacer el amor contigo-susurré. Las comisuras de su boca se alzaron.
-Vamos a la cama, pues.

Liam se frotó las manos después de lanzarme mi camiseta, que había volado de un extremo a otro de la habitación.
Lancé un suspiro de fastidio cuando se pasó una por los hombros y la estiró, ocultando su perfecto torso.  Me miró, divertido.
-¿Qué?
-En ocasiones preferiría que fueras por la vida un poco más como Harry y un poco menos... como tú-me encogí de hombros, comprobando que mi camiseta estuviera perfectamente colocada, y cerré los ojos. Me cepillé el pelo con las manos, deshaciendo los nudos que él mismo me había hecho, y sonreí al comprobar cómo habíamos dejado la cama.
Él también miró las sábanas.
-Las camas así molan.
-Mola más el proceso por el cual las dejas así.
Se echó a reír, se sentó en la cama y se inclinó hacia mis labios.
-Usted perdone, señorita estudiante de ciencias.
-Perdonado queda-repliqué yo. Su sonrisa se ensanchó un poco más y acarició la mía lentamente.
Louis llamó a la puerta, impaciente.
-¡ROMEO! ¡JULIETA! ¡MOVED EL CULO! ¡LUEGO EL QUE TARDA SOY YO!
-Puedes entrar, Lou-le confió Liam.
Louis abrió la puerta, tapándose los ojos.
-¿Estáis  vestidos? ¿Eh? ¿Estáis vestidos?
Comenzó a gritar el nombre de Niall para confirmar que, efectivamente, podía mirarnos.
Separó un poco los dedos de la mano y nos miró entre ellos. Asintió con la cabeza,  y nos dedicó una sonrisa socarrona.
-Venganza. Dulce venganza.
-Ya habíamos acabado.
-Lo sabemos.
-Lo sabe medio vecindario-espetó Zayn, pasando por detrás de Louis en dirección a su habitación. Louis se giró, lo miró divertido y asintió con la cabeza.
-¿Tanto se nos oye?-gemí, dejándome caer en la cama. Liam se giró a mirarme, siempre sonriente.
-Eri y Louis son peores-Zayn volvió a pasar detrás de Louis, solo que en dirección contraria. Louis se giró a mirarlo.
-La cría no se controla, porque soy el mejor de la casa.
-Permíteme dudarlo-espetaron Zayn y Harry al unísono, el rizoso desde su habitación, a gritos, y el otro abrazando la cintura de Louis.
-Hazza y Noe son listos porque se alejan de nosotros para sus juegos de masoquismo.
Un peluche pasó volando, intentando impactar a Louis.
-¡Eres muy gilipollas, Tommo! ¡Muy gilipollas!
Louis se encogió de hombros mientras Zayn recogía el peluche.
-¿De dónde es?
-De Dallas, creo-Liam se encogió de hombros.
-¿Dallas?
-Nos lo tiraron al escenario. No íbamos a dejarlo ahí.
-Como a Horace-se burló Louis.
-Me dijisteis que os lo dieron.
-Nos lo dieron en agradecimiento a nuestra visita a un refugio de animales.
Asentí.
-Guay.
-Está sano, eh-me aclaró mi novio, extendiendo las manos.
-Vale, vale.
Me incorporé y me arrastré fuera de la cama. Louis y Liam se giraron para que me pudiera poner los pantalones.
-Tampoco me molesta tanto que me veáis en bragas, no hace falta que hagáis eso. Al fin y al cabo, los dos habéis visto lo que tengo yo.
Oh, por favor, que se giraran para mirarme. Quería ver si yo tenía el mismo efecto que ellos en mí, si deslizarían sus ojos por mis piernas bien trabajadas, admirados por su firmeza.
-Deja, mujer.
-¿Estás vestido, Louis?
-¿QUÉ PASA? ¿NO PUEDO IR ASÍ?-respondió a Liam el interpelado, alzando un poco la cabeza. Zayn se tapó el oído.
-No grites, tío.
-Perdón, como estoy medio sordo, casi no me oigo.
Me subí la cremallera de los pantalones y les dije que podían girarse. Se dieron la vuelta a la vez, con los brazos cruzados delante del pecho, como dos gorilas de discoteca.
-Niño. Vete a la mierda un rato, anda-gruñó Zayn a Niall, que se había acercado por detrás y se dedicaba a hacerles cosquillas.
-Nada oye, hoy queréis que os pegue una paliza y os voy a tener que pegar una paliza-sonrió Louis, pasándose una mano por el pelo y mirando al irlandés.
Los ovarios de Eri explotaron en su casa.
Liam los empujó fuera para poder salir.
-¿El conejo? ¿Dónde lo habéis metido?
-Está en su jaula, para que no mordisquee el sofá-explicó Niall, con una mirada de eficiencia. Liam asintió.
-Le he dado dos zanahorias a ese bicho tuyo. A ver cómo me las pagas-Louis alzó un dedo acusador en mi dirección, acusándome de un crimen terrible.
-¿Con otras dos?
-Me vale.
Harry fue de su habitación al baño.
En calzoncillos.
-¡VÍSTETE, HAROLD! ¡VAMOS A LLEGAR TARDE!
-Si ya llegamos tarde-gruñó el otro con su voz adormilada. Cerró la puerta.
-¿Puedo echarla abajo?-preguntó Niall. Louis y él se acercaron a ella y empezaron a aporrearla.
-Joder-bufó mi chico, yendo con ellos y apartándolos de la puerta.
-Harry...
-Diez minutos. ¡Diez minutos!
-Cinco.
-Está bien.
-¡CORRE, CORRE, MALDITA SEA, CORRE!-bramó Zayn. Louis se echó a reír.
-Puto Zayn-sacudió la cabeza.
Mientras los chicos se chillaban unos a otros que debían mover el culo con más rapidez, bajé las escaleras, y fui hasta la cocina. Cogí otra zanahoria de la nevera, la piqué en taquitos y se la introduje a Arena en su jaula.
Arena se me quedó mirando.
-No le digas a Louis que te lo he dado, ¿quieres?
De un brinco, se acercó al platito donde había caído su comida, la olfateó y empezó a roerla. Metí el índice entre las barras de hierro y le acaricié la cabeza mientras se afanaba con sus aperitivos.
-Mi pequeño, mi bueno Arena.
Alzó la cabeza y se me quedó mirando, seguramente pensando que su ama estaba loca por hablar con gente de su clase.

Negué con la cabeza y me eché a reír cuando recordé lo bien que me lo había pasado con ellos en el gimnasio, descargando la tensión acumulada durante el ensayo, al que habíamos llegado con 23 minutos de retraso. Liam había soltado una mueca de disgusto cuando su coreógrafa les recriminó haber tardado tanto en aparecer, había alzado las manos al aire y había dicho que había hecho todo lo que estaba en su mano.
Lo peor no había sido eso, lo peor fue controlarme tan duramente, controlar mis ganas de ponerme a chillar como una loca, porque el ensayo era uno de los primeros de la gira de Take Me Home.  Yo había escuchado el disco completo, y Liam más o menos me había contado los pasos que iban a dar, pero una cosa era que Liam te contara los pasos y otra muy distinta era verlos en la realidad, ver las caras de concentración de los cinco cuando su coreógrafa les corregía para luego ver sus sonrisas de felicidad cuando hacían estrictamente lo que a ellos les daba la gana.
Como castigo, la coreógrafa les ordenó meterse en el gimnasio a machacarse, algo que a ellos no les importó en un principio.
Yo me puse los cascos y empecé a seguir los pasos que, si mi memoria no me fallaba, dábamos en aeróbic.
Dejaron sus pesas, sus cintas de correr y se acercaron a mí a mirarme en el espejo.
-¿Qué haces, niña?
-Bailar-grité por sobre la música, lo que provocó que dieran un par de pasos hacia atrás. Vaya, solo yo escuchaba mi música; no tenía por qué gritar.
Me quité un auricular y los miré mientras abría las piernas, las cerraba y las volvía a abrir.
-¿Queréis que os enseñe lo que hacemos las chicas en aeróbic?
-Suena bien-Niall parecía emocionado, y no necesitó que lo invitara para empezar a seguir mis pasos, de una forma muy torpe.
-Bueno, yo voy a tumbarme ahí detrás-Lou señaló con el pulgar sobre su espalda a la pared- y a disfrutar del espectáculo.
-Tú bailas también, Swagmasta.
Louis dejó escapar un suspiro de disgusto, y todos empezaron a seguirme.
Les costó lo suyo mantener mi ritmo durante la hora que me pasé yendo para delante, para atrás, haciendo los típicos movimientos (¡mango!, ¡caja! ¡satsé! ¡dos steps!) que llenaban mis tardes del martes y el jueves.
Lo mejor fue cuando empezaron a quitarse la camiseta, terminé yo sola delante de cinco chicos con el torso descubierto, perlado de sudor, luchando por contener mis hormonas adolescentes que me chillaban que era un momento óptimo para perder la virginidad en cuanto a orgías se refería.
Lo conseguí, muy a mi pesar de mis hormonas, y de otros sitios que no mencionaré por la posibilidad de la presencia de menores por aquí.
Una vez acabamos el ejercicio, Louis me miró.
-¿No ibas con Eri a esto?
Asentí.
-¿De verdad me estás diciendo que Eri hace esto? ¿Eri? ¿La que viene contigo los fines de semana a Inglaterra, la chica que no quiere salir casi nunca de casa? ¿La que se tira leyendo tardes y tardes? ¿Esa Eri? ¿Mi Eri?
Se había ido inclinando poco a poco hacia mí hasta tener nuestros ojos a la misma altura.
-Vaya que sí.
Su labio inferior sobresalió.
-Eso explicaría muchas cosas.
-¿Qué cosas, Louis?-preguntaron los demás.
-Cosas en general-se había encogido de hombros, dejándome con la curiosidad, aunque me hacía a una idea de a qué se refería.
Estiré la mano y me metí una patata frita en la boca mientras escuchaba a Louis.
-Dios, en serio, os lo digo de verdad, yo por mí apuñalaba esa mujer. Si me muevo mejor que Mick Jagger, ¿qué viene a decirme esa nada?-gruñó, disgustado, sacudiendo la cabeza.
-Diles que te den un micrófono de estos que se enganchan al oído y que bailas tú solo-bromeé, dándole un codazo. Sonrió.
-Tampoco soy tan hiperactivo, ¿no?
-Pareces un conejo que ha tomado demasiado café-soltó Zayn, mirando de reojo a Arena, que en esos instantes rumiaba una hoja de lechuga de mi hamburguesa que yo había rechazado.
-Iros a la mierda. Los cinco. Podéis morir cuando queráis.
-Pero si es divertido verte actuar, Lou-le dije, acariciándole el brazo. Se apartó.
-Quita, traidora; Ana Bolena, que eres Ana Bolena, mala. Muy mala.
Niall soltó una risotada.
-En serio, Louis, si siempre lo dices cuando miramos nuestras actuaciones para corregir las coreografías: Tíos, tíos, parezco una ardilla borracha. ¿Por qué coño no me decís nada?
Todos nos echamos a reír, Louis sonrió y dio un largo sorbo de su botella de cerveza.
-Yo creo que vuestra pesadilla es que un día nos ofrezcan micrófonos de esos y que nos suelten en el escenario, a ver qué pasa.
Harry sonrió, metiéndose un nugget en la boca.
-Pues que no paras quieto un segundo y te da un ataque al corazón, fijo.
-Sí, como hoy, ¿no?-intervino Liam-. Oíd, yo no estoy para estos trotes, tengo 20 años ya, ¿sabéis? No soy un puñetero adolescente como vosotros, yo quiero un ritmo más de persona, no de máquina bebedora de Coca Cola, gracias por vuestra atención.
Me doblé hacia delante con los ojos anegados en lágrimas, escuché las carcajadas de Niall a mi lado, y sus palmadas divertidas. Harry se había dejado caer hacia atrás, Zayn no paraba de sacudir la cabeza, Louis nos miraba a todos.
-Qué guays sois. Va en serio. Mola que os tengáis que meter conmigo para reíros un rato. Podríais esperar a que me emborrachara, al menos.
Como si deseara ese final, se terminó su segunda botella de cerveza y la tiró lejos, donde había lanzado la otra. Resonó al chocar contra el suelo, y se oyó un pequeño tintineo al alcanzar a su gemela, que se había detenido en la pared del ático.
Abrió otra en seguida.
-Eres muy grande, hermano-Zayn le palmeó la espalda y le pasó un brazo por los hombros-. Eres muy, muy grande.
Louis se llevó las manos a las mejillas.
-Oh, ya basta, Bradford, terminaré creyéndomelo.
Zayn le estampó un sonoro beso en la mejilla, Niall silbó.
-Qué bello eres, joder.
Louis se echó a reír.
-Puta Eri-murmuramos él, Zayn y yo al unísono. Nos miramos y sonreímos.
Niall alzó su cerveza, que estaba a punto de acabarse. La primera.
-Por nuestras mujeres-dijo, mirándome fijamente. Busqué mi botella de Pepsi y la alcé.
-Por las cinco-añadió Louis-. Las tres que ya conocemos y las dos que tenemos que encontraros.
Niall apuró su cerveza y la lanzó donde la de Louis.
Arena contempló el lugar de donde venía aquel escándalo tan agudo.
-Creo que tengo a la cuarta-sonrió misterioso. Harry fingió atragantarse.
-¡CUÉNTANOS, OH NIALL DE LAS PRADERAS IRLANDESAS! ¡CUÉNTALES A TUS INGLESES Y TU ESPAÑOLA!
Niall se encogió de hombros.
-¿Recordáis aquella chica de pelo negro y ojo verdes que vino a darme un oso de peluche el fin de semana tras mi cumpleaños?
Ellos asintieron, yo asentí también, aunque no tenía ni idea de quién nos decía.
-El caso es que el oso tenía una carta dentro-se encogió de hombros y le pidió a Zayn una cerveza; la atrapó al vuelo-. La leí, ponía su Twitter, empecé a seguirla y... bueno...
-¡NIALL HA LIGADO! ¡OH DIOS MÍO!-bramó Zayn, dándole unas palmadas en la espalda. Niall se sonrojó.
-Niall, antes de que le des tu don de la naturaleza, primero tiene que pasar la...redoble, Harold, por favor-pidió Louis. Harry cogió dos pajitas y se dedicó a darle golpes rápidos y rítmicos a su lata-. Gracias.... ¡Prueba de fuego de One Direction!-clamó, alzando las manos y agitándolas en el aire.
Sonreí.
-Es Directioner-se limitó a decir Niall.
Todos clavaron sus ojos en él.
-Cásate con ella-le instó Liam.
-Yo también lo soy-le recordé. Me miró a los ojos.
-Cásate conmigo.
-Oh, qué bonito, joder, qué bonito-replicó Harry.
Sonreí y me incliné hacia Liam, a modo de respuesta.
-¿Eso es un sí?
-Es un ya me considero la señora Payne-espetó Lou.
Me eché a reír, pero noté cómo me iba sonrojando a la velocidad de la luz. Liam me besó la mejilla.
-Voy a emborracharme a vuestra salud-intervino el mayor de todos. Zayn alzó su botella, dándole la razón.
-Nunca te he visto borracho, Lou-repliqué yo, alzando una ceja. Louis bebía, bebía como nadie, bebía más que todos nosotros juntos, y sí que es cierto que había veces que se le notaba el punto... pero nunca lo había visto borracho de decir ¡mira cómo va! ¡Pero si está a dos segundos del coma etílico!-¿Te ha visto Eri alguna vez?
Puede que cuando fuera a Doncaster se desmadrara, seguramente se iba a desmadrar  dentro de dos días, el domingo por la noche, para celebrar su vuelta a casa y coger fuerzas para el partido del lunes... seguramente se hubiera desmadrado ya antes con su novia cerca.

-Soy super imbécil cuando estoy borracho, así que no me vas a ver nunca borracho con Eri cerca...-se quedó pensativo un rato-, bueno, con mujeres cerca en general. Excepto las rusas. Con las rusas sí que me emborracho.
-¿Qué rusas?
-¿No te lo han dicho? Entre semana tenemos un grupo de rusas en casa, son nuestras amantes, la mía es la nieta de la princesa Anastasia. Igual que vosotras venís en los fines de semana, ellas lo hacen entre semana, y así tenemos todo el sexo que queramos. Lo único es que hay que mantenerlas, y son muy, muy caprichosas. Eri me está saliendo barata comparada con la rusa; la otra me sale a anillo con un diamante del tamaño de un pomelo por polvo. Menos mal que los que echa, los echa bien.
Asintió con la cabeza, yo lo miré con los ojos entrecerrados y una sonrisa en los labios.
-¿Qué acaba de pasar aquí?-espeté-. Estábamos hablando de tus borracheras.
Se encogió de hombros.
-Un día bebí demasiado, sí, pero no me emborraché. Iba contento, se me notaba un huevo que había bebido, pero... no sé. No iba borracho, porque me acuerdo de todo, y más o menos me controlaba. Así que nunca me he emborrachado con vosotras por aquí.
-Pilló una mierda el día que firmamos el contrato con Modest que igual alucinas-me confió Niall. Me eché a reír.
-¿De veras?
-Con decirte que no me acuerdo de nada de lo de esa noche...
-Fueron dos.
-¿BORRACHO DOS DÍAS? Eres una leyenda, Lou.
-Dos días de seguido no. Me emborraché, me acosté, se me pasó; volví a emborracharme la noche siguiente.
-Qué arte tienes, Louis, joder.
-Ya lo sé-me guiñó un ojo y bebió un sorbo de su cerveza.
-¿Cuántas aguantas?-pregunté, señalando las otras dos.
Estudió la botella como si fuera la cosa más interesante del mundo.
Arena se acercó a nosotros, se colocó en medio del círculo que habíamos hecho, y se acurrucó en el suelo.
Zayn le tendió una barrita de queso.
-De esta marca... seis o siete. Creo que siete. Pero dependiendo de cómo tenga el día con seis ya estoy que no me conozco-se encogió de hombros.
Arena se flageló el lomo con una de sus largas orejas, deleitando a todos los que le estábamos observando. Niall sonrió y le acarició la nariz, cosa que encantó al animal.
-¿Qué es lo que menos aguantas?
-¿A qué tantas preguntas, Alba? ¿Planeas emborracharme y violarme?
-Simple curiosidad-me encogí de hombros.
-El whisky. Sí. Creo que el whisky. Mete unos viajes que alucinas-asintió con la cabeza.
-¿Cuántas botellas?
-¿¡Botellas!?-bramaron todos, todos salvo mi novio, el señor Toda mi vida tuve un riñón hasta ahora así que no pienso ponerme a beber a estas alturas.
-¿Acaso estás mal de la cabeza, hija de mi vida?-espetó Harry. Alcé las manos.
-No soy una alcohólica como vosotros, ¿sabéis?
Liam dejó escapar una risa sarcástica. Me giré a mirarlo. Ambos recordamos aquella noche del siete de julio, cuando Eri y Louis empezaron a salir, cuando yo me emborraché porque él pasaba de mí...
Y ahora estaba a solas con los cinco, algo que nunca antes podría haber soñado.
Mi mano se deslizó hasta la suya.
-Tres vasos. Dos si están bien llenos.
-Y la cerveza irlandesa, ya es un caso aparte-confió Niall. Louis lo señaló, inclinó la cabeza y sonrió.
-Es cierto. Eso sí es cerveza.
-¿Y tú, Alba? ¿Cuánto aguantas?-preguntó Zayn.
-Deberíais saberlo, me emborraché con vosotros-repliqué, jugueteando con la botella de Coca Cola.
-Pero sabemos poco de ti comparado con las otras dos. Casi nunca estás a solas con nosotros, es... como si nos tuvieras miedo.
-Es que tengo miedo de no controlarme con las cosas que hacéis y ponerme a hacer fangirling y traumatizaros.
-Vivimos con Niall, somos inmunes. De todas formas, es normal que nos tengas pánico, sobre todo a mí y a mis cosas guays.
-Sí, Louis-asentí, alzando el pulgar en su dirección-, es que tú me tienes loca. Me cuesta controlarme contigo cerca.
Se inclinó y me puso una mano en la rodilla.
Solo es Louis, no es Louis Tomlinson el de One Direction, sino simplemente Louis. Solo Louis. No Tomlinson. Solo Louis. Tomlinson no, el de One Direction menos. Solo Louis.
-Yo tampoco consigo controlarme contigo, niña-y me guiñó el ojo.
OH.
JE.
SU.
CRIS.
TO.
SOLO ES LOUIS, SOLO ES LOUIS.
Me eché a reír, histérica perdida.
-¿Y si desatamos la pasión?-me sugirió.
-¿Y tu novia?
-No se entera-hizo un gesto con la mano, quitándole hierro al asunto.
Las carcajadas de todos llenaron el ático, asustando a Arena.
-¿Nos pondríais los cuernos?-quise saber.
-NO-espetó Liam, cortante. Sonreí.
-¿Qué vas a decir con ella delante, so cabrón?
-¿Tommo?-le animó Harry, alzando una ceja-. La dama ha hecho una pregunta.
-¿Para qué? Si le hago a Eri y ella me hace a mí lo que nos da la gana. Con mantenerla a ella tengo bastante. Con una tengo de sobra.
-¿Hazza?-pinché yo. Harry estiró una mano en mi dirección.
-Ni que no me conocieras, Alba. Encantado, Harry Styles, para servirla, milady.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Liam BolitaDeBillar

Louis se revolvió en cuanto el despertador comenzó con su marcha fúnebre, protestando por ver interrumpido su sueño.
-Apaga esa mierda, nena-exigió desde el séptimo cielo en el que se encontraba, dándose la vuelta y tirando de la manta con él, dejándome vulnerable ante el frío aire de mi habitación.
Encendí la luz como buenamente pude y, con los ojos medio cerrados, di manotazos hasta que aquella monstruosidad con forma de Hello Kitty decidió sumirse en el silencio.
Sí, tenía un despertador de Hello Kitty. Me lo habían dado a los siete años.
Estaba esperando al 25 de diciembre para que Louis me comprara uno, porque la gatita ya no emitía su música como era debido; no eran acordes suaves de sabía Dios qué canción, sino simplemente una marcha que bien podía ser llevada a cabo por tubas ardiendo, fundiéndose entre sí...
Bufó, disfrutando del silencio, y yo me obligué a no echarme a reír a carcajada limpia.
No me dejó levantarme de la cama, en cuanto sintió que la presión que ejercía sobre el colchón se evaporaba conmigo, se giró rápidamente y me enganchó la cintura.
-¿A dónde coño vas?-gruñó, con su típico humor y vocabulario mañaneros, esto era: ponerse borde cada dos por tres (pero seguía siendo adorable) y soltar tres tacos en una oración de dos palabras.
-Al instituto-repliqué entre risas, dejando que tirara de mí hacia atrás y poniendo morritos mientras me besaba la mejilla.
Me miró.
-¿Tienes algún examen hoy?
No le pido a Eri que venga a Inglaterra no por falta de ganas, sino porque está estudiando, y no quiero ser una distracción para ella. Por eso solo la veréis por aquí los fines de semana. El resto del tiempo soy todo vuestro, recordé que había dicho en una entrevista cuando le preguntaron por mí, en una de las pocas ocasiones en las que accedió después de mucho insistirle los chicos en hablar de su vida privada, de su chica, con el mundo.
Me hacía gracia que fuera tan celoso de su intimidad en esas ocasiones, que contestara con monosílabos a preguntas referentes a su familia... y que atesorara cada momento que compartíamos, que me atesorara a mí, como si fuera los planos de la sede del MI6.
-No-balé cual ovejita, incorporándome y poniéndome de pie. Hizo pucheros.
-¿Y mañana?
-Mañana sí-susurré, pasándome una mano por el pelo y recogiendo mis zapatillas, que había tirado por ahí la noche anterior... sonreí cuando vi mis pantalones colgando precariamente del borde de la cama, amenazando seriamente con precipitarse al vacío en breves instantes.
Se estiró para acariciarme las piernas con manos cálidas, y pensé seriamente en entregarle mi cuerpo, a pesar de que no tenía tiempo.
Debía hacerme la estrecha para que me suplicara que me quedara con él.
Pero le había dicho que tenía exámenes, graso error.
Los Tomlinson me habían dicho que a Louis le había importado una mierda toda su vida los exámenes, pero los míos parecían tener una posición jerárquica desconocida para los otros.
Asintió con la cabeza y la dejó caer en la cama mientras yo lo observaba con los brazos cruzados. Se tapó con la manta, dejando solo un pequeño agujero por el que asomaba un ojo, y me eché a reír. Pero más me reí cuando murmuró:
-Soy un búfalo cavernario.
-¡AY LA MADRE QUE TE PARIÓ!-repliqué, negando con la cabeza y dejándome caer en la cama, muerta de risa. Me tapé el rostro con las manos y saltó hacia mí, tirándome la manta por encima y echándose sobre mi cuerpo pataleante.
Saqué la cabeza para respirar y nos quedamos mirando. No estaba demasiado cómoda, pues había dejado el cuello justo en la parte de madera de los pies de esta. Me sonrió.
-Hola.
-Hola, pantera albina.
Esta vez fue él quien se echó a reír.
-Eres boba.
-Por la mañana no rijo, ya lo sabes.
Me incorporé lo suficiente para besarle en los labios.
-¿De qué es el examen de mañana?-preguntó, curioso, supe de sobra por dónde quería llevarme. 
-De una lengua asquerosa.
-¿Alemán?
Negué con la cabeza.
-¿Noruego?
Me mordí el labio, volviendo a sacudir la cabeza. Estuve a punto de espetarle si de verdad tenía cara de dar Noruego en mi instituto, pero me contuve para que pudiera seguir divagando.
-¿Francés?
Le acaricié la mejilla y sonreí.
-¿Me estoy acercando?
-Sí.
-¿Andorrés?
-En Andorra hablan español y francés, retrasado-sonreí, y él se encogió de hombros.
-No he estado nunca en Andorra, ¿sabes?
Le mordisqueé el cuello mientras él seguía pensando.
-¿Español?
-Cielos, no.
-Me rindo.
Mis manos se habían enfriado, por lo que dio un brinco cuando le acaricié con la yema de los dedos el pecho. Me incorporé todavía un poco más, puse una mano en su mejilla y le susurré al oído:
-Inglés.
Sonrió, se me quedó mirando, me tomó rápidamente de las muñecas y me tiró contra el colchón, colocándose sobre mí.
-El inglés no es asqueroso.
-Los ingleses lo son-repliqué, burlona. Sonrió.
-¿Quieres vomitar?
-Vaya que si quiero-repliqué, sonriendo y dejando que me besara por todo el cuerpo. Llevó sus manos por mi cintura hasta la punta de mis pies mientras me besaba la cadera, justo sobre la gran L que me había pintado él la tarde anterior.
-¿Puedes quedarte en casa?
Fruncí el ceño un segundo, sin apartar la vista de su boca.
-Así practicamos.
-¿El qué?-inquirí, sonriendo, él me devolvió la sonrisa.
-Un poco de todo.
Se inclinó hacia mí y me besó suavemente en los labios. Después de varios minutos besándonos, lo miré a los ojos y le pedí que me dejara salir. Se quitó de encima de mí de mala gana y volvió a esconderse bajo las mantas.
-Voy a avisar al coronel de que me quedo en la base para continuar con el tratamiento del soldado Tomlinson-hice el saludo militar y él me lo devolvió.
-Gracias, enfermera López.
Alcé una ceja, divertida.
-¿Aún te acuerdas de cómo me apellido?
-No, pero me acuerdo de por qué te llamamos ELo, por JLo, y me acuerdo de cómo se apellida ella, y entonces asocio ideas.
-Joder, Lou-repliqué, negando con la cabeza.
-Mejor que preguntarte cuatro veces cómo te apellidas es, ¿no?
-Sí... si no me lo hubieras preguntado trece.
-Había muchas Erika López López en Facebook-gruñó, dándome la espalda-. No es culpa mía.
-Tardaste tres semanas en agregarme.
-¡Porque no te encontraba!
-Zayn me añadió a los diez minutos de conocernos.
-Porque Zayn es bueno encontrando gente- se encogió de hombros y dio un brinco cuando me apoyé en su hombro y le devolví el beso en la mejilla que antes me había dado.
-Estoy de broma.
-Cállate.
-¿No me das un beso?
-Mira a ver si coges frío-replicó, apartándome con el pie.
-¿Me rechazas?-me carcajeé-. ¿Quieres dormir en el sofá?
-¿Vas a estar tú?
-No.
-Entonces no.
Noté su sonrisa antes incluso de que se girara y poder confirmar su existencia.
-Tienes que reconocer que sé quedar bien.
-Eso es verdad-le concedí, saliendo de la habitación antes de que volviera a liarme para quedarme dentro otros diez minutos.
Entré en la de mis padres sin llamar, mamá había encendido la luz de su lámpara de noche mientras yo cruzaba el pasillo.
-¿Puedo quedarme en casa?
E imitó a Louis.
-¿Tienes exámenes?
-Tengo mañana.
-¿De qué?
-De inglés.
Estuve a punto de añadir que tenía un inglés en mi cama, y que me ayudaría a perfeccionar mi lengua (guiño) inglesa (guiño, guiño, sonrisa boba, huida haciendo la croqueta y golpe magistral con paraguas).
Papá abrió los ojos y nos miró a su mujer y a mí.
-¿Qué?
-Va a quedarse.
-¿Tienes exámenes?
-Louis me va a ayudar a repasar inglés. Lo tengo mañana.
No dijo nada más, dejó caer su cabeza sobre la almohada, como siempre, y se durmió.
Mamá se estiró a coger un libro de su mesilla, era evidente que no tenía el mismo horario de sueño que mi padre.
-¿Puedo preguntarte por qué ha venido? Porque es evidente que por la cara que me pusiste ayer cuando te dije que tenías visita y aún no sabías que era él, no fuiste tú quien la invitó.
-No sé si querrá que lo sepáis-me excusé. Mamá frunció el ceño, empujó las gafas sobre el puente de su nariz y ladró:
-Tal vez yo no quiera que te quedes con él y pierdas clase.
Bufé.
-Sus padres. Se van a divorciar.
Abrió mucho los ojos y se me quedó mirando, asintió con la cabeza.
-Es como Iván. Ya sabes. Sus cuatro hermanas son como yo con Iván.
Volvió a asentir.
-Y sabe que no ellas no tendrán la misma suerte que mi hermano o él, porque ellas son mayores. Se acordarán. Él no se acuerda.
-Tu hermano tampoco.
Me encogí de hombros.
-Está más hecho polvo por eso que por lo del divorcio.
Mamá torció los labios, contempló las líneas de su libro y asintió con la cabeza.
-Está bien. Puedes quedarte.
Me estaba yendo cuando me llamó, obligándome a dar un par de brincos y volver la cabeza.
-¿Necesita algo?
Arrugué la nariz y negué con la cabeza.
-Solo a mí. Y no pensar. Creo que eso es todo.
-Está en su casa.
-Ya se lo he dicho yo.
-Dile que perdone a tu padre. No lo traga.
-¿No me digas?-repliqué, sarcástica-. Ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta.
-No te pases, Erika.
-Perdón.
-No creo que le caiga mal, es solo que... entiéndenos. No estás casi nunca en casa, y cuando estás piensas en ellos.
-Ya-asentí, quería largarme de allí. Pasé las manos por la parte anterior a las rodillas de las piernas, arriba y abajo, arriba y abajo... y me sonrojé al recordar que no llevaba pantalones, y mi camiseta era la suya-. Sé que es envidia.
Si me tratarais mejor...
-Supongo que sientes las cosas más fuerte a tu edad. Disfruta de él. Parece buen chico.
-Qué capacidad de convicción tengo-sonreí, mi madre me imitó-. Pasa de ser un vivales alcohólico a un buen chico. Me gusta. Debería meterme a política.
-Adiós prestigio social.
-Hola pasta gansa. Sí señora. La política es lo mío. Miento que da gusto-asentí, me tiré de la camiseta y dejé escapar una suave risa.
-Lárgate, anda-replicó mamá, riendo entre dientes y depositando las gafas sobre su mesilla.
Me metí debajo de las mantas y me acurruqué contra él. Me pasó un brazo por la cintura y con la otra mano continuó mirando sus mensajes en el teléfono. Había sido buena idea la de intentar convencerlo de que lo encendiera y hablara con los chicos, ahora debatía felizmente con Liam sobre las maneras de derrocar el monopolio de la cuchara en la sopa.
-¿Cómo se come Liam el McFlurry?
Frunció el ceño, alzó la cabeza y contempló el cabecero de la cama. Por fin, me miró.
-¿De dónde sacas tú esas preguntas? En serio, me preocupas. Entre esta y la del otro día de: Oye, Louis, y las cigüeñas, ¿qué dicen cuando van a tener cigüeñitas? ¿Que les vienen los humanos?, tienes el cupo lleno.
-La del jueves por Skype fue mejor. ¿No te acuerdas de que te caíste de la silla de la risa?
-Ah, joder, tenía que haberla anotado-se pasó una mano por el pelo y negó con la cabeza-. ¿Cómo era?
-No me acuerdo ya.
-Tenemos que anotarlas. En serio. Deberíamos escribir un libro con nuestras tonterías. Sería como 50 sombras de Grey. Lo leería todo el mundo, aunque muchos dijeran que no lo hacen.
-Mamá no me deja leer 50 sombras de Grey-repliqué, haciendo sobresalir el labio inferior. Colocó su índice en él y lo movió rápidamente, haciendo temblar mi boca. Sonreí.
-Porque tu madre no sabe cómo te pervierto por las noches.
-¿Me lo regalas para Navidad?
-Sí, claro, como que vas a abrir ese libro delante de las gemelas. No me jodas, Eri-puso los ojos en blanco y yo le di un azote en el culo.
-¿Seguro?
-¡NO!-bramó.  Me faltó el Jimmy protested en esa frase, pero fue suficiente para recordarme a los vídeo diarios.
Comencé a mordisquearle el lóbulo de la oreja mientras él sonreía. No se apartó ni una sola vez, a pesar de que le estaba haciendo unas cosquillas infernales.
-Eres una cabrona por hacerme chantaje de esta manera.
-Imagínate la cantidad de cosas que puedo aprender. Cosas malas. Cosas que querré poner en práctica.
Se me quedó mirando.
-Vístete. Vamos a por esos libros ahora.
Sonreí, tiré de él y me senté a horcajadas sobre sí.
Me acarició las piernas desnudas y sonrió.
-Me encanta cuando haces eso.
Me incliné para besarle la boca mientras sus dedos seguían recorriéndome, activando la electricidad de mi interior, electricidad que bastaría para llenar la red de cableado del estado (el estado, no solo la ciudad, sino el estado) de Nueva York.
-¿Sabes lo que me encanta a mí?
-¿Cuanto te acaricio como ahora?
-Aparte de eso.
-¿Cuándo?
Le pasé una mano por el pelo y se echó a reír.
-¿Sabes lo que me pone? No-negué con la cabeza-, no lo sabes. Me destruyes, ¿me escuchas?, des-tru-yes los ovarios cada vez que haces eso. Cada puta vez. Porque pienso, joder, míralo, qué bueno está, Jesucristo Superestar.
Se rió con más ganas.
-Qué loca estás, nena.
-Ya lo sé-lo besé en la frente y me senté a su lado.
-Así que, ¿estoy bueno, eh?
-Que no se te suba a la cabeza.
-Es tarde.
-Dios, Louis, mírate al espejo. Mira a los demás. Incluso Liam BolitaDeBillar está bueno tal como está.
-¿Puedo decírselo?-dijo, sonriendo, mientras me sacudía el teléfono a la altura de los ojos.
-Díselo, díselo-le insté.
Volví a tumbarme a su lado solo para ver la procesión de JAJAJAJAJA que le envió Liam, Liam BolitaDeBillar.
-Ah, por cierto. Mi madre me ha dicho que perdones a mi padre por no aguantarte.
-En el fondo le entiendo-replicó él, haciendo dar vueltas a su teléfono después de despedirse de Liam, que iba a intentar dormir más, y bloquearlo.  Me miró y se encogió de hombros ante mi fruncimiento de ceño-. Quiero decir, ponte en su lugar. Imagínate lo que debe de ser que un extranjero gilipollas venga a quitarte a tu hija. Tu preciosa hija. Tu inocente hija.
-He captado la adoración que sientes hacia mi persona, amor. Adoración no compartida por tu suegro.
-Que tu padre es tonto ya lo sé yo de hace bastante tiempo. De cuando viniste corriendo a Inglaterra, ¿te acuerdas?
Asentí.
-Sí, ahí me di cuenta de que debías de ser demasiado lista para contraponer la gilipollez de tu padre-asintió con la cabeza, meneó la mandíbula y abrió mucho los ojos.
-¿Pasaremos el fin de año aquí?-pregunté. Se me quedó mirando.
-¿Por?
-Acabas de decir que no abriré el libro porno por excelencia delante de tus hermanas, lo que significa que en Navidad los dos estaremos en Doncaster.
Asintió.
-Supongo, ¿no quieres?
Me encogí de hombros.
-Tenemos que administrarnos el tiempo.
-Como es nuestro primer fin de año siendo ocho, seguramente hagamos algo especial.
-¿El 6 de enero es fiesta?
Negó con la cabeza.
-Vale. El 6 de enero venimos a España, y así veo a mi familia, ¿qué te parece?
-Que nos queda tiempo de sobra para hablarlo-se dejó caer en la cama, tomó aire y lo soltó montando un auténtico escándalo.
-¿Qué quieres para tu cumpleaños?
-No me empieces a estresar con que me hago mayor a una velocidad de vértigo, ¿vale, nena?
-Pero algo te tendré que buscar-repliqué, terca como una mula, como solo yo sabía serlo. Pasé la cabeza por su pecho y la apoyé en él; rápidamente me pasó un brazo por los hombros, contento de nuestro contacto.
-No quiero nada.
-Oh, ya lo creo que quieres algo.
-¿Por qué no entiendes que tal vez haya gente como tú con nuestro disco? Tal vez sea verdad que no quiera nada.
-Me sentiría muy mal escuchando Take Me Home antes que las demás fans-me excusé-. ¿Tú no harías lo mismo si te ofrecieran la oportunidad de escuchar un disco de Robbie un mes antes de...?
-Diría, ¡trae pa acá!, y me lo aprendería a los dos minutos. Así soy yo. Igual soy muy raro-me interrumpió rápidamente, besándome la mejilla-. Pero eso de que no quieres escucharla antes que las demás... es muy noble por tu parte.
-Total, la mitad las he leído, y la otra mitad no paráis de cantarlas a voces por casa.
Sonrió.
-Nunca es lo mismo que gritemos la letra o que las leas a que las oigas tal y como son.
-Prefiero esperar. Lo bueno se hace esperar.
Su sonrisa se ensanchó un poco más, asintió con la cabeza y contempló el reloj, cuyo segundero se alejaba irremediablemente de la hora en la que yo debía estar sentándome en mi mesa en el instituto, esperando impaciente la llegada de Alba y Noemí, chillando cuando las viera que faltaban tres días para regresar a Londres, y ellas sonreirían y chillarían que así era, y un profesor (normalmente la que me había dado Francés en segundo) metería la cabeza en clase y nos ordenaría cerrar la boca de una maldita vez.
Le coloqué la mano en la mandíbula y le obligué a mirarme.
-¿De qué te ríes?-inquirí, confundida y curiosa a la vez. Era impaciente, todo el mundo lo sabía, hasta las Directioners más despistadas conocían ese dato, especialmente por las veces en que en las Twitcams llamaba por teléfono y se ponía a bramar que dónde mierda lo metía la gente a los dos timbrazos.
Le había costado muchísimo aguantar el año que tuvo que esperar para volver a The X Factor, le había costado muchísimo estarse más o menos calmado aquellas 23 horas, se había devorado por dentro pensando aquí nos echan cuando el presentador tardaba demasiado en anunciar quién pasaría a la siguiente ronda en el concurso...
Por eso me extrañó tanto que se girara y sonriera cuando le dije que lo bueno se hacía esperar; me había descolocado por completo que no me diera un tortazo y me dijera que no fuese imbécil... bueno, lo del tortazo se omitía, Louis podría pegarles a las demás en caso de necesidad, pero dudaba muchísimo que se atreviera a levantarme la mano a mí.
-De que te estuve esperando 20 años, y vaya si eres buena-replicó, inclinándose hacia mí y besándome suavemente en los labios. Le acaricié la mejilla y sonreí.
-Oh. ¿Ves? Me destrozas por dentro. Adiós ovarios-gruñí, y él se echó a reír.
-Qué tonta eres, tía. Es una cosa demencial. Estoy empezando a preocuparme.
Nos reímos juntos, volvimos a besarnos y nos acurrucamos el uno contra el otro. Era demasiado temprano para desayunar (su reloj biológico le indicaba que era una hora menos, osea, las 7 y media, hora a la que nunca se levantaba).
Y seguimos así hasta que me sonaron las tripas, acostumbradas a un desayuno mucho más temprano. Mis padres aún no se habían levantado de la cama, cosa rara en ellos, cuando él y yo salimos de mi habitación.
Revolví en la cocina en busca de unas galletas mientras él se quedaba mirando la despensa, buscando sus eternos cruasanes, cruasanes que en mi casa no existían.
-¿Te frío un huevo?-espeté, echando leche en mi taza y revolviendo en la nevera con la esperanza de encontrar un poco de café para él.
Se encogió de hombros.
-No, déjalo, vamos a hacer demasiado ruido y despertar a tus padres.
Metí mi taza en el microondas y me lo quedé mirando.
-Te lo frío ahora.
-Si no sabes-se burló.
-Te importa una mierda despertar a mis padres, incluso te gustaría despertar a mi padre, reconócelo-ataqué yo. Se encogió de hombros y se echó a  reír.
-Ya oíste a mi madre ayer. Compórtate, Louis, ¡compórtate!-imitó a Jay, poniendo voz de mujer y llevándose las manos a las caderas. Le respondí con una de las mayores carcajadas, de las primeras del día.
Coloqué dos mantelitos en la mesa y le ordené sentarse.
-No tengo desayuno-se quejó.
-Ahora te preparo algo.
-No quiero que me prepares nada. Puedo hacérmelo yo, ¿sabes? Tengo los estudios necesarios-puso los ojos en blanco y negó con la cabeza, luego asintió, muy orgulloso de sí mismo-.Sí. Tengo estudios.
-Repetiste.
-Me lo vas a recordar hasta que me muera, ¿eh?-suspiró. Sonreí y me senté en sus rodillas.
-Sabes que lo digo con cariño... repetidor.
-Empollona.
Le revolví el pelo y él bufó un suave ¡para!, me levanté y recogí mi taza humeante. Una vez le eché el Cola Cao, me la llevé a los labios y contemplé cómo rompía un huevo y lo dejaba caer en la sartén con un arte y un estilo dignos del mejor cocinero español.
Se echó café en una taza, un poco de leche y lo introdujo en el microondas sin perder de vista su huevo.
-Tienes bacon en la nevera-le informé, soplando mi desayuno y haciendo que una nube blanquecina flotara por la cocina hasta desaparecer del todo, fusionada con el aire.
-¿Cómo voy a tener bacon?-espetó. Me encogí de hombros.
-A mí me gusta. Sí, lo sé, te parece rarísimo: yo comiendo algo que engorda tanto y que esté tan bueno como eso, abandonando por una vez mi dieta de conejo de la pradera-giré el anillo hasta colocar la pequeña cerradura en la posición correcta y lo estudié mientras masticaba un trozo de galleta.
-Con esto me arreglo.
-Te doy galletas. Bueno, solo una, que si te doy varias te las comes todas.
-Gracias, nena-replicó, irónico-. Eres taaan hospitalaria.
-Estoy de broma.
-El día que no estés de broma se acaba el mundo.
-El 21 de diciembre me pondré seria.
-¡Moriré con 20 años! ¡Sí, gracias, señor!-clamó al cielo, alzando los brazos y cayendo sobre sus rodillas.
-¡Aleluya señor! ¡Puedo andar!-bramé yo, poniendo acento afroamericano, recordando cuando lo había hecho una compañera en clase.
Louis se levantó, dejó caer su huevo en el plato y lo llevó hasta la mesa, donde yo terminaba de devorar mis galletas. Le acerqué la caja y él me sonrió, terminó abriendo la puerta de la nevera e introduciendo unas lonchas de bacon en la sartén, todavía caliente.
-Calla-me ordenó cuando vio mi sonrisa divertida y sarcástica al volver otra vez a por el plato y devolverlo a la mesa lleno.
-No tienes pan-murmuré, haciendo pucheros; él hizo un gesto para quitarle importancia.
-Nena: soy inglés. Puedo comer sin pan. Sé comer sin pan. No como otras.
Me quedé boquiabierta, mirándolo.
-¡Le dije a Liam que no hacía falta que caminara dos calles para cogerme un bollo por la mañana!-protesté.
-Estaba lloviendo-me recordó, pinchando con aburrimiento el huevo en su tenedor y llevándoselo a la boca-. A cántaros. Volvió empapado.
-¿Quieres que me suicide?
-No. Quiero verte sufrir. Mola.
-Te va el masoquismo, ¿eh?
Me dedicó una sonrisa pícara sobre su taza.
-No lo sabes tú bien, hija de mi vida.
Meneé la cuchara de un lado a otro mientras él daba buena cuenta de su comida, aburrida.
-Louis...
-¿Mm?
-¿Lo has probado alguna vez?
-¿El qué?-inclinó la cabeza hacia un lado y continuó rumiando su último trozo de bacon.
-El sado.
Frunció el ceño.
-¿Tengo cara de haber probado el sado alguna vez?
Me encogí de hombros.
-¿Te digo de qué tienes cara?
-¿Te digo de qué la tienes tú?
Volví a revolverle el pelo mientras llevaba los restos de mi comida al fregadero, ganándome un Me cago en mi madre, que dejes mi pelo tranquilo, hostia de recompensa.
Protestó fervientemente cuando le quité el plato; me obligó a amenazarle con clavarle el tenedor en la mano, a lo que respondió agachando la cabeza exactamente igual que lo hacía mi perro cuando le reñías y asintiendo lentamente. Le besé la mejilla y me llevé las cosas.
-No tienes que hacer eso.
-Tú lo haces en Doncaster.
-Porque soy un caballero-se hinchó cual pavo, muy digno.
-Yo soy buena anfitriona.
-En serio, Eri. No hace falta. Bastante estás haciendo con...
Llegué justo a tiempo de no dejarle empezar, coloqué mi índice en sus labios y negué con la cabeza.
-¿Con qué? ¿Metiéndote en mi cama? ¿Monopolizándote por completo? Por favor, Lou-puse los ojos en blanco y él me mordió el dedo-. Por favor. Sabes que me encanta tenerte en casa y ver cómo te da caña mi padre.
-Eres el demonio-farfulló con los ojos entrecerrados. Me apoyé en sus rodillas y musité:
-Puede ser.
Me incliné hacia su boca y nos besamos lentamente, él sonrió cuando escuchó el ruido de mis padres al levantarse.
Cuando nos separamos, me acarició suavemente la pierna y me dedicó una tierna sonrisa que me derritió por dentro. Tiré de él y nos metimos en la habitación de nuevo, no sin antes entrar en el baño a lavarnos los dientes y salpicarnos un poco (para él salpicarme un poco significaba hacer que mi pelo chorreara, literalmente), volviendo a tirarnos en la cama.
-¿Cuántas galletas has comido?
-Dos-contesté, asintiendo con la cabeza mientras me arrastraba sobre mi vientre para conseguir meterme debajo de la manta.
Vi cómo fruncía el ceño y asentía con seriedad.
-Suelo comerme una. A veces incluso no puedo con ella-me escudé, besándole el pecho. Él volvió a asentir, distraído, con la vista perdida, sumido en sus pensamientos, en cómo conseguiría convencerme de que debía comer más, que podía volver a ser una vaca y que él me seguiría queriendo, y ese largo etcétera de cosas que podía leer en sus ojos cuando miraba como miraba ahora la pantalla negra, apagada, de la televisión.
-No te enfades.
-No lo hago-se encogió de hombros-. Es que... me parece...-se giró para mirarme, volvió a encogerse de hombros mientras me acariciaba la espalda-... tan poco.
-Bueno, está claro que si me comparas con Nialler Irlandés Horan no como una mierda.
-Estás perdiendo el favor de Niall-se burló. Sonreí.
-¿Tan mal le parece?
Negó con la cabeza.
-Ha llegado a acostumbrarse, pero antes fue un palo para él.
Me incorporé en la cama y me lo quedé mirando, con el pelo todavía por la cara, pues aún no se me había ocurrido que peinarme sería una óptima idea.
-¿Antes?
Asintió, sonrió, acomodó la espalda en el cabecero de la cama y me acarició suavemente la mano que había colocado en su vientre, disfrutando de la dureza de este.
-Cuando dejaste de... ya sabes, comer... le rompiste el corazón a Niall.
-Os lo rompí a todos.
-Más a él.
-Niall ama a la comida. No le culpo por ello. Antes yo también era así. Pero él puede permitírselo, y yo no.
-Niall estaba enamorándose de ti-me espetó de repente, clavando los ojos en mí, estudiando mi reacción.
Me quedé helada, nadando en aquellos ojos grisáceos, ante los míos se volvieron total y absolutamente azules, perdieron la contaminación que había en los de Louis, las pequeñas nubes, y se tornaron brillantes, igual que los de mi irlandés favorito, mi único irlandés.
Recordé cómo le encanta que me sentara a la mesa y que compitiéramos por quién era capaz de comer tanto en tanto tiempo, recordé cómo le hacía gracia cuando yo soltaba el tenedor y bramaba que seguro que estaba tirando la comida fuera de su boca cuando yo no miraba, pues no era normal que alguien como él fuera capaz de meterse entre pecho y espalda tal cantidad de comida, recordé la cantidad de veces que me hice un sándwich y tuve que hacerle otro a él.
Recordé la primera vez que no probé bocado de mi comida, cuando aparté mi primer plato, y recordé cómo me miró.
Decepcionado.
Dolido.
Al principio había pensado que era porque rechazaba un plato, lo cual podía atribuírsele si tenías un mínimo conocimiento de él. Pero ahora todo encajaba.
No le había dolido que hubiera dejado de comer; aquello había sido secundario.
Le había dolido que eligiera alejarme de lo que a él más le gustaba de mí, de lo que amaba en silencio.
Pero yo quería a Louis. Es decir, les quería a todos, se podría decir incluso que estaba enamorada a mi manera de todos y cada uno de ellos, pero Louis siempre iba a tener un hueco especial en mi corazón.
Y, sin embargo, no concebía mi vida sin ninguno.
Y menos Niall.
Niall dejaría un agujero en mí, si algún día llegaba a marcharse, con el que no soportaría vivir.
Me imaginé saliendo con él, besándole a él, durmiendo con él, amándole a él...
Tal vez aún fuera virgen.
Tal vez mi padre lo soportara porque hablaba su idioma.
Tal vez me lo pasaría mucho mejor con alguien que se riera de todas mis bromas a con alguien que las mejoraba.
-Te amo a ti-le susurré a Louis, sacudiendo la cabeza, pues eso no importaba. Nada importaba.
Nadie podría nunca reemplazar a mi pequeño BooBear, nadie podría quitarle su sitio, el sitio que le pertenecía por nacimiento.
Ni siquiera Niall.
-Lo sé, pequeña. Lo sé-me besó la frente, yo me incorporé para que me besara los labios, deseo que cumplió sin tardar.
-¿Por qué no me lo dijisteis nunca?
-Porque no queríamos que te sintieras mal. Bastante tenías con la anorexia como para saber que habías fastidiado a Nialler.
-Me siento mal por él-confesé.
-Te sigue queriendo, tú tranquila. Ya no de ese modo, pero...
-¿Habrías hecho algo?-inquirí-. ¿Habrías intentado hacerle cambiar de parecer? ¿Habrías intentado ponernos uno contra el otro?
Meditó un momento.
-Niall es Niall-caviló. Tragué saliva.
Niall estaba por encima de mí.
-Pero tú eres tú. No sé qué habría hecho de no haber estado ya contigo. Pero tienes que entender que una vez te probé ya supe que no dejaría que nadie, ni siquiera uno de los demás, te apartara de mi lado.
Me apartó un mechón de pelo de la oreja y contempló mi sonrisa, pasó su pulgar por mi mentón, por mis labios, acariciándolos con una dulzura casi desconocida, y solo casi, en él.
-Tengo que darle más besos a Niall de vez en cuando. Le tengo abandonado.
-Nos tienes a todos abandonados-se burló Louis, estirándose para coger el teléfono.
-Tendríais que habérmelo dicho.
-Niall no iba a intentar nada contigo, no lo haría ni aun sabiendo que yo no iba a hacer nada por impedirlo, y lo sabes. Es demasiado bueno.
-¿Qué harías tú si tú fueras Nialler?
Suspiró.
-Sentarme a comer mientras veo La sirenita en español.
Puse los ojos en blanco.
-Va en serio, Lou.
-Lo mío también. Vale, en realidad no-me concedió. Se fue hundiendo poco a poco en la cama hasta quedar a mi misma altura, nos observó un par de segundos y se dio la vuelta para apoyarse sobre los codos. Comenzó a teclear salvajemente, esperando impaciente la respuesta de alguno de los chicos-. Creo que no intentaría quitarle la novia a ninguno de los chicos. Pero seguramente estaría de mal humor hasta que me llevaran por ahí de fiesta, ¿sabes? No sé... Miami, Ibiza... Una fiesta de esas que nunca olvidas.
-Tú estás de mal humor constantemente.
-No es mi puta culpa que me borren las partidas de Pro Evolution Soccer cada dos por tres, ¿sabes? ¿SABES LO QUE ME COSTÓ CONSEGUIR A CRISTIANO RONALDO?-bramó. Me eché a reír-. Venga, ahora en serio. No me lo tomaría como Niall, porque Niall es muy bueno.
-Es un santo.
-Es un santo irlandés. San Niall-rompió a reír a carcajadas, seguramente imaginándose a Niall con una toga, alzando las manos al cielo, y diciendo ¡Os bendigo a todos, hijos míos!
Terminó estirándose en la medida de lo posible para coger el ordenador, negándose en redondo a sacar el cuerpo de la cama, no fuera a ser que yo le quitara el sitio. Una vez consiguió su portátil, volvió a meterse rápidamente bajo la manta, abrió la tapa y observó la pantalla mientras se encendía. Me acurruqué contra él y le pregunté qué iba a hacer.
Me respondió que ver vídeos, pero no especificó cuáles. Tampoco me dejó incorporarme para leer, sino que me ordenó que estuviera quieta en mi sitio; no tuve más remedio que obedecer.
Mientras intentábamos conectarnos a Internet, el móvil le vibró. Se estiró para alcanzarlo, sonrió, tecleó varias veces, y tamborileó con los dedos en el teclado del ordenador, esperando respuesta.
Soltó una risa sarcástica al recibirla, negó con la cabeza.
-¿Qué?-inquirí, curiosa. No había nada peor que no saber de qué hablaba alguien a quien tenías al lado... y menos cuando ese alguien se reía.
Negó con la cabeza, susurró nada.
-¿Con quién hablas?-vale, si estaba intentando picarme todavía más la curiosidad, estaba consiguiéndolo.
-Con Liam.
Me puso una mano ne el muslo y me mordí el labio, mirando esa fuente de corrientes eléctricas, dulzura y placer a partes iguales.
-¿Estás bien?
Asentí.
-Guay, Liam preguntaba por ti-se explicó. Se apresuró a teclear en la pantalla de su teléfono ferozmente. Yo me incliné hacia él y le mordisqueé el lóbulo de la oreja.
Ahora Niall estaba bien, seguramente ya le hubiera echado el ojo a alguna otra chica, tenía chicas de sobras para elegir, así que, ¿por qué preocuparse de mi irlandés? Las cosas habían pasado hacía meses, la herida se había cerrado, había cicatrizado, la cicatriz había  desaparecido hacía mucho tiempo.
-Lou...
-Mm-gimió, cerrando los ojos, disfrutando de mis labios, especialmente cuando llegué hacia el punto en el que su mandíbula desaparecía en su cuello, bajo su oreja.
-No quería que apartaras la mano.
Sonrió, me miró, estudió mis labios, y terminó buscando mi boca. Suspiramos a la vez cuando nuestras lenguas se persiguieron, como siempre hacíamos.
Noté cómo me sonrojaba cuando buscó el vídeo que nos habían hecho cuando cantamos en el hospital. Sonrió, me besó la cabeza cuando me vimos abriendo la  boca al ponerse él mismo a rapear Starships, me eché a reír con la yo de mi vídeo cuando me lanzó la gorra que había pedido prestada del público; canturreamos a la vez la versión de Toxic del reparto de Glee, y nos besamos cuando ambos nos pusimos rojos al preguntarnos una chica si podíamos cantar Valerie, guiñarnos un ojo y soltar:
-He oído que es especial para cierta parejita.
El Louis del hospital se pasó una mano por el pelo, mientras el Louis que estaba en mi cama acercó su deliciosa boca a mi oído y susurró:
-Pam. Adiós ovarios.
Me eché a reír, le miré por el rabillo del ojo y musité:
-Estás fatal de la cabeza, Tommo.
Sonrió y me mordisqueó el lóbulo de la oreja.
-Defectos de fabricación. Ya sabes.
Asentí con la cabeza y me giré. Contemplamos nuestros rostros, el suyo un poco ensombrecido al estar de espaldas a la luz, pero, aun así, pude nadar en aquel mar azul que tenía en sus ojos. Me mordí el labio inferior, él suspiró, se inclinó hacia mí y posó sus labios lentamente en los míos.
En el vídeo, nos pidieron que cantáramos Don't wake me up.
Acaricié su cuello con la yema de los dedos.
-Si esto es un sueño, no me despiertes.
-No es un sueño-replicó él.
-No me despiertes, entonces-musité.
Seguimos besándonos despacio, como si fuéramos a rompernos, mientras la lluvia llenaba la habitación con su suave sonido.
-Me encanta el sonido de la lluvia-le confié. Se dio la vuelta, miró por la ventana las gotas que se escurrían en una carrera incomprensible por los cristales, las que se precipitaban directamente contra el suelo, azotándolo como pequeñas bombas, asintió con la cabeza y se estremeció cuando le besé el cuello, deseando no salir de mi cama, deseando poder quedarnos horas, días, semanas, meses y años allí dentro, ajenos de todo y de todos, sin que nada nos hiciera daño. Nos protegeríamos con un escudo como el de Bella en Amanecer, nada nos afectaría. Solo saldríamos de aquella nube de calma para coger víveres o ir al baño, tal vez, disfrutar allí también de un remanso de paz.
Se giró para mirarme, sus ojos brillaban.
-Tengo una idea.
-Oh, Dios-repliqué yo. Soltó una risita sarcástica.
-¿Qué?
-No sé si quiero oírla.
-No vas a oírla. Mis ideas se sienten-¿me había alzado las cejas en actitud sugerente? No pude procesar la información, pues volvió a abalanzarse sobre mí. Dejó el portátil en el suelo mientras metía sus manos bajo mi ropa, explorando mi piel cálida con sus manos no tan cálidas.
Me estremecí cuando sentí cómo tiraba de mi camiseta hacia arriba. Se libró de ella y me besó el pecho desnudo.
Uno de mis padres, o probablemente incluso los dos, abrió uno de los cajones de la cocina en busca de una cucharilla.
Una cosa era acostarnos mientras veían la tele, con un pasillo y puertas cerradas de por medio, y otra hacerlo mientras desayunaban, sin otra distracción que la lluvia.
-Louis...
Alzó la cabeza y me miró. Sonrió, y dejó de importarme todo.
Que entren. Que nos encuentren. Que nos echen.
Tenía un deje de cazador en su mirada que apenas había visto antes, un deje de cazador mezclado con algo travieso que no logré identificar.
Subió lentamente hasta tener su cara frente a la mía, sus ojos abrasando mi alma, sus labios quemando los míos con su aliento. Cerré los ojos y esperé a que me besara; en lugar de hacerlo donde yo lo esperaba, llevó su boca hasta mi oído.
Me acarició despacio un seno mientras susurraba:
-Vamos a rememorar algo.
Abrí los ojos y lo miré.
-¿El qué?
Se dedicó a besarme el cuello, a mordisquearlo, a volverme loca. Creí que no me había oído, pues tardó casi cinco minutos en llegar hasta mi clavícula, y no fue hasta entonces cuando replicó:
-Ya lo verás.
Se libró de mis pantalones mientras yo no dejaba de estremecerme por su contacto. Acarició lentamente mis piernas, bajó hasta mis muslos y me besó el ombligo cuando comenzó a tirar del elástico de mis bragas.
Oh, por favor, ¿tienes que torturarme tanto?, pensé para mis adentros, mordiéndome el labio inferior para reprimir un gemido.
Arqueé la espalda y sonrió, sabedor de que me tenía exactamente donde él tenía. Exhibió sus blancos dientes, victorioso, y me soltó:
-Tendrás que armarte de paciencia esta semana, Eri. Vas a necesitarla.
Supe lo que se proponía en cuando su boca comenzó a bajar de mi ombligo, incluso antes de tenerlo en el centro de mí, jugando conmigo.
Enredé mis manos en su pelo mientras por mi cabeza solo pasaba una frase.
Louis es mío.
Vaya si lo era.

Tiré de la camiseta de rayas, la camiseta de rayas más mítica de toda la historia de las camisetas de rayas, alcé la cabeza y lo miré. Se las había arreglado para encontrarla como si la llevara siempre a buen recaudo, siempre a mano, sabedor de que adoraba esta camiseta por su valor sentimental: era la camiseta por excelencia de Louis, era la camiseta típica de los conciertos... y era la camiseta que llevaba puesta la primera vez, la única primera vez, que lo vi.
Me acomodé un poco más contra su pecho, suspiré, me besó la cabeza y cerró un poco más su brazo sobre mis hombros, pegándome a él. Habíamos estado hablando con Lottie un rato por Skype, pero ella se había excusado diciendo que su hora de estudio libre en la universidad se estaba acabando. Sus otras hermanas tenían clase, así que no había ninguna posibilidad de que él pudiera hablar con ellas.
Sabía que necesitaba verlas, decirles que estaba bien, ver si ellas estaban bien... como un león con su manada, Louis cuidaba de sus hermanas como si de sus propias hijas se trataran.
Estiró el brazo que me rodeaba para coger el cable USB que había en mi mesilla, echa un desastre elevado al cuadrado debido a su mera presencia. Lo conectó con su móvil y lo enchufó en el portátil.
-¿Vas a subir las fotos?-pregunté, divertida. Las Directioners me comerían viva cuando vieran aquellas fotos, pasaría de ser la novia de nuestro querido BooBear a la zorra que está coaccionando a BooBear.
-Puede. Pero hoy no. Que entonces se arma buena. Se supone que estoy convaleciente en casa-hizo el típico gesto de las comillas y yo asentí con la cabeza-. Se cabrearán.
No las Directioners, no los de arriba, sino alguien muy superior. Muchísimo más superior.
Los mánagers.
Se suponía que tendría que estar preparándose para la pequeña gira Europea que los chicos tenían planeada, y no en mi casa, en mi cama, conmigo. No.
Pero, sin embargo, así era. Y subir fotos que demostraban lo contrario de una forma tan evidente sería como tirarles un petardo dentro de casa. La mayor de las provocaciones.
-¿Me las mandas por correo?-inquirí. Sonrió.
-Iba a colgarlas en Facebook y a ponerlas privadas, pero si quieres...
-Facebook está bien-espeté, controlando mis ganas de ponerme a chillar de alegría. A él me importaban un carajo los mánagers, estaba claro. Yo era la loca histérica por las reglas, él, el conejito (¿lo pillas, El? Por que le gustan las zanahorias) libre que se las saltaba todas y cada una, sin dejar una sin quebrantar.
Harry estaba conectado al chat de la red social, y nos empezó a bombardear a mensajes en cuanto nos conectamos.
-¡ROMEO! ¡JULIETA! ¡CUÁN LARGA HA SIDO LA ESPERA, DICHOSOS LOS OJOS!
-¡Bienaventurada mi vista, mi amado Harold! ¡Bien hallado seas! ¡Qué gran gozo poder saber de tu presencia!-escribí yo, mientras Louis sonreía.
-Vos y vuestro delicioso vocabulario, milady. Dios os acoja en su gloria en años más bien lejanos.
-Dios te oiga y la rueda de la Fortuna gire siempe para tu disfrute y alegría, querido.
-Venga, Edad Media aparte. ¿Qué tal, gente?
-No nos quejamos, no de momento. Ya verás cuando ella lleve un par de días conmigo en plan depresivo, estará deseando que me vengáis a buscar.
-Molan las fotos.
-Gracias.
-Se nota un huevo que son en la cama, por eso molan.
-Cállate, no se ve nada.
-¿Cuál va a ser la foto de perfil?
Louis y yo nos miramos, y los dos señalamos la misma. Colocamos los dedos en la pantalla, señalando la foto en la que nos estábamos besando con los ojos cerrados, y nos echamos a reír.
Las demás tenían algo divertido; los dos haciendo muecas raras, uno besando al otro en la mejilla mientras le otro o sonreía o ponía una cara divertida... pero nada comparado con la del beso.
La primera foto que yo tenía besándome con alguien, según podía recordar.
Me pareció muy extraño no haberme hecho ninguna con él, haber tardado más de tres meses para la primera.
-La del beso.
-Les doy a me gusta como un ninja. ¡Fuosh!
-Estás fatal, Hazza.
-Lo sé.
-¿Qué tal todo por casa?
-Bien. Ya nos hemos levantado. Estoy esperando a que sean las 10 para hablar con la jefa, ya sabes.
Sonreí.
-¿Cómo? ¿Harry Styles, pendiente de una dama?
-Irónico, ¿verdad? El amor, que atonta a uno.
-Estás perdiendo facultades, macho.
-No lo dudéis ni un segundo.
-Vamos a ir marchándonos, ¿vale?
-Vale, yo estoy por ahí, en todas partes y en ninguna. Os vigilo. A ver qué hacéis.
-Eres subnormal-espetó Louis-. Me estoy riendo, te lo digo porque no puedes verlo.
-Yo sonrió.
-Me alegra ver que puedo hacerte sonreír.
-Siempre.
-Hasta luego, Hazza.
-Adiós, Louisiana.
-Eres un hijo de puta.
-Me amas.
-No te lo creas mucho.
-JAJAJA. Adiós, Eri.
Un pequeño lacasito sonriendo y un corazón.
-Luego hablamos, Rizos. ♥
Nos desconectamos y nos estiramos.
Eran las 10:59, y aún no habíamos salido de la cama, cuando mi teléfono se puso a rugir como un condenado.
Me estiré para recogerlo, confundida, pues a mí casi nunca me llamaban, y menos cuando estaba acompañada por uno de los chicos, y miré la pantalla, que rezaba Noemí con una seriedad digna de una película de espías.
-¿Sí?
-¿Por qué no has venido a clase, puta? He tenido que mentirle a la jefa de estudios por tu puñetera culpa, zorra de los cojones-ladró Noe, con las carcajadas de Alba de fondo.
-Tengo a Louis en casa-me expliqué en español, él suspiró y se dejó caer contra la almohada, pues había visto que quien llamaba era mi amiga y no entendía por qué tenía que hablar de él en español.
-¿QUÉ?-gritó Alba por detrás. Noté la sonrisa maliciosa de Noe en su voz.
-¿Te hemos jodido el polvo?
-No, ya me jodisteis bastantes en su día.
-¿Estáis en la cama?-me acribilló la pequeña.
-¿Está desnudo?
-¿Estás desnuda tú?
-¿Os estáis acurrucando el uno contra el otro?
-Voy a colgaros, porque esto se está pareciendo terriblemente a una línea erótica.
Protestaron a gritos que no se me ocurriera.
-Luego hablamos, ¿eh? Luego hablamos, no me estreséis más.
Gruñeron una respuesta y saludaron a Louis a voces, él les devolvió el saludo, y colgué.
Nos arrastramos fuera de la cama, y fuimos a la cocina, donde me dediqué a hacer deberes que tenía pendientes.
Mientras me afanaba con mis deberes de álgebra, él estiró la mano en dirección a la agenda.
-¿Puedo?
-Claro-le concedí, sin apenas prestarle atención, tan concentrada estaba en colocar los paréntesis necesarios en mi calculadora para comprobar si 2 era la solución correcta a la ecuación.
No lo era.
Gruñí por lo bajo mientras él pasaba las páginas, estudiando las tonterías que había anotado en mi pequeña confidente.
Ya la primera página prometía.
Eri Lautner Tomlinson, cuya casa se encuentra entre Los Ángeles, California, y Doncaster, Inglaterra, es la dueña de esta agenda. Su teléfono es 69697076969, asiste al instituto Carreño Miranda de Avilés, situado sobre las nubes del parque, tiene alergia a la tontería, y en caso de accidente desea que se llame a una ambulancia, de domicilio el hospital, teléfono 112 extensión del hospital.
Había negado con la cabeza y se había mordido el labio, divertido.
-Sé que son gilipolleces, pero es que me aburro en clase.
-¿Por qué te pones primero el apellido de Taylor y luego el mío? Deberías haberlo escrito al revés-se limitó a protestar él.
No le preocupaba que su novia fuese imbécil. Le preocupaba que su novia no supiera ordenar correctamente sus apellidos.
Deslizó la agenda hasta hacerla chocar con mi codo y tamborileó con los dedos en el apartado donde anotaba los exámenes y las notas.
-¿Qué-mierda-es-esto?-gruñó. Su índice apuñalaba un 8 raspado que había sacado en un test de economía.
-Me salió de puta pena ese examen-me limité a decir.
Me dio varias bofetadas, al menos en su mente.
-¿Que QUÉ? ¿Un puto ocho, y te sale de puta pena? Oh, sí, Eri. Eres tonta perdida. Ya no te quiero de lo tonta que eres. Un ocho, ¡DIOS MÍO! ¡ERES UNA REPETIDORA!
Alcé una ceja.
-¿Qué pasa?
-¿Cómo tienes estas notas, hija de mi vida?-espetó, señalando el festival de nueves salpicados de algún que otro diez.
Me encogí de hombros.
-Empollona-me provocó, quería una respuesta, y la quería en ese preciso instante.
Alcé una ceja.
-Retiraos, mi señor, os buscaré un caballo-comencé a recitar. Se me quedó mirando, concentrado-. Esclavo, he puesto mi vida en el campo, y soportaré el riesgo de la muerte. Creo que serán 6 Richmond en batalla, pero a cinco en este día yo he dado muerte. ¡Un caballo!-sonrió y musitó con los labios, a la vez que yo-, ¡un caballo! ¡Mi reino por un caballo!
Asintió con la cabeza.
-Pero, ¿cuántas veces has visto eso?
-Dame cualquier texto, dame cinco minutos, y te lo recitaré de memoria.
Así lo hizo, buscó con el móvil un fragmento de una obra de Shakespeare, cronometró cinco minutos y, al transcurrir estos, me arrebató el móvil.
Leí la imagen de mi memoria, sin olvidar una sola coma, para gran asombro de él.
Le dediqué una sonrisa victoriosa.
-¿Lo habías leído alguna vez?
Negué con la cabeza.
-Ahora te respondo. Querías saber cuántas veces vi Ricardo III, ¿verdad?
Asintió.
-La primera vez que lo vi, Kevin Spacey hacía el papel del rey. Fue en el teatro de mi ciudad, en una de las pocas actuaciones que hubo aquí, la única villa con el privilegio de tener esa obra representada.
Me miró con los ojos entrecerrados.
-La primera vez habló con nosotros después de terminar, y esas cosas. Fue la primera vez que escuché esas palabras.
Me eché el pelo hacia atrás, disfrutando de toda su atención.
-También fue la última. La primera vez que escuché a alguien recitar a Shakespeare, Kevin Spacey, también fue la última. Fue la única.
-¿Hace cuanto?
-Hace más de un año.
Asintió con la cabeza, pensativo.
-Quiero tu memoria.
Me eché a reír.
-¿Para qué? Yo tengo memoria. Pero tú tienes swag.
Y nos echamos a reír.